En momentos en que se habla del golpazo en taquilla de Digger (2026), la apuesta oscarizable de Alejandro G. Iñárritu con un Tom Cruise transformado por completo, Verity consiguió todo lo contrario: un éxito contundente en las salas del mundo a fuerza de la adaptación inofensiva de un best seller erótico. Todo en el mismo fin de semana.
En sus primeros días en cartel, la película con Anne Hathaway recaudó unos 32 millones de dólares en Estados Unidos y unos 62 a nivel global, sobre un costo de producción en torno a los 40 millones.
Para tener una escala de la recepción de ambos films, estrenados el mismo día, Digger obtuvo unos 6,8 millones en Estados Unidos (8 si se suma Canadá) y cerca de 20 millones alrededor del mundo, con un presupuesto de entre 160 y 180 millones de dólares.

Son números que, mirados fríamente, tienen toda la coherencia y hablan más del público que de las propias películas. Mientras Digger intenta trazar una “sátira de las sátiras” y pontificar sobre el estado del mundo y la sociedad, Verity se ofrece como un thriller genérico que reúne los elementos necesarios para dar a la audiencia una noche de entretenimiento y poco más.
Los sospechosos de siempre
Dirigido por Michael Showalter, este film de suspenso psicológico protagonizado por Hathaway, Dakota Johnson y Josh Hartnett es una adaptación de la novela homónima publicada por la autora Colleen Hoover en 2018. Un best seller que, visto lo visto, replicó ese éxito en la gran pantalla.
En la misma línea de thrillers eróticos como Cincuenta sombras de Grey (2015) y derivados, Verity sigue las desventuras psicológicas de Lowen Ashleigh (Johnson), una escritora novata contratada como ghost writer para finalizar una exitosa saga de libros de la autora Verity Crawford (Hathaway), que vive recluida en Vermont y se encuentra imposibilitada.

Una vez instalada allí, la protagonista descubrirá qué pasó realmente con Verity y se enredará en una historia de amor secreto con Jeremy (Hartnett), el misterioso esposo de la artista. Desde ese momento, nada será lo que parece.
Si bien ese planteo argumental podría haber llevado al film al terreno estético de los thrillers de los ‘90, aquellos que llenaban las salas de cine y los hogares con videocasetera y televisión por cable, el montaje edulcorado lo transforma finalmente en un producto artificial más cercano a un videoclip que a una película.
Quizás haya influido el hecho de que Amazon MGM fue la productora y encargada de la distribución en Estados Unidos: la película parece haber sido concebida para el consumo en plataformas. Tiene sus cortes con música, sus descansos varios, sus desconexiones con el misterio que pretende contar.

Ser o no ser
Ni siquiera los actores lucen del todo cómodos: Hathaway, que viene de cerrar un año apabullante con El diablo viste a la moda 2, La odisea y El final de la calle Oak, está visiblemente desperdiciada, aún pese a que la campaña promocional del film se posa sobre ella (y bien que lo hace).
Y Dakota Johnson –que también fue protagonista de aquel fenómeno dosmilero de Cincuenta sombras de Grey– hace lo que puede (que parece poco) para llevar el peso de escenas de hondo dramatismo que bien hubieran requerido una revisión. Lejos está la actriz de la que hasta ahora fue su mejor incursión en el cine de género: la magnética versión de Suspiria (2018) de Luca Guadagnino.
Hoy Verity parece más destinada a ser carne de memes que a otra cosa. Pero es un éxito arrollador –acaso inesperado, a juzgar por los números de su primer fin de semana– y los éxitos no se discuten. Quizás incluso hasta tenga su secuela.
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