Dudas existenciales

Beef – Temporada 2: Qué esconde la nueva propuesta de Netflix y A24

Producida por a24, con Oscar Isaac y Carey Mulligan como protagonistas, esta temporada presenta una nueva historia. ¿Qué temáticas aborda?

por | Abr 21, 2026

El director coreano Lee Sung Jin regresa a Netflix con Beef (2023-), traducida con mucho acierto en Latinoamérica como “Bronca”. Originalmente presentada como una miniserie, la producción retomó la apuesta con una segunda temporada que explora temáticas como la tensión en las clases sociales, la corrupción, la identidad y los vínculos.

La primera temporada, protagonizada por Steve Yeun (The Walking Dead, Invincible) y Ali Wong (Baby Cobra) cosechó varios premios tras su lanzamiento: 5 Emmy, 3 Golden Globes y 4 Critics Choice Awards, obteniendo entre ellos el reconocimiento en la categoría Mejor Miniserie o Serie Limitada. 

El nuevo reparto lo encabezan Oscar Isaac (Frankenstein, Ex-Machina), Carey Mulligan (Promising Young Woman, Drive), Cailee Spaeny (Priscilla, Civil War) y Charles Melton (Riverdale, May December).

Carey Mulligan, Oscar Isaac, Cailee Spaney y Charles Melton, protagonistas de Beef, temporada 2.

CÓMPLICES Y ADVERSARIOS

Beef se caracteriza por tener una trama que escala vertiginosamente, como un dominó organizado que empieza a caer, llevándose puestas las piezas de un recorrido perfecto.

En esta nueva entrega, la historia da el puntapié al desastre con Ashley (Cailee Spaney) y Austin (Charles Melton), una joven pareja que decide amenazar a sus jefes con exponerlos luego de descubrirlos en una acalorada discusión. Los chantajeados son Josh (Oscar Isaac) y Lindsay (Carey Mulligan), un matrimonio consolidado a cargo de un exclusivo club de golf de Montecito, en donde el poder y las apariencias son parte de la dinámica diaria.

La subtrama paralela introduce al elenco coreano que completa la serie, encargado de complejizar lo que, a priori, parece una propuesta dedicada a explorar derivas sobre el amor, los proyectos y la estabilidad en distintos estadios de la adultez. 

Entran en juego personajes como el Dr. Kim, encarnado por Song Kang-ho, a quien recordaremos por protagonizar la excelsa Parasite (2019), y la presidenta Park interpretada por Youn Yuh-jung, la abuela entrañable de Minari (2020). Ambos aportan a Beef una cuota de elegancia y sentido del humor.

una anticipación simbólica

Los episodios comienzan con un cold open que luego es interrumpido de manera abrupta por una imagen fija que presenta el nombre de la serie y el título del capítulo. Una ilustración disruptiva que completa su sentido con citas literarias, de cineastas, pensadores y filósofos. De manera puntillosamente seleccionada, la presentación conforma una pista que condensa el corazón de cada entrega.

En la primera temporada encontramos citas de Werner Herzog, Franz Kafka y Carl Jung, entre otros. El hilo conductor en el factor visual es que cada una de las ilustraciones fueron creadas por el artista y muralista David Choe, quien también interpreta a Isaac, el problemático primo de Danny (Steve Yeun)

“Las edades y la muerte”, de Hans Baldung Grien, con una cita de la psicóloga británica Lynne Segal.

Para la nueva temporada hay un cambio de eje: lo que vemos son pinturas, en general renacentistas o barrocas europeas. Estas abarrotadas obras operan a modo de resumen simbólico de lo que están a punto de experimentar los personajes y tienen el suficiente impacto y complejidad como para que desentramarlos sea un juego paralelo para el espectador.

La lista de títulos incluye citas a intelectuales contemporáneos así como a poetas y escritoras del siglo pasado, con frases que insinúan vínculos con el deseo, la incertidumbre, el poder y la fragilidad. Algunas de estas sugerentes elecciones: “Todas las cosas que nunca vamos a tener”, “La creciente fragilidad de cualquier certeza sobre el futuro” y “El costo de querer más”. Introducciones que son una invitación a pausar el visionado para encontrar las migajas en el bosque bucólico de los símbolos.

Como hormiguitas

Al hablar de representaciones simbólicas, pistas y caminos, hay otro elemento que Beef introduce de manera muy sutil. Un experimento sencillo es este: si googleamos el nombre de la serie, a secas, una fila de hormigas atraviesa la pantalla rápidamente.

La sugerencia viene desde el póster de la segunda temporada, una propuesta minimalista en la que vemos una mano interrumpir una fila de estos insectos posando el dedo mortalmente sobre uno de ellos. El desarrollo visual de la promoción de esta nueva temporada también conforma un homenaje al poster de Barry Lyndon (1975), de Stanley Kubrick.

Las hormigas como símbolo atraviesan toda la temporada e incluso se cuelan en la trama, en la primera temporada con mucha más presencia que en la segunda. En la nueva, son una metáfora con los comportamientos de los personajes, sus psiquis y los enfrentamientos que enfrentarán a lo largo de los capítulos.

Las hormigas como grupo organizado pero también jerarquizado, tan débiles como para ser eliminadas como fuertes para colarse cual plaga silenciosa en los escenarios más indeseados. Las hormigas como el orden y el caos. Las hormigas como una sociedad envidiable pero potencialmente frágil.

TODO EL (MALDITO) SISTEMA ESTÁ MAL

En el entramado de jerarquías, orden y poder, este hormiguero revela sus grietas. La clase social, el arte de pertenecer o aparentar, se presenta como uno de los hilos conductores. Pingponeamos entre el impoluto club de campo y lo que vemos puertas adentro, en donde los personajes cargan con el peso de enfrentarse a profundas crisis personales. Un aspecto que podría guardar relación estilística con series como The White Lotus (HBO).

No son los únicos contrapuntos que propone. Las posibilidades de salir airoso frente a un contratiempo resultarán, naturalmente, más tangibles para aquellos que gocen de poder. Y la aspiración al ascenso social será el faro para quienes no lo tengan garantizado.

La serie cuestiona problemáticas como el acceso a los sistemas de salud, los peligros de los estándares de belleza, el beneficio de tener influencia y el poder del dinero. La contraparte es una estrategia de supervivencia: descubrir el talón de Aquiles de aquellos con más posibilidades de pisarnos como a una hormiga.

la ilusión de trascender

Como aparente refugio ante estos embates, el discurso apela a la unión. Beef presenta un elenco diverso que juega a trazar líneas entre California y Seúl. Las raíces, lo reconocible, las barreras idiomáticas, la idiosincrasia son factores que estarán muy presentes a lo largo de toda la temporada. La pregunta por la identidad construida, lógicamente, en respuesta a la otredad. 

De la misma manera que será la puja por abrazar la pertenencia en términos más amplios, estará resistir desde los dúos dinámicos: el querer como combustible. La serie propone reflexiones entre el amor joven y el amor maduro, sus alcances y limitaciones. Sin embargo, esta premisa, como todo en Beef, es algo engañosa. Detrás de esos aparentes oasis esconde las más crudas individualidades que los protagonistas se retuercen por disimular (y entender).

Personajes maniqueos hay pocos, y son rápidamente reconocibles. Lo bueno y lo malo se hace presente burdamente pero en la mayoría de los casos ese factor es más enrevesado. Muchos otros, en su afán de prosperar frente a sus crisis identitarias y con ánimos de salir a flote frente al desamparo, revelan una esperada complejidad. Son cuestionables, egoístas, están llenos de traumas, hacen y deshacen desafiando los límites de la moralidad. En Beef, con una montaña rusa de acontecimientos, asistimos a un espectáculo esencialmente humano.  

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