La serie The Walking Dead está llegando a su final con la temporada número once, pero no es ni de cerca una de las series más extensas en el panorama televisivo. Tenemos otras como The Simpsons que va por su temporada treinta y dos, Grey’s Anatomy con dieciséis y Supernatural, que terminó con quince. Incluso series como Law and Order y su spin-off Special Victims Unit cuentan veinte y veintiuna, respectivamente. ¿Existe alguien que haya visto todas las temporadas de una serie tan longeva?

Pero ninguna tuvo el éxito arrollador que la creación de Robert Kirkman y Frank Darabont llegó a tener, siendo uno de los caballitos de batalla de AMC y llegando a más de diez millones de televidentes en Estados Unidos los días de estrenotexa. Sin contar las audiencias alrededor del mundo, pendientes de los destinos de Rick Grimes y su familia en la guerra contra los zombies y contra el resto de (lo que queda de) la humanidad. Supo ser una de las series más buscadas en Google, con más número de interacciones en redes sociales y -por supuesto- una de las más buscadas en los sitios de descarga no legal.

Un verdadero fenómeno cultural, más allá de las discusiones sobre su calidad, que puso a los géneros de fantasía y terror de nuevo en lo más alto de la consideración del público masivo. Pero con el correr de las temporadas su estrella se fue apagando y los números para el estreno de sus últimos episodios no son ni de cerca lo que fueron. Sin contar el cambio de paradigma que venimos experimentando con la transición de TV por cable a servicios de streaming, pero esa es una discusión para otro momento. Al mundo ya no le interesa lo que pasará con The Walking Dead y la serie principal (que dio origen a dos spin-off televisivos y dos series web) se termina con la temporada número once. Esta contará con veinticuatro episodios, a estrenarse en tres tandas de ocho, llegando hasta el año 2022.

Entonces nos surgen algunas preguntas. ¿Hasta cuándo se puede estirar una historia? ¿Cuántas personas siguen mirando series de cientos de capítulos y de tantas temporadas? En estos tiempos de maratoneo furioso, ¿siguen siendo viables las series con más de quince episodios de cincuenta minutos por temporada? En un panorama donde lo que escasea es el tiempo y lo que sobran con las opciones, ¿se puede seguir mirando una serie por más que ya no nos interese demasiado?

Un poco de historia

El cómic The Walking Dead fue creado en el año 2003 por el guionista Robert Kirkman junto con el dibujante Tony Moore, luego reemplazado por Charlie Adlard a partir del número siete. Es un cómic sobre el fin del mundo y es mucho más. Se editó en forma mensual a través de la editorial Image, terminando su recorrido de 193 números en 2019. La trama sigue las desventuras de Rick Grimes, un sheriff de la policía de Atlanta, Georgia (Estados Unidos) que despierta después de un tiroteo casi fatal, para encontrar que el mundo como lo conocía ya no existe: una plaga zombie (aunque esta palabra nunca es usada en este universo) arrasó con gran parte de la población.

La historia que cuenta el cómic es fascinante: una exploración de los límites de la humanidad, una reflexión sobre el rol del hombre ante la fatalidad del apocalipsis, una revalorización de la familia ante los peligros que los propios humanos traen con su existencia; porque aún con el colapso de la humanidad, el hombre es el lobo del hombre. Pero también es una historia de resiliencia, porque entre los restos de los muertos puede haber esperanza. Robert Kirkman decidió terminar la historia de forma sorpresiva en el número 193, con la muerte inesperada del protagonista y con breves vistazos al futuro de su hijo. Pero la serie de TV se había desviado de los lineamientos que proponía el cómic original (algo totalmente lógico, al ser una adaptación para otro medio).

El salto a la tv

Ante el éxito arrasador del cómic, llegó la adaptación en forma de serie televisiva. The Walking Dead comenzó a emitirse en el año 2010, con Frank Darabont como showrunner. Andrew Lincoln toma el rol de Rick Grimes, dotando al personaje de una humanidad palpable, buscando primero a su familia, y luego defendiendo con uñas y dientes a los suyos, y a los amigos que se van haciendo en el camino. Entre sus aliados podemos contar a Glenn (interpretado por Steven Yeun), Maggie (Lauren Cohan), Carl (Chandler Riggs), Morgan (Lennie James), Shane (Jon Bernthal), Michonne (Danai Gurira) y un variado etcétera. Además hubo villanos de la talla del Gobernador (David Morrissey) y el mejor de todos, Negan (Jeffrey Dean Morgan). Y en las últimas temporadas se sumó Alpha, en la piel de Samantha Morton.

Una de las constantes del universo de The Walking Dead es que cualquiera puede morir en cualquier momento. Pero había una excepción a esta regla. La idea original que proponía Robert Kirkman era que Rick fuera el eje de la historia, por eso el cómic terminó en 2019 con su muerte. Pero en la serie de TV Andrew Lincoln dejó de ser parte de la historia principal de The Walking Dead en el medio de la novena temporada.

Otra forma de consumo

Series como Law and Order o CSI son historias independientes, con capítulos auto conclusivos que terminan armando un rompecabezas a largo plazo, pero con la idea de que se puedan mirar episodios sueltos sin perderse demasiado. Con The Simpsons sucede algo similar, las historias de Homero y su familia pueden ir a cualquier lado que los guionistas quieran, sin ningún tipo de continuidad. Pero ¿cómo analizamos a The Walking Dead en este sentido?

Las series de cientos de capítulos y decenas temporadas nos ofrecen la oportunidad de una
inmersión en las historias que de otra forma no podría existir. Pero al no poder atraer público nuevo y ante el estreno de nuevas series literalmente todos los días, ¿sigue siendo relevante The Walking Dead? ¿O es el último coletazo de una forma de hacer televisión que va quedando atrás? Quizás la recordemos en un futuro como una reliquia de la época de oro de la TV por cable, que -junto a Game of Thrones y Breaking Bad– marcó un tiempo que ya no existe, donde el mundo entero esperaba el estreno de cada capítulo para mirarlo en simultáneo.

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