Relato salvaje

Beef: Ali Wong y Steven Yeun se sacan chispas en una pelea sin fin

La serie de Netflix con A24 cruza thriller con humor negro en una historia de dos protagonistas que se detestan a muerte. Por qué no hay que dejarla pasar.

por | Abr 15, 2023

Beef: Ali Wong y Steven Yeun se sacan chispas en una pelea sin fin

Todo comienza con un hecho trivial. El sonido de una bocina de un auto es sobredimensionado, al igual que un gesto displicente de la conductora del vehículo que también provoca, sin mostrarse, con un contundente “fuck you”. Del otro lado hay un receptor que no es pasivo, un hombre recién salido de un local y ofuscado por los pormenores de un plan frustrado del que nos enteraremos eventualmente, pero cuya vida apática lo lleva a procesar ese intercambio vial con una desmesura que salpicará su vida de allí en adelante.

Beef (2023), la miniserie creada por Lee Sung Jin que registra esa lucha de titanes a través de diez episodios, se estrenó este mes en Netflix y se posicionó rápidamente como una de las favoritas de la audiencia y de la crítica. El fenómeno responde a varios factores, entre ellos, el sello de A24, productora que apuesta a proyectos originales con autores que no teman salirse de la norma y alzar su voz, independientemente de las reacciones divisivas que eso conlleva.

Beef: Ali Wong y Steven Yeun se sacan chispas en una pelea sin fin

En este sentido, y a pesar de no tener demasiados puntos en común, el éxito de Beef recuerda al de The Queen’s Gambit (2020), una miniserie que no se perdía en el amplio catálogo de Netflix sino que, por el contrario, despuntaba como una ficción con una impronta inconfundible que no tenía el “filtro” del servicio de streaming.

Esa conquista de Allan Scott y Scott Frank se repite este año con Beef (cuya dirección de fotografía estuvo a cargo de Larkin Seiple, colaborador de los oscarizados The Daniels, lo que contribuye a esa factura díscola), una producción exacerbada, ominosa, tragicómica, donde la fusión de géneros es condición sine qua non para propulsar una historia salvaje en la que, al menos en sus primeros capítulos, solo importa el registro de la supervivencia del más apto. Esto lo notamos tanto en los nombres de los episodios -quizá un tanto pretenciosos, pero orgánicos en esa suerte de anuncio de lo que veremos luego- como en las imágenes de los créditos, reflejo de un mundo donde el arte es abordado desde lo primitivo. Beef es la crónica de un relato animal.

Almas en pena

Beef: Ali Wong y Steven Yeun se sacan chispas en una pelea sin fin

Los protagonistas de esa riña de tránsito son Amy (Ali Wong, una comediante extraordinaria que aquí explora otras facetas), una exitosa empresaria de vida acomodada pero totalmente vacía, y Danny (Steven Yeun, quien suma otra gran interpretación a su diversa y camaleónica filmografía), un contratista que lucha para salir a flote y construirles una casa a sus padres. Si la pelea resulta arbitraria y ridícula es porque la serie disfruta con cierta morbosidad el rizar el rizo de esa confrontación que, cuando parece haber cesado, reflota con la excusa más irrisoria posible. Los motivos no importan tanto: la clave es esa colisión como gag indetenible.

Lee Sung Jin y su equipo de guionistas abrazan el absurdo para ese retrato de un in crescendo que va incomodando a medida que se cruzan ciertas líneas. Si bien la pelea se produce entre Amy y Danny, luego sus respectivos entornos se ven involucrados en un entramado reminiscente a ciertos textos de Raymond Carver (sobre todo cuando se ahonda en las carencias de sus protagonistas, en lo abyecto de su proceder), pero con el humor negro para sopesar realidades donde la superficialidad en la que se mueven ciertas figuras contrasta con el accionar imprudente -pero honesto- de esa extraña pareja central.

Alta suciedad

Beef: Ali Wong y Steven Yeun se sacan chispas en una pelea sin fin

La miniserie también esboza críticas a los discursos vacíos, en especial cuando se adentra en el micromundo de Amy y la relación con su esposo, quien vive en la sombra de un padre artista al que intenta emular sin éxito. El arte y el sinsentido de las apreciaciones vertidas en fiestas opulentas ponen a Beef en la vereda del nihilismo, y no excluyen a su protagonista femenina de esa mirada misantrópica que recuerda a parte de la obra de los hermanos Joel y Ethan Coen. Es la propia Amy quien se autodefine como una mala persona, el principal punto de atracción hacia Danny, quien también se maneja llevándose todo a su paso como si su universo estuviera exento de las consecuencias, del efecto dominó.

Los flashbacks de sus respectivas infancias, en cambio, abandonan la crueldad omnisciente y son conmovedores en su retrato del origen de las conductas de dos individuos que, si no se sueltan, es porque se comprenden. En el excelente capítulo “Figures of Light” – sucesor del no menos memorable “The Great Fabricator” -, la desmesura da paso a lo frugal, a las conversaciones más puras sobre el peso que Amy y Danny arrastran por las decisiones que fueron tomando.

En esos instantes de sinergia es cuando Beef se vuelve bestial, aplastante, mucho más que cuando atesta su relato. A fin de cuentas, es imposible no conmoverse cuando se nos posiciona frente a lo efímero, a lo complejo que es simplemente ser. Solo se trata de vivir. Esa es la historia.

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Milagros Amondaray

Más de 20 años de experiencia en crítica de cine y TV, redacción y edición editorial en medios digitales e impresos.