Hay olores, canciones, lugares que provocan un proceso en nuestra memoria y nos transportan a un recuerdo. Eso es lo que le sucede una madrugada a Vahid (Vahid Mubasseri), un mecánico, cuando una familia llega a su taller en la madrugada para solucionar una emergencia. La pierna ortopédica del conductor hace un tac-tac que lo aterra. Ese sonido es lo único que reconoce de quien alguna vez fue su torturador.
Con esa secuencia inicial, el director iraní Jafar Panahi nos involucra en un dilema moral: si tuviéramos la oportunidad de vengarnos de quien nos causó daño, ¿la tomaríamos? La premisa y la densidad de la temática parecerían dejar el terreno para un drama o un relato de acción descarnado, pero el director complejiza el abordaje.
Irrupciones de humor físico, debates con tintes cómicos, diálogos que evocan traumas del pasado intercalados por un plano de los personajes empujando una van en el medio de una avenida. Solo algunos de los pasajes que hacen de It Was Just an Accident (2026), una experiencia llamativa.

La película fue estrenada en el Festival de Cannes 2025, en donde recibió la Palma de Oro, completando para el director la trilogía de prestigiosos premios internacionales: obtuvo también el León de Oro en Venecia por El círculo (2000) y el Oso de Oro en Berlín por Taxi Teherán (2015).
Ahora, el largometraje fue postulado por Francia para la próxima edición de los Oscar y competirá en la categoría de Mejor Película Internacional junto a O agente secreto, Sentimental Value, Sirat y The Voice of Hind Rajab. También disputará el premio a Mejor guion original en los premios de la Academia.
Nadie es profeta en su tierra
Jafar Panahi es un cineasta reconocido tanto por su obra como por su rivalidad con el régimen iraní. Son dos puntos indivisibles de su carrera. Y este posicionamiento rebelde le ha traído consecuencias directas y tangibles como cárcel, interrogatorios, censuras y el impedimento de abandonar el país en varias ocasiones.

Como represalia por su arte propagandístico, en 2010 fue condenado a seis años de prisión sumado a la prohibición de realizar largometrajes por 20 años. En respuesta, lanzó This is not a film (2011), en donde registra el día a día del cumplimiento de su condena domiciliaria. Volvió a ser encarcelado en 2022 por cuestionar el arresto de cineastas colegas, y quedó libre en 2023.
En It Was Just an Accident también se entremezcla lo testimonial. El director se inspira en situaciones de maltrato y persecución qué él mismo experimentó como activista político para ficcionalizarlas en otro ensayo audiovisual sobre la violencia y el autoritarismo.
el beneficio de la duda
El personaje principal ve interrumpida su cotidianidad con este llamado a la acción. Un pasado oscuro que lo visita, pero a partir de ahí el devenir no es el esperado. El eje no está en que ese estímulo devenga en un poder sobrehumano que lo transforme en un justiciero sanguinario y eficaz a lo John Wick, Old Boy o Nobody. El ejecutor es mucho más mundano. La posibilidad de venganza se presenta tentadora, en bandeja, pero también enturbiada, con lugar a dudas.

Con una premisa a lo 12 hombres en pugna (1957), la inclinación hacia una condena inmediata se pausa y la reflexión juega una pulseada con el impulso: ¿es este hombre efectivamente culpable? A los personajes los tracciona tanto el arrebato de justicia como su límite moral y físico. El protagonista reúne así a un escuadrón variopinto de potenciales vengadores, también víctimas de Eghbal (Ebrahim Azizi), a quien apodan “pata de palo”.
El desesperado equipo de ex presos políticos ingresa así en una vorágine para debatir si es preciso abandonar sus caminos recompuestos ante el despertar del trauma profundo que, como presencia espectral, se niega a dejarlos en paz del todo.
La habilidad de Panahi para desarrollar la denuncia desde la tragicomedia es lo que destaca el relato. Las aventuras que el guion desencadena son, en muchos pasajes, absurdas, con diálogos que oscilan entre cavar la tumba de tu peor enemigo o continuar el día haciendo un book de fotos para un casamiento.

El elenco se compone en su mayoría por actores no profesionales, con la naturalidad fresca que esta elección revela en pantalla. Las escenas se filmaron en el país a escondidas o en locaciones cerradas. Muchas de ellas involucran a una camioneta como un personaje que acompaña los infortunios y se configura como escenario de un juicio sobre ruedas.
It Was Just an Accident es cine de protesta, contemporáneo, pero muy hábil en construir las consecuencias largoplacistas de la tortura, esquivando un abordaje puramente solemne. No por eso carece de carga emocional. La película sabe entretejer, con aparente liviandad, una propuesta poderosa que escala conforme pasan los minutos y desemboca en un plano final sencillamente eléctrico.
💡 PopCon Tips:
It Was Just an Accident llega a streaming justo a tiempo para verla antes de la entrega de los Oscar: a partir del 6/Marzo está disponible en MUBI. Y en la misma plataforma ya se puede ver una colección de trabajos anteriores del director iraní.



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