Un largo camino

Loki – Mitad de temporada 2: el tiempo, la humanidad y un héroe en crecimiento

La serie es una reflexión acerca del tiempo y la importancia de la evolución personal, con una mitología propia que la ubica entre lo mejor del MCU.

por | Oct 27, 2023

El capítulo 4 de la segunda temporada de Loki (2021-), culmina con una escena que buena parte de los fanáticos han considerado a la altura del traumático cierre de Avengers: Infinity War (2018) de los hermanos Russo. En la serie de Disney+, puede verse a Loki (Tom Hiddleston) enfrentándose por enésima vez a la muerte.

Pero esta vez, no debido a sus errores y fatídica búsqueda de un propósito glorioso. En esta ocasión, el villano -convertido en antihéroe- da el salto definitivo a lo que parece ser su destino final. Transformarse en el puente de unión entre la Saga del Infinito (el mayor triunfo de Marvel hasta ahora) y la fallida quinta fase, que debía presentar el multiverso.

Pero solo ha sido en el argumento escrito por Eric Martin, en que la cuestión del tiempo y la sustancia de la realidad de Marvel ha tenido capacidad para ser un tema profundo. Mucho más elaborado, construido y pensado para sostener una serie de historias a futuro.

Con apenas cuatro capítulos estrenados — de seis — ya la segunda temporada de la serie puede presumir de haber dejado a un lado los fallidos intentos de otras tantas producciones de analizar el espacio de las realidades alternativas. En el corazón del tema y con Loki como objeto principal, la producción cambia de rumbo a la franquicia. 

Un antihéroe que se reinventa

Todo, gracias a la redención y al futuro apogeo del poder de uno de sus personajes más carismáticos de la franquicia. Ya lo había hecho en la primera temporada. El personaje se enfrenta a una pregunta que podría cambiar la historia completa del argumento.

¿Deseas el trono de Asgard? ¿Deseas matar a Thanos?

La engañosa Miss Minutes indaga es sus deseos más profundos, en el final de la primera temporada. “Lo tendrás”, promete en medio del silencio de la Ciudadela del Fin del Tiempo.. Pero Loki permanece un momento en silencio y declina la oferta. Camina hacia delante, en compañía de su versión femenina, empuñando la espada. Acaba de pasar la prueba final de un largo trayecto que le llevará al corazón de los misterios. Pero más allá de eso, a convertirse en el centro de su propia historia de redención.

En su segunda entrega todo es más evidente. Pero el guion ha echado mano incluso de un subtexto poderoso que encamina a la figura del dios del engaño hacia un escenario nuevo. Cada superhéroe de Marvel está asociado con algún elemento arquetípico que le distingue y permite su crecimiento. Incluso, el políticamente relevante T’Challa (Chadwick Boseman), tenía un peso específico en la discusión cultural.

Sin embargo Loki, además, tiene un elemento de alteridad física y de extraño puente en una cierta percepción sobre la moral que resulta desconcertante. Algo que, al explorarse, permite comprender la relevancia del ya icónico episodio cuatro de la segunda temporada que lleva su nombre. 

El origen de una asombrosa redención 

Podría decirse que el camino que llevó a Loki al lugar en que se encuentra, comenzó en Thor: The Dark World (2013). Quizás una de las películas más deslucidas de Marvel, llevó al dios de la mentira a otro nivel de importancia, tanto en el mundo de la franquicia como fuera de él.

Atrapado y confinado a las “mazmorras” por sus crímenes, es una presencia lateral y secundaria, pero tan brillante como para atrapar el núcleo del argumento en más de una ocasión. No solo guía a un ejército invasor hacia su madre adoptiva Frigga (Rene Russo) — y provoca su muerte — sino que, además, es la primera vez en que puede verse las fisuras de la impenetrable armadura de ironía, desdén y burlona inteligencia del travieso dios.

De hecho, en la escena más recordada del film, Thor (Chris Hemsworth) consigue que Loki se muestre en pleno duelo y es entonces cuando el personaje alcanza un punto multidimensional que signó su futuro en la franquicia. Descalzo y con las plantas de los pies empapadas de sangre, despeinado, pálido y con aspecto desgraciado, el dios de la mentira encarna de nuevo la caída arquetípica de tantos dioses con una pesada carga humana.

Y es esa escena, la apoteosis de su fragilidad y después, su aparente muerte en batalla en pleno sacrificio por Thor, lo que brinda su amplio espectro como antihéroe que puede abarcar muchas cosas a la vez. Cuando al final Loki aparece sentado en el trono de Odin (Anthony Hopkins), con una amplia sonrisa maliciosa, saludable y de nuevo recuperado, el rápido ascenso de un personaje a un nuevo sitial era cuestión de tiempo.

Un paseo por la mitología nórdica en la actualidad a través de la cultura pop, loki, ragnarok

Por supuesto, fue Taika Waititi quien decidió despojar al dios del trueno de todos sus atributos para Thor: Ragnarok (2017), el que culminaría el arco de redención de Loki y lo haría a través del humor. Esta vez, el personaje vuelve a tomar toda la apariencia de sus primeras apariciones en pantalla (pálido, frágil y esbelto), enfundado en un traje oscuro, mientras su hermano Thor es toda vitalidad y simpatía.

El contraste entre ambos se acrecienta, a medida que la película muestra más y más capas del tramposo, que profundiza, crea y reconstruye el vínculo que sostiene con Asgard, su historia y su familia. La muerte de Odin, la llegada de Hela (Cate Blanchett), la batalla de Thor y al final, la apoteosis del miedo con el mitológico Ragnarok en puertas, muestran una versión del personaje tan rica en matices que asombra por su sutileza.

El poder de un símbolo 

Para la escena final, cuando el dios de la mentira ha depuesto sus armas (tanto verbales como mágicas) para celebrar un triunfo agridulce, es más que evidente que fue la estrella de la película, a pesar del recorrido de Thor hacia un poderoso héroe que, incluso, no necesita del Mjölnir para mostrar su valor.

La segunda entrega de la serie, más mitológica y mejor construida que la primera, ha mostrado la gran evolución de su héroe para convertirlo en dios. Y ya no de la mentira o del engaño, una copia blanda de una versión mayor del poder, sino una criatura ambigua y profundamente humana. 

El guionista Eric Martin basó buena parte de su argumento en el libro del escritor Kevin Crossley-Holland “Penguin Book of the Norse Myths” (1980). Y lo hizo por una razón sencilla: incluso en la comunidad de inmortales de la mitología nórdica, ya era una criatura distinta, incómoda, siempre marginada, a punto de cometer grandes desastres.

Obsesionado por las apuestas, Loki llegó a ser expulsado de todos los reinos y espacios sagrados, luego de más de una vez, enfrentarse, vencer y contra el resto de los dioses. Crossley-Holland analizó en particular uno de los mitos más viejos sobre la figura de Loki, que le describe fuera del Gladsheim, escuchando las conversaciones y las celebraciones, hasta decidir cuál sería la mejor manera de vengarse de la exclusión. 

Al final, La EDDA le describe con una sonrisa torcida, una que además mostraba las visibles cicatrices sobre sus labios. La alusión a las cicatrices (el castigo por su lengua falaz y que a menudo llevó a la disputa y a los enfrentamientos), no es en absoluto casual. Es una mirada hacia lo esencial de Loki, que es, de hecho, el dios de los perdedores, los marginados en una época en que a fuerza física lo era todo.

(L-R): Mobius (Owen Wilson) and Loki (Tom Hiddleston) in Marvel Studios’ LOKI, exclusively on Disney+. Photo by Chuck Zlotnick. ©Marvel Studios 2021. All Rights Reserved.

La serie Loki explora la idea a un nivel que las películas no quisieron o no pudieron lograr. Loki es deconstruido a través del tiempo — en el sentido más literal del término — y también, del recurso práctico de mostrarle su propia vida y fracasos. Recordarle además, que su vida está plagada de mentiras y que él mismo, es su mayor invención y la máscara más endeble de todas.

De la misma manera que se le arranca la armadura de “fino cuero asgardiano” (otra referencia mitológica) y se le enfunda en un uniforme genérico, el dios de la mentira debe enfrentarse al hecho que se encuentra en medio de una situación que no debe controlar, fuera del tiempo y sin capacidad para hacer uso de la retórica. Y entonces, emplea su inteligencia. Una tan aguda que le permite seguir a su adversario más peligroso: él mismo.

Loki: un repaso por la primera temporada de la serie del Dios de las mentiras

En una de las páginas finales de su libro, Crossley-Holland llama a Loki “el personaje más fascinante de toda la antología” e insiste que lo es:

Sin la figura excitante, inestable y defectuosa de Loki, no podría haber ningún cambio en el orden fijo de las cosas, ningún pulso acelerado.

Algo que queda demostrado en su segunda temporada, que abarca una curiosa búsqueda de la identidad. Una tan vieja como la búsqueda del hombre para definirse y tan poderosa como una profunda, una mirada hacia el bien y el mal.

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