Se hace camino al andar

De “La larga marcha” a “Camina o muere”: estrategias de una adaptación

En una reseña que al final marcamos con spoilers, buscamos entender por qué la película funciona pero difiere con el espíritu de la novela.

por | Sep 25, 2025

El estreno de Camina o muere (2025) llegó con una excelente recepción por parte del público y la crítica, con algunos llegando a llamarla “la mejor adaptación de una historia de Stephen King”. Pero, ¿qué hace que una adaptación sea realmente buena?

El resplandor (1980), obra maestra de Kubrick, es una de las mejores películas de horror de la historia, pero se aleja adrede del texto de King. La niebla (2007) por otra parte, se apega al libro hasta llegar al último acto, con un final tan contundente que el mismo autor admitió supera con creces lo que fue capaz de plasmar en sus páginas. La fidelidad al texto, entonces, no es siempre el denominador común.

Primeros pasos

La historia es simple. Nos encontramos en un Estados Unidos distópico. Las explicaciones son vagas y a la vez dejan todo muy en claro. Tras una guerra civil, se impuso un gobierno militar totalitario, encabezado por quien simplemente es conocido como El Comandante (Mark Hamill).

Mark Hamill como El Comandante en Camina o muere (2025, Lionsgate)

Habiendo convencido al pueblo de que impulsará la economía, hace décadas se práctica un juego de reglas sencillas. Cincuenta jóvenes marcharán por una carretera donde no hay línea de llegada. Si bajan la marcha a menos de cuatro millas por hora, se les da una advertencia. Pasada la tercera, los chicos reciben su “pasaporte”. Son asesinados.

La larga marcha (1979), nombre con el que conocemos al libro en español, es un proyecto que hace décadas estaba en el limbo de las adaptaciones que no llegaban a concretarse. King admitió que solo pedía una cosa: al momento de morir de cada chico, la cámara no debía tener pudor de mostrar la brutalidad en primer plano.

Francis Lawrence cumple con la norma desde el primer momento. Al fin y al cabo, conoce muy bien la temática, ya que también fue el encargado de llevar Los Juegos del Hambre: En llamas (2013) y las dos partes de Los juegos del hambre: Sinsajo, a la pantalla. Son relatos que tienen bastante en común con este, contextualizados en mundos devastados por poderes hegemónicos que exigen sacrificios de sangre para mantener un orden social.

Cooper Hoffman como Ray Garraty, Ben Wang como Hank Olson y Tut Nyuot como Arthur Baker.

Pero ahí donde la historia de Katniss Everdeen se enfoca en el surgimiento de una rebelión organizada, Camina o muere tiene una perspectiva más individualista. Una a la cual Lawrence busca dar un rayo de esperanza mucho más evidente a comparación del desolador texto original.

El elenco es impecable y cada uno de los chicos logra hacernos reír, sentir empatía o complicidad, pero también cada uno consigue su momento desgarrador. Son personajes redondos, más que los simples números con que los militares los identifican. Por otra parte, el director consigue escapar la posible monotonía que podría generar una historia que transcurre completamente sobre el mismo camino gris. El sólido guion da gran dinamismo.

Si bien el sonido de cada tiro a veces es un eco en segundo plano, nos obliga a ver las figuras a la distancia, las caras de terror en primer plano. Disimula algunas cosas, pero no censura. Somos testigos de la sangre y de todo tipo de funciones corporales que atormentan a estos chicos. Y ante todo, de los cuerpos que con cada paso se debilitan y hasta desarman.

Cincuenta son los jóvenes que participan de la marcha en Camina o muere (2025, Lionsgate)

Cuando la pantalla pide otra cosa

Desde el comienzo hay algo que queda claro: los cien chicos de la novela son hombres muertos caminando. Se encuentran en un mundo en donde da igual participar en un juego cruel, ya que están hambrientos por un ápice de esperanza. El premio vale ser parte de una ruleta rusa gubernamental: una cantidad obscena de dinero y un deseo que debe ser cumplido, por loco que suene. El juego es televisado, los caminantes son rodeados por fans hambrientos de algo por lo que festejar. Es un morboso Tour de France

El mundo que plantea Lawrence tiene diferencias que hacen peso en lo simbólico. Casi no hay fans acompañando a los que ahora son 50 caminantes. Quienes los observan son una rareza en gran parte del tramo. Es una sociedad con un tanto más de empatía o, por lo menos, pudor. Cada tanto observamos a un enfermo o lisiado, viendo la carrera a la distancia con silencioso anhelo. Para algunos, ni siquiera existe la posibilidad de elegir la fe antes de la miseria.

Cada personaje se identifica con un número que lleva en una chapa colgada al cuello.

Ray Garraty (Cooper Hoffman) esconde con recelo su deseo, manteniéndonos en suspenso. En el libro no queda en claro si lo tiene, porque al fin y al cabo no importa, sabemos que no hay sentido detrás de la morbosa competencia. Lawrence también busca que nuestro protagonista se sienta más maduro. Porque si bien la libido de los chicos se hace presente en el humor, se le quita el peso al foco hormonal que un joven King remarcaba en su texto. Hollywood hace que otra vez nos preguntemos ¿por qué no hay ningún recato a la hora de mostrar violencia extrema pero sí para hablar sobre el deseo sexual?

El vínculo entre Garraty y Peter McVries (David Jonsson) es el eje y sostén de la película. Lawrence enfatiza lo que desarrolla la novela, comprendiendo que así sube la apuesta en lo emocional. El espectador sabe en este contexto una amistad está sentenciada. Además edulcora algunos de los temas que toca el libro, así como a sus personajes. Barkovitch (Charlie Plummer), el antagonista secundario, aún muestra signos de crueldad. Pero esta versión busca que conectemos con él, dando a entender que es un chico con daños psicológicos.

Roman Griffin Davis como Curley en Camina o muere (2025, Lionsgate)

McVries toma el rol de brújula moral y da aliento a los otros. Encuentra belleza en un momento en donde el optimismo debería ser imposible, volviéndose la roca de Garraty. El pasado tumultuoso con el que carga en la novela, aquel que literalmente le marcó el rostro con una herida, está cambiado para reforzar lo benigno de su ser. Inclusive, con el pasar de los días, lo vemos un tanto cansado, pero con mucha más energía que sus compañeros.

La actuación de Jonsson es impecable y transmite todo lo bueno con lo que el guion bendice al personaje. Pero al mismo tiempo, es difícil no pensar cómo lo hace encajar en el tropo del “magical negro”; personajes de color magnánimos y cuya única función es empujar al protagonista blanco, llegando a mostrar demostrando poderes mágicos en algunas historias.

Es un cliché que King ya usó en varias ocasiones: Dick Halloray en El Resplandor (1977), Madre Abigail de Apocalipsis (1978), Red en Sueños de Libertad (1982) o John Coffey en La milla verde (1996). En este caso, es un estereotipo que recae puramente en la adaptación.

David Jonsson destaca en su interpretación de Peter McVries en Camina o muere (2025, Lionsgate)

⚠ SPOILER ALERT!

A partir del siguiente párrafo, vamos a analizar el final con spoilers.

En la novela, a medida que los números se reducen, el ambiente se caldea. Quienes a duras penas continúan el trayecto ahora sufren alucinaciones, se echan culpas y, a pesar de haber hecho amistades, ven un enemigo en el otro. Garraty es el último en continuar, pero a costo de su cordura. No entiende que ganó y ve una figura oscura al frente.

¿Una sombra, un soldado o un simple aficionado festejando su victoria? Eso no importa, hay alguien adelante y tiene que seguir. De alguna forma, consigue juntar fuerzas y corre, quizá al encuentro con la parca. ¿Importa si ganó realmente? No, porque lo que King escribe es puro nihilismo.

Por un lado, parece el único final posible, aunque conceptual y poco cinemático. Demasiado abierto para una audiencia que hoy día demanda más respuestas que cabos sueltos. Lawrence cambia los roles, haciendo que McVries quede cabeza a cabeza con su amigo. Garraty es consciente de que su deseo de venganza no es tan radical como el de Peter, quien espera cambiar la naturaleza de la marcha misma para que haya dos vencedores. Engañándolo, Garraty se queda atrás y es ejecutado.

Cooper Hoffman como Ray Garraty y David Jonsson como Peter Mcvries.

McVries por fin se rompe mientras se lleva a cabo el festejo. El Comandante le concede su deseo, pero este ahora cambió. La absurda pérdida de sus 49 compañeros muestra que hasta un alma pura como la suya se puede corromper. Tras asesinar al Comandante y cumplir con el sueño de su amigo, hay una pausa. Es un silencio casi irreal, ya que los soldados no abren fuego. El último chico en pie se da la vuelta y cuando ve el camino, está completamente vacío. Sigue caminando, ya sin meta fija. Caminar es lo único que le queda.

Es un final controversial, que puede leerse con literalidad o como una reversión del texto original. Al cambiar los roles, no solo sorprende al público lector, sino que busca dar algo que en una primera impresión es más concreto. Si bien hay una inocencia detrás de pensar que matando al Comandante un sistema totalitario caerá desarmado, Lawrence entrega la cuota justa de esperanza. ¿Pero McVries realmente sobrevive? ¿O acaso esta carretera infinita es la misma figura oscura que Garraty persigue?

La relación de Ray Garraty y Peter McVries se vuelve el eje y corazón de la película.

Es una decisión que funciona, adecuada para un salto del medio literario, de la abstracción a lo concreto que demanda el cine. Entrega una conexión sensible más profunda, así como un final cerrado para satisfacer al espectador luego de tan dura travesía. Es comprensible, si bien busca suavizar una historia que, en su naturaleza, es puramente cruda.

Lawrence consigue una adaptación sólida y, por momentos, fiel palabra por palabra. Pero también brinda luz a este mundo que King escribe como resignado, de jóvenes que piensan constantemente en lo que encontrarán entre los muslos de sus novias. Porque lo único que les resulta alcanzable es el ahora.

Perdona de sus pecados a McVries y al resto de los jóvenes. Al final, busca que nos quedemos con un simple hecho: un acto de amor en el que Garraty entrega la vida por su amigo. Y el acto de amor de McVries, quien da su alma para cumplir el deseo de Ray. Es una adaptación redonda que funciona a muchos niveles, pero que nos recuerda también que Hollywood, ante todo, da prioridad a contentar a su público.

💡 Datos PopCon:

  • La larga marcha es la primera novela de Stephen King, que escribió cuando tan solo tenía 19 años. Pudo publicarla un poco más que una década más tarde bajo el seudónimo de Richard Bachman.
  • Antes del estreno de la película, Lionsgate organizó una proyección en donde los espectadores la verían sobre cintas de correr. Debían mantener el mismo ritmo que los chicos en pantalla y, de no poder hacerlo, tras tres avisos se los invitaba a salir de la sala.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.