Arte hecho a mano

Wildwood: una épica en stop-motion cuya magia resalta la mediocridad de la IA

Con el aura de Tolkien, Jim Henson y Miyasaki, la maravilla visual lograda por Laika encuentra un balance entre la ternura y oscuridad.

por | Oct 29, 2026

Fueron 15 años de desarrollo para terminar la película de animación stop-motion más larga de la historia. Más de 230 muñecos en 136 sets, todos y cada uno hechos a mano. Hojas y plumas hechas individualmente, así como un aproximado de 245,00 hojas para componer al frondoso bosque al que solo aquellos que poseen magia pueden acceder.

Wildwood: el bosque salvaje (como es su título en Latinoamérica), más que una película, parece un estandarte. En la época en dónde la tecnología plagia la creación humana en pos de obtener resultados más baratos y rápidos, una película como Wildwood es símbolo de rebelión y resistencia.

Cada una de las hojas del bosque impenetrable de Wildwood (2026) están hechas a mano.

Historias duras y para todas las edades

Desde su debut con Coraline (2009), hasta Missing Link (2019), Laika ya había marcado una impronta única. Porque además de impresionar por la calidad visual de cada producción, sus historias tienden a favorecer a personajes extraños. Queribles antihéroes un tanto aislados de la sociedad.

Travis Knight (Amos del universo) mantuvo ese espíritu con Kubo and the Two Strings (2016), pero le sumó a su fábula del Japón feudal una elegante épica y un tanto de crudeza que la diferenciaba de las anteriores producciones del estudio. Ese tono tan diferente es uno que también consigue transmitir en Wildwood, película en la que una vez más asume el rol de director.

Desde su primera escena, queda en claro por qué este es el primer largometraje de Laika que obtuvo una clasificación PG-13 en los Estados Unidos, invitando a la supervisión parental acá en Argentina. Deja en evidencia también que Knight es parte de la generación que creció viendo aquel cine familiar un tanto más oscuros y desprecavidos de la década del 70 o de los 80s. Porque más allá de que la premisa inmediatamente recuerda a Laberinto (1986), Wildwood va a lugares a donde la mayor parte de las producciones infantiles no se animan a ir hoy en día.

Para hacer a la General Águila, el equipo tardó 3000 horas y creo 9000 plumas con las que cubrir su cuerpo.

La película no ofrece soluciones sencillas ni el poder del amor como solución a todo. Así como el Pantano de la Tristeza de La historia sin fin (1984) nos obligaba a aceptar la dolorosa pérdida de un mejor amigo, o la separación de Faivel de su familia obligaba al ratoncito a enfrentar un nuevo mundo en soledad en Un cuento americano (1984), nos encontrábamos con un tipo de narración que respetaba a las infancias como a cualquier otro espectador. Oportunidades de entablar conversaciones francas con nuestros padres, haciendo que el cine se convirtiera en una puerta para entender mejor al mundo.

Wildwood recupera ese tipo de relato. Desde su primera escena promete una historia dura y con mucha oscuridad. Pero al mismo tiempo la llena de luz, desde la mirada de una nena que debe enfrentar al hacerse grande en una realidad que al mismo tiempo le pide que no olvide lo que es la magia.

Prue McKeel (Peyton Elizabeth Lee), la protagonista de Wildwood (2026).

Un mundo fantástico pero realista

Quizá a simple vista los suburbios de Portland no parezcan el escenario más mágico para este tipo de historia, pero son el hogar de Prue McKeel (Peyton Elizabeth Lee), una niña de 12 años que vive con sus bohemios padres (Jake Johnson y Maya Erskine) y su hermanito Mac. Reacios a la medicina occidental pero fuertemente supersticiosos, sus padres le hacen prometer a Prue que nunca va sacar al bebé de la casa cuando le toque cuidarlo. Por supuesto para una nena de su edad, Prue se siente lo suficiente madura como para no escuchar una regla que le suena tan tonta. Pero una simple salida al parque pronto se convierte en pesadilla cuando una bandada de cuervos secuestra a Mac.

Acompañada por Curtis (Jacob Tremblay), un compañerito de clase tan inseguro como experto en Dungeons & Dragons, Prue los guía a las afueras del pueblo, a un bosque que las leyendas locales consideran prohibido. Traspasando sus fronteras encuentran un mundo en donde los animales hablan, los coyotes usan uniforme de la milicia y en donde distintas facciones están en guerra por un territorio cubierto por enredaderas que parecen consumirlo todo.

Carson Ellis, la ilustradora del libro en que se basa la película,tiene un cameo.La vemos vendiendo su trabajo con un cartel que dice «Disfruta del arte hecho a mano… ¡Antes de que se vaya para siempre!».

Al centro de estas tensiones se encuentra Alexandra (Carey Mulligan), una imponente mujer apodada la “Gobernadora Viuda”. Como un eco de la malvada reina del hielo de Las Crónicas de Narnia, la mujer busca ablandar a uno de los chicos mientras de a poco muestra su dura naturaleza.

Pero el hechizo más potente de Alexandra es la franqueza sobre la cual está caracterizada. Ella es tan trágica como impasible. Lejos de los villanos con poco más que ofrecer que idealismos de conquista, Alexandra es un personaje que no esconde su propia vulnerabilidad, sino que se alimenta de su dolor y lo transforma. Nos invita a preguntarnos, ¿No haríamos lo mismo que ella si tuviéramos que enfrentar su misma pérdida y existiera la oportunidad de remediarla? Es su propia humanidad, así como lo fácil que resulta comprenderla, lo que la hace verdaderamente terrorífica y una de las antagonistas más realistas de los últimos años.

Carey Mulligan le presta su voz a Alexandra, la Gobernadora Viuda.

Una historia de pura épica

Basada en el primer libro de la trilogía creada por Colin Meloy, cantante de The Decemberists (que al igual que la ilustradora del libro, tienen sus cameos en la película), todo el material que la película tiene que adaptar sin duda se hace sentir en sus más de dos horas. Pero por más que la aventura está narrativamente sobrecargada, Laika consigue que el metraje fluya y que los distintos arcos de los personajes se entrelacen a la perfección llegando el clímax.

Además de esa premisa y un arte que rememora la magia de Jim Henson, el mundo antropomórfico y diverso de C. S. Lewis o hasta la dualidad en donde la inocencia y la crudeza conviven en las narraciones de Guillermo del Toro, Wildwood consigue que todos estos elementos además tenga el aura de una épica digna de Tolkien. Impresiona, sobretodo llegando a su tercer acto, las dimensiones con las que trabajaron los artistas a la hora de presentar la batalla final, una que no escatima en su violencia.

Y es que la influencia que El señor de los anillos cobra más peso cuando en los créditos observamos que Wētā FX estuvo a cargo de los retoques digitales sobre el trabajo en stop-motion. Con la complejidad de cada encuadre y los ambiciosos movimientos de cámara, es fácil olvidar que lo que estamos viendo son muñecos cuyos movimientos deben acomodarse varias veces por segundo para crear sus impresionantes composiciones.

La batalla final de Wildwood (2026) tiene una épica digna de El señor de los anillos.

El arte solo puede ser humano

Es justamente la cuestión de la escala algo que funciona en Wildwood desde lo simbólico a lo práctico. En muchos sentidos, parece siempre al punto del desborde. Desde como empuja los límites de una narración apta para todo público hasta los impresionantes detalles de cada encuadre. En sus texturas, la enormidad de sus escenarios o la épica acompañada por las melodías con influencias celtas de Dario Marianelli. Travis Knight empuja siempre hasta el borde y va por más, conteniendo de tal forma en que todo parece mucho, pero no apabulla. Por el contrario, impresiona y cautiva.  

Es un resultado que simplemente deja sin aliento. Wildwood es sin duda la creación más compleja de Laika Studios a la fecha. Pero encuentra balance entre la comedia justa y la ternura genuina, así como con la violenta sacudida que significa para las infancias el dar los primeros pasos en el complicado mundo de la adultez.

Mahershala Ali como Brendan, líder de los bandidos en Wildwood (2026), enfrenta a Prue.

Con el correr de los créditos, una simple frase también resulta contundente.

“Toda la película fue hecha a mano en Oregon.”

Parece impensable que el cine deba aclarar algo tan obvio y sin embargo necesario. Porque estamos en una época en donde el valor de una producción parece solo medirse por el éxito en taquilla. O en donde se perdona el plagio y la mediocridad tecnológica cuando los resultados son más rápidos y baratos.

Si bien el estudio ya había ganado su espacio entre los grandes exponentes de la animación como Disney o Dreamworks, Laika aparece con Wildwood para demostrar que el valorizar el talento, el trabajo y el tiempo que los artistas necesitan para dar lo mejor de sí mismos ofrece resultados que no tienen comparación. Son resultados que emocionan por la minuciosidad y el cuidado de cada uno de sus aspectos. Resultados que ya dejan a Laika a la par de grandes exponentes de la animación tradicional como los son Don Bluth o Studio Ghibli.

Quince años le tomó a los artistas de Laika Studios hacer Wildwood (2026), sin dudas una obra maestra.

💡 PopCon Tips:

Laika Studios ya está trabajando en su próxima producción, otra película PG-13 basada en el best seller de Susanna Clarke: Piranesi.

Esta historia tan abstracta sin duda parece perfecta para ser contada en animación. Te invitamos a que leas el libro y nos compartas tu opinión sobre el próximo proyecto de este estudio.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.