Con las grandes franquicias siendo lo que tiende a monopolizar las salas de cine, Amazon MGM Studios apela una vez más a la nostalgia al revivir una marca que originalmente fue lanzada en 1982 para vender juguetes. He-Man y los Amos del Universo surgió como una línea de figuras de acción de Mattel que, gracias a los cómics que acompañaban a los muñecos y posteriormente su serie de dibujos animados, creó un mundo rico que iluminó la infancia de toda una generación.
Además de contar una clásica aventura en donde el humor tiene casi tanta importancia como la acción, Amos del universo (2026) toma nota de la inteligentísima vuelta de tuerca que Greta Gerwig encontró con Barbie (2023). Es así como el regreso al cine de He-Man busca interpelar a las mismas infancias que vio crecer, haciéndolo ahora con cuestionamientos relevantes a su adultez. En el camino, abre sus puertas al fabuloso universo de Eternia para todos aquellos que visitan sus tierras por primera vez.

El reino de nuestra infancia
Cuando el malvado Skeletor (Jared Leto) y su monstruoso ejército invaden el castillo de Grayskull, la única esperanza parece estar en esconder una magnífica arma creada por los dioses: la Espada del Poder. Tras la caída del guardia del rey Duncan (Idris Elba), la hechicera Sorceress (Morena Baccarin) abre un portal a la Tierra para que el joven príncipe Adam (Artie Wilkinson-Hunt) escape, pero el arma legendaria se pierde en el camino.
Pasan años y ahora un Adam ya adulto (Nicholas Galitzine) vive obsesionado con su pasado, con el hogar que perdió y la misión que le fue confiada. Y hay mucho más allá detrás de esa obsesión con planetas fantásticos y espadas mágicas. Esa añoranza por Eternia, aquel fabuloso reino medieval futurista, marcó tanto la infancia de Adam como la de aquellos que crecimos en los ochenta.
Si el príncipe fue desterrado de ese mundo, de alguna forma nosotros lo hicimos también al crecer, debiendo dejar sus tierras fantásticas como parte de un dulce recuerdo de infancia. Adam se convierte en receptáculo de nuestra propia nostalgia.

Salvando al universo
Varios fueron los intentos fallidos por revivir al “Hombre más fuerte del universo”. Tras su desastroso primer live-action, Masters of the Universe (1987) terminó convirtiéndose en una irónica película de culto, por lo que He-Man se mantuvo relevante a través de varios comics, nuevas líneas de juguetes y principalmente gracias al recuerdo.
Ni la reboot de 2002 ni la continuación más adulta que Kevin Smith lanzó junto a Netflix en 2021, Masters of the Universe: Revelation lograron marcar una diferencia. Probando enfocarse nuevamente en un público infantil, la remake en animación 3D, He-Man and the Masters of the Universe (2021–2022), tampoco consiguió recuperara el éxito que gozó en su momento la serie original de Filmation.

Con una Bumblebee (2018) cargada de inocencia y corazón, Travis Knight consiguió revitalizar a la saga de Transformers al separarla de las varias secuelas en dónde Michael Bay nos saturó con complicadas secuencias de acción y personajes de cartón. Poniéndose en la silla del director con Amos del Universo, Knight demuestra que entiende donde estaba el carisma de aquellos dibujos animados que sobrevivieron el paso del tiempo en nuestros corazones. Pero a la vez, comprende que para que funcionen en la actualidad, ni la solemnidad ni versiones más oscuras o “adultas” son la llave para que reconectemos con estas historias.
Abrazando completamente la estética y temas que abordaba la serie original, Amos del Universo se ríe de sí misma y de esas cosas que poco sentido tienen en una adaptación fiel. Esas que nosotros recordamos con gracia. Por un lado, no rehúye de aquellos estrafalarios diseños de personajes que Mark Taylor conjuró con su lápiz hace cuatro décadas. Por el contrario, trata de llevarlos a la pantalla de la forma más literal posible. Hasta los nombres, marcados por alguna exagerada característica del personaje, se justifican a través de la mirada infantil del mismo Adam.

“Y recuerden, amigos…”
En una época en donde la decencia más básica es denominada despectivamente como “woke”, los blockbusters pochocleros de la talla Superman (2025) recalcan que la “bondad es el nuevo punk”, recuperando valores que históricamente fueron celebrados por la ficción. Sorprende que Amos del Universo también sea señalada como parte de una “ideología”, a pesar de que los mensajes sobre la bondad y empatía siempre fueron parte del ADN de He-Man.
Así como con Greta Gerwig planteaba conversaciones sobre el feminismo tan fundamentales como necesarias, Knight encuentra un tono similar al diseccionar a un personaje que es símbolo de lo hipermasculino. Pareciendo tomar el seudónimo mismo de su protagonista como disparador de la conversación, esta versión de He-Man no tendrá el guion afilado de Gerwig, pero plantea preguntas similares. En lugar de las dinámicas de género como tema central, el señalamiento a las normas sociales que rigen a la masculinidad es algo que va complementando la trama.

Amos del Universo parece así mirar hacia atrás, acercándose a los niños a los que alguna vez brindó lecciones de vida, para hoy preguntarse qué problemáticas los atraviesan en su adultez. Desde la vergüenza o hasta incapacidad de conectar con sus sentimientos o la violencia como única salida ante un conflicto, son los hombres alrededor de Adam quienes muestran cómo estos puntos son parte de su cotidianeidad.
Nuestro protagonista no reniega de estas cuestiones. Por el contrario, Adam entiende la importancia del diálogo antes de entrar en conflicto. Ve cómo la violencia puede ser nuestra propia ruina o cómo la falta de conexión lleva a aislamientos innecesarios. Intenta comprender si realmente el hombre tiene un rol que cumplir como tal, a la vez que pelea por entender dónde reside el verdadero poder de un héroe.

El resurgir de Eternia
Uno de los problemas constantes con este tipo de adaptaciones es que, si bien no toda película debe ser cerebral y proveer mucho más que entretenimiento, es ineludible sentir un vacío cuando nos encontramos ante dos horas de poco más que una colección de referencias al material original. Una historia no puede construirse puramente sobre guiños y cameos.
Amos del Universo comprende esto a la perfección y, si bien por supuesto tiene montones de fanservice, hace de la nostalgia una parte fundamental, y un tanto meta, de su narrativa. Con muchísima acción, su uso del humor recuerda a los mejores momentos de Marvel. A veces choca por la cantidad de chistes de doble sentido, que a la vez funcionan por la forma un tanto infantil e inocentonas con la que se van dando.

Nicholas Galitzine (Red, White & Royal Blue) nos da un príncipe Adam mucho más carismático que las anteriores iteraciones, con una presencia bonachona que funciona por la facilidad con la que se le da al actor la comedia. Como Teela, Camila Mendes (Riverdale) juega el clásico papel de la competente guerrera que guía por momentos al protagonista, a la vez que hace de interés romántico de turno.
Muchísima más interesante es la relación con su padre Duncan, el guerrero venido a menos tras lo que considera su fracaso como guardia real. El arco de Elba es uno de los más ricos, ya que replantea su rol tanto como mentor en el campo de batalla como de figura masculina.
Jared Leto, a pesar de haber ganado el apodo de “Asesino de Franquicias” tras el fracaso de Suicide Squad (2021), Morbius (2022) y Tron: Ares (2025), finalmente da en el blanco con Skeletor, pero eso se deba probablemente más al guion que al mérito propio. Le permite ser lo suficientemente sádico como para un perfecto antagonista, pero recupera del dibujo animado aquel caricaturesco humor que hizo a este villano tan carismático como recordado.

Alison Brie (Together) también aprovecha su costado como humorista para entregar algo de personalidad a la malvada Evil-Lyn, a la vez que sirve de conducto para entender la deshumanidad de Skeletor. Destaca también Kristen Wiig como Roboto, una autómata alguna vez diseñada para la guerra y a la que a la ex estrella de Saturday Night Live dota de una gran personalidad a pesar de su semblante rígido y mecánico. Tom Wilton (Jurassic World: Rebirth) da voz a Cringer, el compañero felino de Adam que realmente merece mucho más tiempo de pantalla.
Una batalla ganada
Además de hacer una elección excelente de los hits musicales que acompañan la acción, la banda de sonido de Daniel Pemberton es bendecida por el talento de Brian May, guitarrista de Queen. La banda británica de glam rock The Darkness está a cargo además del tema que hace el correr de los créditos, tan disfrutables como las escenas extras que prometen mucho más si a la película le va bien en taquilla.

Amos del Universo se convierte así en una aventura fantástica que no teme trasladar a la pantalla grande un live-action calcado al original en varios sentidos, pero que demuestra que no hay manera de que se tome a sí misma muy en serio para realmente funcionar. Sin ambiciones de reinventar la rueda, genera una conexión sorpresivamente sincera con el público, demostrando que la franquicia de cuarenta años todavía tiene el poder.
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