Bailando con el diablo

Carrera al Oscar: Sinners, la película de terror que batió récords de nominaciones

Ya sea por su espectacularidad o la riqueza de su guion, la última película de Ryan Coogler ya hizo historia en los premios de la Academia.

por | Mar 14, 2026

Si hay algo que Ryan Coogler ya había demostrado con destreza es que es uno de esos pocos directores que puede tomar un mito y explorarlo de manera refrescante. Muy a pesar del espectáculo formulaico al que muchas veces se pueden reducir las producciones de Marvel Studios, con Black Panther (2018) Coogler develó mucho más que el mundo escondido de Wakanda. Ahí pudimos sentir el calor de la Hierba del Corazón entre nuestros dedos, las texturas de los los tejidos que conforman las diversas tribus de sus habitantes, así como el peso de cargar con una corona manchada de sangre.

Con Creed (2015), otra leyenda volvía a la pantalla: Rocky Balboa hacía un paso de manto a una nueva generación. Coogler tiene un gusto por la mitología de la cultura popular, por lo que no fue raro que eventualmente buscara un nuevo proyecto en el folclore. El vampiro era el punto central de su nuevo proyecto, una película que se anunció como un drama de terror histórico. Como fan del género, esta era una invitación imperdible. Escapé de trailers, quería sorprenderme en la sala ya que el director nunca me había decepcionado. Sabía que la propuesta seguramente me gustaría. Nada me preparó para el disfrute que me significó cada segundo. Sinners (2025) fue toda una experiencia.

El auto de los gemelos es de C.R. Patterson & Sons, la primera y única empresa de origen afro en hacer autos en Estados Unidos.

Por supuesto, el arte es subjetivo. Una y otra vez escuché la misma crítica: Coogler hizo exactamente lo mismo que Robert Rodríguez con From Dusk Till Dawn (1996). Dos hermanos bandidos llegan a un club nocturno, a la mitad del metraje pega un giro que nos lleva a una lucha de supervivencia contra hambrientos nosferatus. Es innegable, ambos filmes están emparentados, la obra de Rodríguez y Tarantino es un referente.

Pero lo que Coogler hace con esa premisa no es un capricho ni una simple copia. Cada decisión del guion es deliberada y tiene sentido tanto narrativo como simbólico. Sinners crea una mitología propia a la vez que cuenta una historia con varias capas de lectura en su subtexto. Demostrando que no teme a ser denominada como terror “elevado”, cayendo en la supuesta densidad tan divisoria dentro de ese subgénero. Al contrario, Sinners convierte su riqueza intelectual en espectáculo.

Michael B. Jordan como los gemelos Stack y Smoke, la resiliencia en carne y hueso.

Vampirismo de capital cultural

Si bien Remmick (Jack O’Connell) se nos presenta con un marcado acento sureño, la revelación de que sea irlandés no es para nada aleatoria, sino que engloba el sentido del vampirismo que Coogler nos presenta. Históricamente, el pueblo irlandés sufrió la opresión inglesa, por lo que tanto la persecución como la hambruna llevó a que en el siglo XVIII emigraran en masa, siendo uno de sus destinos los Estados Unidos.

Su estatus de minoría no cambió ahí. Irlandeses y afroamericanos trabajaban codo a codo obedeciendo a propietarios americanos. La pequeña gran diferencia fue que, mientras que el colectivo afro era esclavizado, los irlandeses eventualmente pudieron asimilarse a la cultura norteamericana, siendo su color de piel lo que los mantenía un peldaño más arriba en la jerarquía social.

El vampirismo de Coogler habla de eso exactamente, la asimilación cultural. La música funciona como un instrumento identitario. Para Remmick, es un vehículo para viajar a un tiempo en donde esas diferencias socioculturales no estaban tan marcadas. A través de la muerte, sus víctimas renacen como iguales. Remmick coopta tanto a quienes considera amigos como a enemigos (los supremacistas blancos del comienzo) por igual, siendo honesto al ofenderse cuando se lo acusa de pertenecer al Ku Klux Klan.

Ejemplos del maquillaje en Sinners.

Es un tipo de vampirismo que funciona en un lugar intermedio entre el bien y el mal. La transición es una celebración, una fe. Una creencia de que se llegó a algo mejor. Así como el cristianismo cometió atrocidades al convertir a los irlandeses, sus creyentes eventualmente vivieron su religión con amor. Remmick hace que sus fieles pierdan su identidad, llevándolos a adoptar un pensamiento de colmena. Ahora conocen sus costumbres, las canciones de su pueblo, sus bailes. Es un conocimiento ganado de forma tan inherente como vacía.

Para Mary (Hailee Steinfeld) y Stack (Michael B. Jordan), condenados a un amor imposible en donde el color de piel es una frontera inquebrantable, es a través de la muerte en que realmente tienen la chance de consumar un romance que, como observamos, se mantiene vivo con el pasar de las décadas. Es un retrato del afroamericano contemporáneo. No necesariamente se lo señala pasando un juicio de moral, pero la asimilación a la cultura blanca en muchos casos hizo que se olvidaran de la sangre que corrió durante esa transformación.

Hailee Steinfeld y Michael B. Jordan como Mary y Stack, los amantes cuyo romance se consuma en la muerte.

El vampirismo en Sinners es la representación de quienes juran que el racismo y la segregación no existe en la actualidad, alegando que «son cosas del pasado«. Señala lo peligroso de esa postura aparentemente inocente, en donde negar la discriminación sistémica de otros grupos raciales hace de estos potenciales presas de la manipulación y violencia, a la vez que devalúa sus experiencias. Si bien Remmick dice muy claro que para él “son todos iguales”, continúa reafirmando la jerarquía de poder, tomando el inequívoco lugar de líder después de depredar a quienes llama sus pares.

La música del diablo

Además de ser uno de sus ejes e hilo conductor que articula la historia, el uso de la música en Sinners es sinónimo y representación de la cultura. Funciona casi como una narración paralela, en donde al analizar sus versos y notas encontramos que los conflictos sociopolíticos de quienes la compusieron dialogan con las situaciones en pantalla .

Tomemos Pick Poor Robin Clean, la canción que Remmick y sus dos esbirros vampíricos tocan por fuera de la cantina, buscando atraer a sus presas. La melodía, alegre y casi infantil, parece tener sus raíces en Who Killed Cock Robin?, una canción de cuna cuya letra habla del asesinato y el funeral de un petirrojo.

Lola Kirke como Joan, Jack O’Connell como Remmick y Peter Dreimanis como Bert.

Considerada una de las primeras canciones blues en ser grabadas allá por el año 1927, su letra puede tomarse como una metáfora de la explotación. Habla de tomar las partes de un petirrojo, un ave que era comúnmente consumida por la clase obrera en tiempos de hambre en el siglo XIX.

Justamente por eso, también puede considerarse que metafóricamente habla de la clase obrera misma, haciendo alusión a un canibalismo literal o alegórico. Remmick subraya esta idea al tocar la canción con un banjo, un instrumento creado por esclavos africanos del Caribe y Norteamérica, que más tarde fue popularizado por músicos country blancos. Sabe muy bien que la disonancia cultural es una provocación para quienes escuchan desde dentro de la cantina.

También podemos encontrar contradicciones intencionales en una de las escenas más icónicas de la película, cuando el vampiro baila rodeado por sus víctimas. La canción Rocky Road to Dublin es una tonada tradicional que se popularizó en Irlanda del siglo XIX. Cuenta la historia de un hombre que deja Tuam y viaja a Dublin para hacer fortuna. A pesar de que su temor original es encontrar duendes y espíritus en el camino, termina enfrentando a la violencia y discriminación de los ingleses. La letra resalta el miedo a lo sobrenatural, cuando su pueblo no pudo defenderse de una fuerza opresora muy humana.

Originalmente bailada con un zapateo suave (más cercano al ballet y mayormente bailado por mujeres), los pasos de Remmick son más enérgicos y masculinos. Esto no es un cambio inocente, ya que demuestra la forma en que reapropia su patrimonio, transmitiéndolo a sus acólitos de forma que se desliga de su propia tradición. Los últimos acordes de la canción transforman sus sonidos en un góspel mientras sus víctimas lo rodean y celebran. En apenas un par de minutos, observamos cómo pasionalmente se reafirma el proceso de asimilación.

Referencias del vestuario, peinados y maquillaje de Sinners.

¿Y qué es lo que atrae a los vampiros a la cantina en primer lugar? Ludwig Göransson, compositor de la película, representa el poder de trascender al tiempo a través de los acordes que Sammie (Miles Caton) toca. Incorpora a las últimas notas de I Lied to You a la gaita irlandesa, convirtiendo sus sonidos a los de un sintetizador que a partir de ese momento se mantiene presente en la música extradiegética.

La sensación tan inmersiva de esa secuencia sin duda realza el porqué es una de las más impactantes de los últimos años. Los ritmos se superponen, dos tiempos distintos se yuxtaponen tanto en lo musical como lo visual. Es un llamado al pasado y al futuro, en donde minorías nativas americanas, asiáticas y africanas entran en comunión, mostrando la espina dorsal de la música tal como hoy la conocemos. Es la definición de la magia que poco tiene de sobrenatural, aquella que solo puede darse en una sala de cine. Una que nos hace partícipes de la celebración del arte, a través del arte.

Todos somos pecadores

Sammie y Smoke observan a Remmick quemarse con la salida del sol.

Cuando el enemigo es sobrenatural, ya sea vampiros o una posesión satánica, el relato cinematográfico tiende a encontrar la salvación en ritos cristianos. Pero, ¿qué pasa cuando tu vampiro fue convertido por la iglesia protestante y recita sus plegarias sin mosquearse? Doblando la apuesta en el enfrentamiento final, Remmick aterroriza a Sammie, forzándolo bajo las aguas del lago en un perverso bautismo.

Sinners está plagado de simbolismo cristiano: desde cómo podríamos interpretar a Smoke y Stack como Caín y Abel, hermanos destinados a terminar su relación de forma sangrienta, hasta la serpiente que encuentran detrás del camión como signo de mal augurio. Desde la primera escena, cuando Sammie llega a la capilla de su padre, la religión occidental aparece como un espacio de salvación, pero también como herramienta de opresión. Su verdadera fe, la música, lo convierte en pecador a los ojos de su padre.

La leyenda del blues, Buddy Guy, interpreta a Sammie en su vejez.

Sammie tiene dos elecciones que hacer. Su padre le pide renunciar a sus pecados, representados por su guitarra. Stack le ofrece la vida eterna, a cambio de la pérdida de su memoria cultural. El chico se niega a ambas opciones, eligiendo vivir una vida larga haciendo lo que ama y no olvidando de donde viene. La escena post-créditos refuerza la idea de que habita un lugar intermedio: lo encontramos en la capilla, tocando un blues. Lentamente mira hacia arriba. ¿Acaso encontró la luz? ¿O ese instrumento maldito realmente lo conecta con otras fuerzas?

“En esa época leyendas de la música blues promovían el misticismo, diciendo cosas como “el Diablo tomó mi guitarra” o “vendí mi alma al Diablo”. Lo que aprendí en mi investigación es que esta misma gente creció en la iglesia. Es entender esa dicotomía sobre ese específico tipo de música, quizá la música más importante en términos de popularidad global, y como se aferra a un lado oscuro. Entonces pensé, una película de terror es la mejor forma de explorarlo.”

Smoke y Stack también se encuentran en la fina línea de la dualidad, apareciendo como la personificación de la resistencia. Mataron a su padre para sobrevivir, fueron a Europa a una guerra que les era ajena y, tras robarle al hombre blanco, resignifican sus armas y su dinero para hacer comunidad. Ambos enfrentan a dos mundos que los quieren muertos, el sobrenatural y el de la violencia estructural con la que crecieron. Mientras que Stack decide ser asimilado y vive para ver un futuro inalcanzable, Smoke cobra venganza del Ku Klux Klan y encuentra paz en el otro mundo, reclamando su verdadero nombre: Elijah.

Wunmi Mosaku como Annie, la practicante de hoodoo y madre del hijo de Smoke.

Annie (Wunmi Mosaku), madre del hijo de Smoke, es un personaje que rompe con los estereotipos. No es la joven heroína hegemónica que el cine comercial demanda en el afiche de sus películas. Representa otro lado de las culturas y prácticas mágicas ancestrales. Es la mujer sabia, aquella que no tiene una posición de poder en las religiones occidentales, pero que la comunidad visita en búsqueda de salvación.

Tanto vivos como muertos saben que la salida del infierno en la Tierra está en hacer comunidad. El mismo Remmick, en su primera aparición, escapa de nativos americanos a los que probablemente quiso convertir. La cantina se convierte en refugio mucho antes de que los no-vivos ataquen. Es un lugar en donde Mary, a pesar de pasar por blanca, puede conectar con su herencia. Es el lugar que los blancos supremacistas, a favor de mantener lo que ellos consideran su propia comunidad intacta, quieren destruir.

Fragmento de uno de los posters de Sinners, hecho específicamente para Imax.

Sea por los vampiros o por el Klan, todos estaban condenados desde el comienzo. Y ahí es donde aparece la definición del horror en cine. El terror es mucho más que sustos que hacen que saltemos en la silla. El verdadero horror es aquel que genera incomodidad, que se queda con nosotros como una espina, la sensación de que salimos de la sala con algo erróneo pegado al cuerpo. Sinners sabe que el terror fantástico no puede competir con las atrocidades que leemos en los libros de historia y que hoy día, escuchamos en las noticias.

Es por eso que Delta Slim (Delroy Lindo) tiene uno de los momentos más emblemáticos, si bien puede pasar desapercibido frente a la espectacularidad del resto del relato. Slim rememora la brutalidad de las cual sus hermanos y hermanas fueron víctimas, pero Coogler no tiene necesidad de mostrar sus cuerpos violentados por esclavistas. El monólogo lo hace por sí mismo, mientras los gritos desgarradores del eco de la realidad se abren paso como el verdadero horror.

Miles Caton, Delroy Lindo y Michael B. Jordan como Sammie, Delta y Stack en Sinners.

Un récord nunca antes visto

Teniendo en cuenta el éxito rotundo que Sinners tuvo tanto con la crítica como el público, no fue sorpresa que arrasara en la temporada de premios. Eso fue, claro, hasta que las nominaciones a los Oscars fueron anunciadas. Siendo parte de 16 categorías, la película batió un récord histórico al cosechar la mayor cantidad de nominaciones en la historia de la premiación. Como si fuera poco, Autumn Durald Arkapaw, su directora de fotografía, se convirtió en la primera mujer negra en ser nominada por esta labor.

Hay que decirlo, Sinners también rompió con la maldición con la que carga el cine de este género. El terror, independientemente de su éxito, rara vez es tomado en serio en las premiaciones más importantes de Hollywood.

Y no es para menos. El elenco es impecable, la banda de sonido trasciende su rol tradicional y la fotografía demostró la recompensa detrás de filmar en formatos complicados como el Ultra Panavision y el IMAX 65 mm. Su rigurosidad histórica no solo se limita a peinados, maquillaje y vestuario. El trabajo de investigación detrás de este guion cubre hasta el más mínimo detalle, siendo otras de las capas por las cuales Sinners invita a ser revisitada una y otra vez.

Michael B. Jordan prueba que no solo es una cara bonita, mostrando su talento al interpretar a los gemelos Stack y Smoke.

Ante todo, es una de las raras ocasiones en las que el cine contemporáneo se convierte en toda una vivencia. Me retrotrae a ese tiempo en que el braquiosaurio de Jurassic Park (1993) me erizó el pelo de los brazos, cuando la butaca del cine todavía me quedaba grande. Me recordó la sensación de hacer zapping y, tras parar con curiosidad en un canal, percatarme de que estoy viendo algo que marcará mi corazón de cinéfila con los años. 

Algún día volveré a ver a Sammie tocar, mientras, por una noche en una cantina, amantes y amigos pasan la mejor y última noche de sus vidas. Seguramente recuerde la misma emoción que me generó acompañarlos, mientras por primera vez los veía en pantalla grande. Y probablemente, cuando nos volvamos a encontrar, seré consciente de que esa misma emoción será la que me produzca en el futuro, cuando vuelva a revisitar su maridaje entre poética, rigurosidad histórica y terrorífico show. Porque Sinners, ante todo, es una experiencia.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.