La serie de Hawkeye (2021) tenía varias casillas para llenar, después de un año repleto de producciones originales de Marvel entre el cine y la pantalla chica, que exploraron las consecuencias en un mundo post-blip, presentaron muchísimos personajes nuevos y nos dejaron conceptos grandilocuentes como multiverso, eventos nexus y magia del caos. Como si no fuera suficiente presión, la serie también tiene que vivir a la sombra del esperadísimo estreno de Spider-Man: No Way Home (2021), un fenómeno de taquilla y de manija sin igual. Y no solo cumplir con la tarea de construir hacia adelante, sino también hacerle honor al legado de todos los personajes que se sacrificaron para que Clint Barton pueda -finalmente- estar con su familia en esta Navidad.

Uno de los seis Avengers originales, el arquero púrpura siempre fue -junto con Black Widow– el único sin superpoderes ni trajes especiales, el agente de SHIELD entrenado para matar que terminó luchando a la par de dioses y monstruos. Esa condición tan humana le ganó el cariño de los fans, tal como sucedió con Natasha Romanoff, y lo convirtió en uno de los favoritos, pegamento y cable a tierra del grupo de superhéroes. Pero, en un giro desafortunado del destino -o, mejor dicho, de la pluma de los guionistas- su eterna amiga y compañera de aventuras se sacrificó en su lugar, dejando su vida en Vormir por la Gema del Alma, para que Hawkeye pudiera volver a reencontrarse con los suyos.

Ese sacrificio sigue presente en cada uno de los episodios de la serie, a través de diálogos y de acciones, y sin dudas es uno de los grandes aciertos de la historia. Sus creadores entendieron que, para que el arco de su personaje resulte creíble, el peso emocional de estas decisiones necesitaba estar presente en la serie. Y todo el camino que Clint Barton había desandado en cinco minutos de Avengers: Endgame (2019) pedía a gritos un mejor desarrollo, tomándose el tiempo para adentrarse en su culpa de sobreviviente, estrés post-traumático y todas las consecuencias físicas y emocionales que los hechos del enfrentamiento con Thanos dejaron en su vida y en el mundo que habita, al nivel del suelo. No por nada su primera escena en la serie lo sitúa, justamente, en un literal escenario que glorifica las hazañas de los Avengers, mientras él sufre la ausencia de Natasha.

A partir de ese momento, cada una de las decisiones que tome Clint Barton serán en pos de evitar más tragedias, aunque el curso de la historia lo lleve inexorablemente a reencontrarse una y otra vez con su traumático pasado. El manto de Ronin, el asesino de pandilleros y mafiosos en el que se convirtió Barton tras el chasquido de Thanos, será uno de los elementos clave en esta historia, que vuelve a aparecer literal y metafóricamente, exigiendo reparaciones por las acciones del pasado. Las consecuencias de los actos son uno de los temas centrales de la serie, mientras el otro gran tema gira en torno a las aspiraciones (de heroísmo o de venganza) por parte de sus protagonistas.

Alrededor de estos dos ejes centrales giran las historias de las tres nuevas protagonistas que esta serie se encarga de introducir (o consolidar) a lo largo de su primera temporada: Kate Bishop, Maya López (alias Echo) y Yelena Belova. Por un lado, el conflicto principal es la relación de mentor y aprendiz que se establece entre Kate y Barton, involuntaria para este último. A través de encuentros desafortunados y misiones improvisadas, los dos héroes protagonistas forjan un vínculo que funciona tanto gracias al excelente ritmo de la serie y su tono balanceado entre el drama, la acción y la comedia, como a las interpretaciones de Hailee Steinfeld y Jeremy Renner, que desbordan química y talento en esta dinámica tan clásica de las buddy movies policiales de los noventa.

La Kate Bishop de Steinfeld aporta toda la calidez, optimismo y espíritu navideño ausentes en la vida de Clint, quien se encuentra lejos de su familia y sufriendo de los efectos de su pasado como justiciero. Sin embargo, Kate es felizmente ignorante de lo que significa llevar una vida como héroe, ya que solo conoce el lado luminoso e inspirador del oficio. Y -tal como le dice su madre en el primer episodio- el hecho de ser joven y rica la hacen sentirse invencible. Pero esas no son las únicas cualidades de la arquera, ya que su asombrosa perseverancia será sin dudas el rasgo más distintivo de su personaje de ahora en más. Como siempre digo, lo que hace héroes a los héroes no son los superpoderes, sino la capacidad extraordinaria de reponerse ante la adversidad y ayudar a los demás.

Esto es precisamente lo que Kate hace por Hawkeye, quien a su vez -sin saberlo- la ayudó durante toda su vida, inspirándola a seguir adelante y superarse, desde que los Chitauri atacaron New York, causando el accidente que mató a su padre. Esta es la primera secuencia con la que elige abrir la serie, para demostrarnos quién es nuestra verdadera protagonista y cuál es su poderosa relación con su ídolo. En una nota similar, tanto el personaje de Echo (Alaqua Cox) como el de Yelena Belova (Florence Pugh) también son presentadas al principio de sus respectivos episodios a través de flashbacks, para mostrarnos los momentos de sus vidas que las marcaron para siempre y las condujeron hasta el lugar donde las encontramos.

Con estos recursos narrativos tan eficientes, la serie de Hawkeye va construyendo una historia sólida y llenando todas esas casillas que necesitaba marcar: plantear la posibilidad de una redención para Clint Barton, no sin antes enfrentarlo a las consecuencias de sus acciones, presentar a los nuevos personajes que van a heredar el protagonismo después de la Fase 4, conectando el pasado de los Avengers originales con el futuro de sus sucesores, e introducir nuevos antagonistas al nivel de la calle, lejos de las amenazas intergalácticas y la magia de hechiceros. Además, prepara el terreno para el spin-off de Echo (2022-) y para el futuro de Yelena Belova (y las otras Viudas) en el Universo Cinematográfico de Marvel.

Y, a solo un episodio del final, también tuvimos la revelación que tanto estábamos esperando: la aparición de Kingpin, el villano más emblemático del submundo criminal de la New York marvelita. El regreso de Vincent D’Onofrio al papel que lo consagró como el Wilson Fisk definitivo en la serie de Daredevil (2015-2018) era una de las apuestas más fuertes de los fans (y el anticipo del rumoreado regreso de Charlie Cox como el Diablo de Hell’s Kitchen). Pero no nos adelantemos: todavía hay muchas incógnitas para resolver en el último episodio (¿quién es en verdad Eleanor Bishop? ¿qué secretos guarda ese reloj? ¿veremos a Pizza Dog en acción?) y solo podemos esperar una conclusión satisfactoria para esta serie tan consciente de sus fortalezas, entretenida y bien balanceada, que ya se está ubicando como una de las mejores de Marvel.

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