Desde la creación del corto Fantasmagorie (1908) de Emile Cohl y El Apóstol (1917), primer largometraje animado y obra del  argentino Quirino Cristiani, el mundo considera a esta disciplina como un arte digno de admiración. Pero si bien fue múltiples veces premiada en los prestigiosos Oscars, no fue hasta 1992 que se honró a La Bella y la Bestia (1991) de Disney, haciendo historia al competir por el máximo galardón, el de Mejor Película. Con la llegada del nuevo milenio, la Academia decidió honrar esta particular técnica con una merecida categoría propia, siendo Shrek (2001) de DreamWorks el primer largometraje animado en llevarse la anhelada estatuilla.

Ya a dos décadas de haberse agregado esta categoría hay un detalle que resulta imposible de obviar, y es que solo en seis ocasiones películas no pertenecientes al imperio que es ahora Disney lograron ganar este premio. Además de la ya mencionada Shrek, la acompañan Wallace and Gromit: The Curse of the Were-Rabbit (2005), Happy Feet (2006), Rango (2011), Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018) y la que hizo historia al ser el único filme de habla no inglesa en ganar el galardón: Sen to Chihiro no Kamikakushi (2001), en Latinoamérica conocida como El Viaje de Chihiro, del admirado Hayao Miyasaki.

Es curioso cómo las nominaciones de este año parecen, en cierta manera, reflejar este conjunto de datos, ya que algo muy particular se dio entre las películas nominadas. Por un lado, una vez más (y para sorpresa de nadie) Disney pisa fuerte, siendo tres de las películas nominadas pertenecientes a su estudio y a Pixar, que -como bien sabemos- también es de su propiedad. Por otra parte, otro largometraje de habla no inglesa está en competencia. Pero ¿qué cinco películas conforman la categoría que compite por el premio?

Encanto

Durante una conferencia que PopCon presenció en el evento Pixelatl 2021, el co-director de Encanto, Byron Howard, explicó que una de las metas que tenía para la película era contar una historia en la que el espectador pudiese realmente conectar no solo con la protagonista, sino con toda la familia Madrigal. Es una grata sorpresa que una compañía como esta, teniendo en cuenta las tensiones que Estados Unidos tiene respecto a las políticas migratorias, haya tomado como base de la historia a una familia de inmigrantes latinos que alguna vez huyó de la violencia en su pueblo natal.

Cuando conocemos a los Madrigal, cada miembro de la familia es bendecido con un poder mágico, dones con los cuales ayudan a que su pueblo prospere. Todos salvo Mirabel. Y es ella, como oveja negra y miembro no funcional dentro de estas dinámicas, quien a través de la empatía y comunicación desacomoda la estructura toxica destinada a traer infelicidad a sus familiares. La película toca tanto temas de la psicología, como es la familia sistémica o los traumas generacionales, como las personalidades arquetípicas de, por ejemplo, la madre sanadora o los hijos perfectos. Así desarrolla tanto a los personajes como sus conflictos con una emotividad en la que el público puede, así como Howard esperaba, verse reflejado. La felicidad en Encanto finalmente no se encuentra en la excelencia, sino en acompañarnos los unos a los otros y abrazarnos en nuestras imperfecciones para crear una verdadera familia y comunidad.

Segundo largometraje de Disney en representar a la cultura latina, sus directores deseaban retratar a Colombia ante todo a través de la música, tanto tradicional como contemporánea. No es sorpresa que Encanto también lograse una nominación en la terna Mejor Canción gracias a la magia de la banda de sonido del talentoso Lin-Manuel Miranda. Lo sorprendente quizás es la decisión de la compañía en no postular a la popular canción “No Se Habla de Bruno”, que con su cantidad de reproducciones se convirtió en una de las más exitosas melodías de la historia de Disney.

Raya and the Last Dragon

La segunda nominación para Disney llegó de la mano de Raya and the Last Dragon, película que gozó de estar conformada por un extenso elenco asiático, tanto dando voces a los personajes como entre los miembros de su producción. Parte de una controversia, ya que debido a la pandemia y consecuentemente con los complejos de cine parcialmente cerrados, el estudio se vio obligado a estrenar ciertos filmes directamente para su plataforma de streaming, cuestión que se convirtió en una perdida financiera, ya que de esta manera las películas quedaban expuestas a ser rápidamente pirateadas. 

Y este fue el caso con Raya también, estrenada de manera híbrida tanto en cines como directo a Disney+. Celebrada por introducir un mundo fantástico, pero con una clara influencia oriental, la riqueza de la cinta en gran parte se encuentra en la complejidad que conforma al mundo de Kumandra, rico en su historia, leyendas, cultura y la relación entre sus distintas naciones ahora divididas y luchando por la supremacía política. Es Raya (Kelly Marie Tran) quien mantiene la esperanza de lograr la paz a través del legado de su padre, encontrando los pedazos de la gema dejada atrás por la mítica dragona Sisu (Awkwafina), salvadora de su pueblo y ahora presa dentro de la reliquia quebrada. Viajando para intentar reunir estas piezas e invocar a Sisu, la película parece dividirse casi en capítulos, llevando a sus personajes a visitar cada una de las tierras de Kumandra, haciendo nuevos amigos y enfrentándose a viejos enemigos en el camino.

A pesar de la espectacularidad técnica con la que las escenas de acción son representadas, Disney una vez más apuesta por finales más enfocados en el desarrollo de personajes, haciendo que las batallas internas tengan más peso que las externas. La diversidad de los personajes de Raya, pero principalmente las circunstancias que los unen, los muestra a todos de una manera u otra víctimas de un continente en guerra. La fe en nuestros pares y el poder del perdón vencen enemigos que una espada no puede enfrentar.

Luca

Estrenada también directamente en streaming en la plataforma de Disney+, la única nominación de Pixar este año corresponde a una película peculiar dentro de su filmografía. Luca tiene una búsqueda visual que destaca entre otros productos de este estudio, con personajes que -si bien son claramente hechos por computadora- remiten a la técnica del stop-motion, un tipo de animación que en décadas pasadas llegó a ser muy popular. Esta decisión sin duda acompaña la sensación de nostalgia que Enrico Casarosa, su director, transmite en una historia que está -a grandes rasgos- basados en recuerdos de su infancia.

Ambientada en las costas de una Italia de ensueño, la historia nos lleva a la profundidad del mar donde el joven monstruo marino Luca, así como Ariel de La Sirenita (1989), se encuentra fascinado con todo aquello proveniente del mundo terrestre. Debido a la desaprobación de sus padres, Luca huye fuera del mar, conociendo allí al joven Alberto, otro de sus pares, quien le enseña que simplemente saliendo del agua sus cuerpos se convierten en humanos. Sus aventuras son simples, pero mantienen la sensación de que hasta las cosas más comunes del día a día son maravillosas a través de los ojos de un niño.

Luca cuenta un relato sencillo, pero no por eso menos fascinante. Esta alegoría sobre ser parte de un colectivo disidente y los miedos de no ser aceptados por nuestros pares es una bella historia sobre la amistad, con la que probablemente los niños pudieron conectar con mayor facilidad que con otros productos de Pixar como fue Soul (2020), pero no por eso de menor deleite para los adultos.

The Mitchells vs. The Machines

Desarollada por los productores de The Lego Movie (2014), de la ganadora del Oscar Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018) y los guionista de Gravity Falls (2012-2016), esta producción de Sony Pictures finalmente llegó a nuestras pantallas gracias a Netflix. Con un estilo visual claramente influenciado por los logros del filme sobre el héroe arácnido, esta alocada película es una bomba visual en donde los caóticos pensamientos de la protagonista aparecen garabateados en la pantalla. Estos gags son solo una parte de una absurda comedia en medio de un apocalipsis tecnológico, que toma nota de las atrocidades que hizo Skynet en el clásico Terminator (1984).

Pero las lágrimas no son solo producto de las risas garantizadas por la película, ya que sin duda es fácil emocionarse con el gran corazón del filme. Denominada por Katie, su protagonista, como la “peor familia de la historia”, los Mitchell son sin duda disfuncionales, pero en sus particularidades, fáciles de reconocernos.

Con un humor excepcional que mezcla películas caseras, robots y Furbies, la historia tiene gran calidez, explorando las dificultades de una familia ordinaria, en donde los choques generacionales están presentes, pero el amor entre los personajes es siempre palpable. La relación entre Katie y su padre es sorprendentemente orgánica, con poco que envidiarle a las dinámicas entre Lady Bird (2017) y su madre en la película homónima de Greta Gerwig. Cosa que tiene mucho sentido, si tenemos en cuenta que Katie considera a la directora como una de sus heroínas de la historia del cine.

FLEE

Si de hacer historia hablamos, la película danesa Flee (2021) es sin duda el filme que destaca, ya que por primera vez una película animada está en carrera para ganar la estatuilla dedicada a Mejor Película Animada, a la vez que es nominada como Mejor Documental y Mejor Película Extranjera.

Este docudrama es predominantemente una serie de entrevistas a Amin Nawabi, un joven académico afgano que, actualmente residiendo en Norteamérica, lleva a cabo esta dinámica con un amigo de su juventud. Amin se muestra dubitativo al compartir por primera vez sus recuerdos, el reconocerse homosexual en una cultura en donde esas prácticas son relacionadas con la vergüenza, pero predominantemente el miedo a compartir sus experiencias como un niño inmigrante, refugiado de guerra.

En tiempos donde la inmigración por persecuciones bélicas se está convirtiendo en lamentable moneda corriente, Flee nos recuerda que estas atrocidades no son nada nuevas y que millones conviven con sus consecuencias, lejos del atento ojo del público. Utilizando la animación para traer al ahora los recuerdos de Amin, observamos su infancia en Afganistán, con la guerra civil cambiando la vida de su familia para siempre. Atravesada por imágenes reales de noticieros de distintas naciones, el espectador recuerda una y otra vez que esta historia no es ajena ni un producto de ficción. Es un duro pero bello relato, en donde los silencios forzados e ineludibles pueden ser un método de supervivencia, pero corroen el corazón. A Amin le resulta tan difícil contar su historia como a la audiencia probablemente oír y ver estos  horrores, convirtiéndola en una película difícil, pero emocionante y muy necesaria de ver.

Al considerar los títulos nominados y compararlos con entregas pasadas del prestigioso premio, es imposible no notar el patrón. Tanto Disney como Pixar son continuamente los nombres por los cuales los votantes tienden a apostar. Grandiosos títulos que innovaron lo que en general llega a los cines, como The Secret of Kells (2009) de Cartoon Saloon, uno de los pocos estudios que aún se dedican a la animación 2D, pasaron completamente desapercibidos. Esto no desmerece el trabajo de los grandes estudios, pero ya muchos de los votantes admiten que al considerar a esta una categoría infantil o que no es de su interés, rara vez tienen en cuenta a aquellos raros tesoros que logran una nominación, prefiriendo por el contrario entregar su voto a las cintas más populares.  

Como rezaba el eslogan: Disney es magia, es diversión. Eso en innegable y la calidad de gran parte de sus producciones lo demuestran. Pero con la incorporación de Pixar y luego las compañías de animación de Star (antes conocida como Fox), sus filmes en general siguen ciertas líneas, respaldados por un gigante que da poco lugar a que producciones independientes lleguen a nuestras pantallas.

Fuera del monopolio y de modos que tienden a ser repetitivos en sus formas, la animación puede apostar a otro tipo de diversidad. Técnicas, temas, orígenes, inclusive su público puede salir de la norma ambigua que busca captar la atención tanto de niños como adultos, permitiendo que ese sea un camino posible, pero no necesariamente la norma. De este tipo de producciones hay montones que merecen también este tipo de reconocimiento y, por consiguiente, que se continúe apostando por ellas.

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