Entre costuras

El vestuario de “Poor Things”: Cuando los textiles narran su propia historia

Analizamos la clara evolución de Bella Baxter a través de su vestuario y cómo cada una de las prendas reflejan el alma y recorrido de los personajes.

por | Mar 5, 2024

Las referencias que Yorgos Lanthimos le entregó a su vestuarista Holly Waddington fueron dos: unos pantalones inflados y la acuarela Hair (1911) del expresionista austríaco Egon Schiele. Es así como una silueta fuera de proporción y la larga melena negra de una mujer desnuda se convirtieron en la piedra fundacional de la estética en que ambos trabajarían.

La libertad de experimentar que el director griego le dio a la diseñadora fue clave a la hora de encontrar una composición en donde la belle époque y la ciencia ficción se combinaran. El resultado fue sobresaliente, dando lugar a un vestuario que viene arrasando en esta última temporada de premios.

Con un BAFTA, el Critics Choice y un galardón del Gremio de Diseñadores de Vestuario entre tantos otros ya en el bolsillo, ¿será la película capaz de llevarse también el Oscar a casa?

Entre la realidad y la fantasía

El surreal universo que Bella Baxter (Emma Stone) habita se supone está ambientado en la segunda mitad del siglo diecinueve, pero como aclara Waddington, uno de sus principales focos era intentar que la vestimenta tuviese textiles y formas modernas, abrazando así las cualidades fantasiosas del relato.

La primera escena nos presenta a Victoria Blessington (Stone), escondida debajo de un vestido victoriano que bien podría parecer una armadura, con el profundo azul casi perdiéndose en las aguas del río Támesis.

El filme se vuelve blanco y negro, quizá en representación de la mirada simple y restrictiva del hogar en el que se cría la protagonista, a la vez que el ojo de pez del lente deforma la realidad.

La infancia

La decisión de último momento de sacar el color de los primeros tramos hizo que los distintos tonos de celeste del vestuario se perdieran, por lo cual los atuendos destacan ante todo por sus exageradas siluetas y sus distintas texturas.

Una de las primeras escenas nos muestra a Bella en los jardines de su hogar, usando grandes y abultadas mangas diseñadas de manera tal que parezcan las de una muñeca, desproporcionada para la escala de un cuerpo humano.

Que no usara la falda es una decisión que Waddington tomó al observar cómo los niños se relacionan con su ropa, imaginando así a una Bella deambulando por la casa y quitándose las prendas con las que la Sra. Prim (Vicki Pepperdine) la vistió.

Esta moda aniñada es también la razón por la cual ropa interior que lleva expuesta se asimila a un cubrepañal de mediados del siglo XX. Finalmente el bullicio, la almohadilla trasera del vestido, se asemeja a una verdadera pieza de la moda del siglo XIX, pero fue elegido por ese aire contemporáneo en sus franjas infladas.

El vestido, delantal y la cofia que la Sra. Prim usa están basados en los uniformes que la servidumbre británica usaba en la segunda mitad el siglo XIX. Al adherirle detalles hechos en tela plástica, se buscaba dar una sensación más moderna. Por otra parte, la rectitud de los pliegues que atraviesan la falda, los brazos el pecho y cuello remarcan la seriedad y severidad del personaje.

El patriarca de la casa, Godwin Baxter (Willem Dafoe) se caracteriza por la división de sus dos estilos, una dualidad que refleja la personalidad de un hombre que juega a ser Dios. Por un lado, el científico se destaca por sus overoles y trajes utilitarios basados en la estética futurista de los artistas visuales y diseñadores Varvara Stepanova y Thayaht.

Al salir del hogar para mezclarse con el hombre común, usa un traje apropiado para su época, pero los detalles continúan reflejando las particularidades de su ser. Los bolsillos están diseñados de tal forma que parezca bocas o cicatrices como las que lleva en el rostro, mientras que el tapado bordó oscuro y su sombrero busca remitir al color de las entrañas.

La trotamundos

Duncan Wedderburn (Mark Ruffalo), el abogado de los Baxter, alienta a Bella a abandonar su hogar para conocer más profundamente al mundo y, en un detalle no menor, su sexualidad. Definido por su carácter exageradamente seductor, debajo de su vestuario Ruffalo usó un corset y relleno para acentuar ciertas partes de su cuerpo, buscando una silueta que remitieran a las caricaturas de las masculinidades británicas de la época.

Uno de los primeros  trajes que le vemos usar está compuesto de un lino dorado que acompaña y realza el azul en el vestuario de Bella en este segmento. La chaqueta de ella es de una textura esponjosa, la blusa que usa por debajo resalta por volados basados en aquellos usados para cubrir modestamente el escote de las mujeres victorianas.

Sus botas blancas están inspiradas en la colección La Era Espacial que el diseñador francés André Courrèges presentó en la década del sesenta. Una vez más, la vemos despreocupada a pesar de pasearse en paños menores, resaltando así la libertad con la que se mueve el personaje.

Con el paso del tiempo, Bella se empieza a percatar de cómo su personalidad choca con la de Wedderburg, cosa que se refleja también en su ropa. Su vestido amarillo es descrito como el del color de un mango, tono que Lanthimos buscaba con insistencia.

Confeccionado con satín de seda duquesa y con detalles en poliuretano, el color parece internar camuflarla en el salón en donde cena con la burguesía. A diferencia de las autoproclamadas mujeres educadas, Bella usa su largo pelo azabache suelto. Combinado con el amarillo, esos colores buscan emular aquellos que en ciertos insectos, ranas o reptiles aparecen como una señal de peligro.

Durante el crucero, Bella conoce a Harry Astley (Jerrod Carmichael), un cínico intelectual que resulta clave para inspirar el pensamiento crítico en ella. Su vestuario se compone principalmente de motivos náuticos, así como está vagamente inspirado en la moda del 1920, mostrándolo adelantado a su tiempo.

Él la acompaña en su paso por Alejandría, con una Bella a la que vemos por primera vez usando un traje completo, señalando así que está alcanzando un nuevo grado de madurez. Los exagerados volados y las enormes mangas de su pulcro vestido blanco no solo remarcan la femineidad de su cuerpo, sino que crean el mayor contraste posible con la miseria que encuentra al llegar a tierra. El broche que lleva en su cuello esta hecho en marfil, material común usado en la joyería victoriana y símbolo de la explotación y crueldad por parte del imperio británico hacia sus colonias.

El último trayecto de su viaje la lleva a Paris, en donde se encuentra con Madame Swiney (Kathryn Hunter), la dueña de un burdel. Escondiendo los múltiples tatuajes en su cuerpo, Waddington se refiere al vestuario de la madama como el entapizado de un mueble antiguo, casi unificándola con la del establecimiento que dirige.

Las sedas que lo componen son fibrosas, con texturas orgánicas. Los broches de manos doradas, un motivo muy popular en la joyería victoriana, parecen atravesar su torso en un abrazo, sosteniéndola en la cintura y sobre su hombro derecho. Swiney es una matriarca, una mujer del este de Londres endurecida por los tiempos y la supervivencia.

Su cabello escondido, quizá hasta inexistente, se mantiene misterioso debajo de su turbante, inspiración que la diseñadora encontró en las mujeres de clase trabajadora de la Inglaterra en la década de 1940.

La vuelta a casa

Al regresar a Londres, Bella se reencuentra con Max McCandles (Ramy Youssef), el pupilo y empleado de su padre y personaje cuyos cambios a lo largo del film resultan sutiles, pero evidentes. En un comienzo vestido con ropas que parecían no del todo estar hechas a su medida, con el pasar del tiempo la ropa de Max no solo le calza mejor, sino que se vuelve más formal.

Anclada en tonos rosados, similares a los de la piel o al de los ungüentos antisépticos, los botones de su abrigo presentan orificios que bien parecen oídos, mientras que aquellos de su saco son de un tono similar al del pus en una herida. Su capa es una adición que busca darle un aire noble y hasta heroico.

Para este entonces, Bella no solo vio el mundo, sino que logró encontrarse a sí misma y sabe lo que quiere para su futuro. Estudiando ahora medicina, el uniforme negro que usa está compuesto por una chaqueta típica de la moda parisina en 1890, un diseño que hace que se mimetice con sus compañeros de clase.

Rígida, la pesada lana marca un gran contraste con la ligereza de las telas que ella usaba anteriormente. A pesar de ahora encajar en este mundo masculino de pesados trajes, destaca al no usar la falda que le haría juego, demostrando que no renuncia a su libertad y continua marcando el individualismo que siempre la destacó entre sus pares.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.