Nada es lo que parece y nadie es quien dice ser en la nueva y atrapante película de Guillermo del Toro. La apariencia de neo noir esconde mucho más debajo de la superficie de esta remake, basada a su vez en la novela homónima del escritor William Lindsay Gresham. Nightmare Alley (2022) lleva el sello inconfundible de su aclamado director, con un ambiente oscuro y lleno de secretos, dominado por fuerzas superiores que se intuyen sobrenaturales, a pesar de que es su obra más anclada a tierra. Las poderosas interpretaciones de Bradley Cooper y Cate Blanchett, junto a un elenco de lujo, contribuyen para lograr esta atmósfera inquietante, en el marco de un diseño de producción (a cargo de Tamara Deverell) que nos sumerge en el mundo concebido por el cineasta mexicano.

Según la sinopsis oficial, la historia gira en torno a un hombre carismático pero desafortunado llamado Stanton Carlisle (Bradley Cooper), quien se adentra en el mundo de las ferias ambulantes de los años cuarenta, donde conoce casi por casualidad al dueño (Willem Dafoe) y se gana el cariño de una pareja integrada por una vidente (Toni Collette) y un ex mentalista (David Strathairn). Junto a ellos, y con el apoyo de la incondicional Molly (Rooney Mara), adquiere una serie de habilidades con las que rápidamente alcanza gran éxito engañando a la élite adinerada de la sociedad neoyorquina del momento, para luego intentar estafar a un peligroso magnate (Richard Jenkins) con la ayuda de una misteriosa psiquiatra (Cate Blanchett).

Sin embargo, la película nos va revelando que la fortuna (o la falta de ella) no es la culpable del destino de Stanton Carlisle, sino una serie de malas decisiones que el protagonista sostiene a lo largo del tiempo, desechando cada oportunidad de felicidad y redención. A pesar de que nunca conocemos bien su pasado, Carlisle se presenta como un personaje mucho más oscuro de lo que deja ver en la superficie, un monstruo que acecha tras el miedo constante por ser descubierto y reencontrarse con las profundidades su atormentada psique.

La primera parte de la película transcurre en el mundo de las ferias ambulantes de mediados del Siglo XX, un escenario magnético e intrigante que cautivó al director y fue reconstruido por un talentoso equipo para la pantalla. Antes de la introducción de la televisión como principal medio de entretenimiento hogareño, las ferias ambulantes eran el máximo exponente del esparcimiento para las masas. En cada pequeño pueblo en el que se instalaban, desconcertaban, provocaban y hacían un poquito más mágicas las vidas de los lugareños. Pero detrás de esos cuentos de hadas en vivo se escondía una realidad deshumanizante y explotadora de los peculiares artistas que integraban las compañías.

Una feria ambulante está conformada por una comunidad muy hermética y estrechamente unida. Es un lugar en donde nadie revela sus secretos, y en el que muchos están escapando de una vida delictiva o un pasado que deben dejar atrás. Y, sin embargo, forjaron una sociedad fuerte. Es casi como un microcosmos del mundo. Todos están allí para timar a todos. Pero al mismo tiempo, saben que se necesitan unos a otros, y se protegen entre sí“, declaró Guillermo del Toro sobre el ambiente en el que transcurre la primera mitad de su historia.

En este contexto, Carlisle encuentra refugio bajo el ala de Clem Hoatley (Willem Dafoe), el dueño del circo, quien le da hogar y comida sin hacer preguntas, a cambio de un trabajo que pronto dejará en evidencia las habilidades ocultas del protagonista. PopCon tuvo la oportunidad de hablar con Willem Dafoe en el marco de la conferencia de prensa internacional de la película y preguntarle al actor por otras experiencias de su carrera que influyeron a la hora de componer a este personaje tan complejo, que ostenta una interesante mezcla de luz y sombras, en el contexto de esta fascinante pero siniestra feria ambulante. Acá podés ver lo que nos contestó:

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