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Yorgos Lanthimos: un autor que desnuda la naturaleza humana a través del absurdo

Repasando su filmografía, analizamos los mecanismos del director que se consolidó como uno de los cineastas más creativos de estos últimos años.

por | Sep 23, 2023

Yorgos Lanthimos: un autor que desnuda la naturaleza humana a través del absurdo

Hay un término que los argentinos usamos bastante para definir a esas películas independientes de las que algunos rara vez oímos hablar. Aquellas con las que -tarde y sin poder dormir- nos enganchamos al hacer zapping, quedando inevitablemente atrapados. Es el cine “I-Satero”, películas semejantes a aquellas que pasaba un canal que hoy convertimos en adjetivo. Son historias que aún encontradas por la mitad atrapan nuestra atención, hipnotizantes y dignas de ser comentadas con emoción al día siguiente. Ese es el tipo de cine en el que Yorgos Lanthimos encaja.

La visión de un autor

Demostrando que el arte imita a la vida, hay una cuota de ese humor tan particular que tiene Lanthimos en sus películas, detrás de su decisión por dejar de estudiar Administración de Empresas para entrar a la escuela de cine. Como si fuera una esponja, es fácil ver como absorbió conocimientos de estos primeros trabajos para volcarlos en su filmografía. Pero lo que quizás le resultó más pregnante fueron los años en que dirigió teatro experimental, marcando firmemente la manera en que -hasta hoy- cuenta sus historias.

Tan solo basta con ver su segundo largometraje, Kinetta (2005), para empezar a notar algunos de los rasgos más comunes en su obra. Ahí un policía, un fotógrafo y una mucama de hotel recrean homicidios, actuados y retratados fríamente. Como imitando al director, uno de los personajes va dando instrucciones a los otros, pero su tono de voz es siempre monótono. Es el puntapié inicial de cómo el director griego retrataría esa violencia tan repentina y contundente en sus películas, esas agresiones carentes de emoción.

Otra cara de la misma moneda es el sexo, la intimidad anestesiada y mecánica. Esa esposa que años más tarde veríamos, aparenta estar dormida a pedido de su marido. Casi atónitos, sus personajes parecen robóticos en su forma de actuar, jamás temiendo revelar sus más honestos pensamientos. Hay algo en los mundos que construye, una atmosfera completamente atípica, que nos genera un rechazo natura. Pero, al mismo tiempo, logra que sea imposible despegar la mirada de la pantalla.

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Dogtooth (2009), la película de culto que le valió fama internacional, nos presenta a una pareja que cría a sus hijos haciéndoles temer todo lo que hay fuera de los límites de su hogar. Las estrategias para establecer este control son varias y tan ridículas como efectivas. Para salir apenas unos pasos fuera de la casa, es necesario conducir el auto, y solo la gente que perdió su diente canino puede lograrlo.

El lenguaje también se modifica, intercambiando los significados de las palabras dentro de ese microuniverso. Como un reflejo de este padre, Lanthimos hace lo propio en el macro, imponiendo en sus mundos reglas igual de aleatorias. Es así como en The Lobster (2015), un hombre común puede estar en riesgo de convertirse en una langosta, si no encuentra el amor dentro de los cuarenta y cinco días que se encuentra hospedado en un  hotel.

Sus temas y obsesiones

Es otra faceta del surrealismo. No hay necesidad de apelar a criaturas fantásticas o códigos visuales extravagantes para desafiar lo convencional. Como si se tratara de un artista Dadá sacando palabras de un sombrero al azar, deforma la realidad al insertar algo completamente fuera de lugar, de manera tal que eso se acepte con total naturalidad. Es así como lo que realmente resulta fuera de lo normal es la actitud pasiva de sus personajes. La tranquila aceptación de lo imposible es aquello que nos inquieta.

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El reemplazo y la mímica es uno de sus temas recurrentes. Recorriendo el camino inverso de la Hermana Mayor (Angeliki Papoulia), que quiere escapar de una vida atrapada en una ficción, la actriz vuelve a trabajar con él en Alps (2011). Ahí sus protagonistas convierten en oficio el hacerse pasar por los seres queridos ya fallecidos de aquellos que los contratan. Puede que sea otra fabulación, pero en este caso es un vehículo para quien desesperadamente busca un vínculo real.

Es un tema que vuelve a aparecer en el cortometraje Nimic (2019), en donde un intercambio mínimo en el subterráneo lleva a que una extraña imite cada movimiento y palabra de un hombre (Matt Dillon). Su esposa no parece notar la diferencia, poniendo a ambos a prueba para averiguar quién es el real. Reconocer bajo las sábanas a los pies que por años rozaron los nuestros, es posible que diga mucho más que cualquier promesa. Puede que una respuesta errada diga aún más.

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Lanthimos no precisa de diálogos para comunicar, cuando los cuerpos hablan por sí mismos. La manera en que el teatro enfatiza al lenguaje corporal es algo predominante en su obra, capaz de generar un clima o ser más expositivo que una conversación. Sus años filmando el trabajo de escuelas de danza le dejaron su marca, ya que el baile siempre aparece de alguna manera en sus películas. Puede ser espástico, demostrando rebeldía ante las estructuras que oprimen. Pero también puede aparecer silencioso y buscando la sincronía, un silencioso intercambio entre Colin Farrell y Rachel Weisz que hasta la fecha quizás sea el acto más romántico en toda su filmografía.

Dejando que la cámara hable

Es quizá tanto un homenaje a su cultura natal, como al origen de teatro mismo, la manera en que The Killing of a Sacred Deer (2017) toma un mito griego como su base. El rey Agamenón, tras matar a uno de los ciervos de Artemisa, debe sacrificar a su hija Ifigenia para apaciguar la cólera de la diosa. La lucha de poder y la inevitable tragedia se vuelven el centro de la película, con la primera toma ya estableciendo estos temas. Un corazón late, pero al alejarnos con un zoom descubrimos que se encuentra vulnerable en las manos del doctor Steven Murphy (Farrell). Este recurso se repite más que en cualquier otra de sus películas, revelado contextos o acercándose a ciertos objetivos, examinándolos obsesivamente.

Como un hombre que se cree dios, Steven dicta las normas de la vida de sus pacientes y su familia. Todos respetan sus decisiones y tratan su opinión como una prioridad. Pero la aparición de Martin (Barry Keoghan), hijo de un paciente al que perdió en la sala de operaciones, lo carga con una maldición que puede acabar con la vida de su familia. Cada vez que Martin entra en escena, la cámara se acerca a él, demostrando en donde reside el verdadero poder. Por el contrario, muchos encuadres cortan la cabeza de Steven y sus seres amados, una técnica que ya se pudo ver en otras producciones del director. Tanto los niños de Dogtooth como la familia de Steven son robados de su individualidad, meros cuerpos sujetos a los caprichos de poderes superiores.

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Estos mismos temas se repiten también en The Favourite (2018), su primer largometraje realizado sin el guionista que lo acompañó desde sus inicios: Efthyms Filippou. Probablemente sea el motivo por el cual esta sea su película más accesible y fácil de entender en sus simbolismos. En esta producción, Lanthimos nos recuerda que el gran angular es otra de sus herramientas predilectas,. Capaz de mostrar así espacios que parecen enormes y vacíos, remarca la soledad en la que hasta una monarca puede estar atrapada. Pero el director lleva esto todavía más allá, usando el lente ojo de pez para deformar la imagen aún más, una representación de los lujos desproporcionados en la vida de los nobles.

Las paletas monocromáticas son de gran importancia en esta historia. Así como los pisos del palacio parecen un tablero de ajedrez, tanto en el vestuario de la Reina Anne (Olivia Colman) como el de su corte, predomina el blanco y negro. El pelaje de sus conejos también es de esos mismos colores, cuestión que gana todavía más peso en las escenas finales. Abigail (Emma Stone) cree haber ganado el juego con sus manipulaciones. Pone su pie sobre una de las mascotas de la reina para aplastar a quienes considera inferiores. Pero momentos más tarde, su rostro es superpuesto al de los conejos, mostrándola como su igual. Sobre su cuello, el pie es invisible. Abigail es completamente reemplazable y a merced de los caprichos de quien realmente tiene el poder.

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Su nueva creación

Considerado una de las mayores influencias de la llamada Ola del Cine Griego Extraño, la radicalidad de los gestos de autor que tiene la filmografía de Lanthimos le ganó múltiples premios a lo largo de su carrera. Desde el Festival de Cannes a varias nominaciones al Oscar, fue ahora con su última producción, Poor Things (2023), que el director se llevó a casa también el León de Oro de Venecia.

Esta novedosa adaptación de Frankenstein reencuentra al director con una Emma Stone en el rol de la criatura. Con un cuerpo devuelto a la vida y la mente de la hija que llevaba en el vientre, el monstruo una vez más parece ser la mirada objetiva de tanto las crueldades como las incongruencias de lo que consideramos humano. La puesta en escena abarca desde el expresionismo alemán hasta el más clásico barroco, con una paleta de colores completamente atípica para el director, enfatizando la sensación de lo fantasioso. Ya desde el trailer, se deja entrever que Lanthimos continúa volviéndose cada vez más sofisticado con cada producción.

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Establecido como un director que supo adaptarse a los distintos espacios profesionales en donde se formó, y tomando de cada uno rasgos que serían distintivos en su obra, la fidelidad que el director le demuestra a su propio arte se aprecia en cada una de sus películas. Convirtiéndolo en uno de los autores más interesantes de los últimos años. Jamás subestima a su público y no duda a la hora de llevar el lenguaje audiovisual a la sutil abstracción. Convirtiendo lo mundano en lo imposible a través de gestos mínimos, de normas sociales incongruentes, nos presenta su firma.

Es una eficaz herramienta para que tomemos distancia, para que juzguemos lo irracionales que pueden llegar a ser ciertas normas del mundo real. El terror y lo tragicómico se entremezclan en el comentario social de sus películas, logrando que no quede otra opción más que reír ante los dilemas que plantea. Es la incertidumbre, la duda. Es esa última escena en donde sus personajes están al borde de un abismo, invitando a que nos preguntemos si tendrán la valentía de encontrar la salida que a nosotros todavía se nos escapa.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.