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Wes Craven: El legado de un maestro que redefinió el terror una y otra vez

Padre de íconos culturales como Freddy y Ghostface, la carrera del director abarcó varios matices del terror y otros géneros, siempre fiel a sí mismo.

por | Ago 20, 2022

Wes Craven: El legado de un maestro que redefinió el terror una y otra vez

Ya podemos afirmar que agosto es el mes del wescravenismo. Por un lado, el 2 hubiera cumplido años el cineasta, y por otro, el 30 se cumplirá un nuevo aniversario de su partida. Sus méritos no son pocos: reinventó el terror una vez por década, creó íconos del género que se apoderaron de la cultura pop, descubrió o impulsó a jóvenes que se volverían astros de Hollywood, influyó en toneladas de cineastas… 

¿Qué hace tan especial a Wes Craven entre otros referentes del miedo? Como todo gran director, como cualquier gran visionario, siempre se mantuvo fiel a sí mismo. Conservó su personalidad hasta en los momentos más complejos de su carrera, trabajando con los mínimos recursos o, por el contrario, bajo la vigilancia de los ejecutivos de los grandes estudios, que algunas veces le pidieron refilmar una película entera.

Es común asociarlo a la denominada Tres C del Terror, con John Carpenter y David Cronenberg. Carpenter nos hace dudar de lo que tenemos alrededor, Cronenberg nos hace dudar de nosotros mismos y Craven funciona como algo intermedio. Se acerca más al canadiense por su formación académica, pero siempre hizo su propio camino. Al igual que Carpenter y Cronenberg -y muchos otros titanes-, la clave para entender su obra está en su infancia. Pero a diferencia de estos dos, que fueron criados e incentivados por padres cultos y lúcidos, Craven experimentó una situación muy diferente, pero igual de decisiva.

El terror doméstico

Nacido en 1939, vivió con un padre alcohólico y maltratador, que se fue de casa cuando tenía 4 años. Al poco tiempo, el progenitor murió en un accidente de trabajo. El pequeño Wes y sus hermanitos fueron criados por la madre, que se unió a una iglesia bautista. Los chicos tuvieron una férrea crianza religiosa, donde hasta respirar era pecaminoso. Ni hablar del cine, considerado demoníaco (aunque había excepciones con las películas de Disney).

El cristianismo también estaba presenta en la escuela, donde además debía soportar el bullying de un compañero. Wesley no se ahogó en la represión gracias a los libros, que lo llevaron a estudiar literatura inglesa, pero desde el vamos fue consciente de que el terror podía estar en el hogar, que podía ser de la propia sangre o moverse en su propio ámbito. No fue casual que sufriera pesadillas, territorios donde directamente estaba solo, sin escapatoria.

Así surgió el eje de su obra: familias -u otras instituciones y comunidades- con oscuros secretos, capaces de la violencia más extrema. Ya se aprecia en su ópera prima, La última casa a la izquierda (1972). Inspirada en La fuente de la doncella (The Virgin Spring, 1960) de Ingmar Bergman, muestra cómo dos padres de clase media se vengan con crueldad de la pandilla que violó y asesinó a su hija. Al mismo tiempo, muestra cómo Junior, hijo del líder, Krug (David Hess, uno de los rostros más escalofriantes del cine) experimenta algo de arrepentimiento.

El director expandió el concepto de las familias espejo en Las colinas de los ojos malditos (The Hills Have Eyes, 1977), donde una típica familia americana se pierde en el desierto de Arizona, a merced de un clan de caníbales. Al final sabremos que, así como uno de los salvajes puede mostrar compasión, los que parecían civilizados pueden matar para sobrevivir.

Craven continuó explorando estas cuestiones en sus siguientes películas, como el telefilm Summer of Fear (1978) y Éxtasis mortal (1981) -donde Sharon Stone tuvo su primer papel relevante-, y alcanzó la cima con Pesadilla en lo profundo de la noche (A Nightmare on Elm Street, 1984). Así como E.T. (1982) permite adentrarse en la vida y obra de Steven Spielberg, las primeras andanzas de Freddy Krueger hacen lo propio con Craven. Allí está la familia atormentada (y atormentadora), y también se desprende el elemento onírico como extensión abstracta de la amenaza. Y vale detenerse en uno de los miles de detalles: Freddy era el compañero molesto, mientras que Krueger remite a Krug y a una fábrica de guerra nazi. 

Pesadilla terminó de consagrar a Wes Craven y su filoso villano evolucionó en un fenómeno más grande de lo que imaginaba, pero nunca se detuvo. Durante el resto de los ’80 y las décadas posteriores, nos dio más muestras de sus preocupaciones, pero sin anteponerlas a historias entretenidas e impactantes. Deadly Friend (1986), La serpiente y el arcoiris (1988), Shocker (1989), La gente detrás de las paredes (1991), la saga de Scream y La nueva pesadilla de 1994 (su regreso al mundo de Krueger) son grandes muestras de su valía y de su identidad.

Y hasta puso un pie afuera del terror más de una vez: por esas cosas del destino -si eso existe-, realizó para Disney la producción televisiva de aventuras Casebusters (1986), con dos jóvenes hermanos detectives y un perro, y el drama Música del corazón (1999), donde Meryl Streep encarna a la profesora de música de estudiantes de Harlem. Wes Craven nos dejó en 2011, pero su obra y su legado son inmortales. La emoción que genera leer “For Wes” al final de la quinta parte de Scream (2022) da cuenta de cómo se lo extraña. Además, ¿cómo no amar a quien sabe darle un cauce creativo a su infancia difícil?

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