Detrás de la nueva película protagonizada por Amanda Seyfried, está nada más ni nada menos que la dupla creativa de The Brutalist (2024): el matrimonio compuesto por Brady Corbet y Mona Fastvold. En su nuevo trabajo repiten fórmula en la co-escritura del guion pero intercambian dirección, esta vez a cargo de Fastvold. The Testament of Ann Lee, que en Latinoamérica se interpretó como “testimonio” en lugar de ”testamento”, nos sumerge en una densa narrativa religiosa de 136 minutos.
El largometraje se basa en la historia real de Ann Lee (1736-1784), principal líder del grupo religioso conocido popularmente como “Shakers”, quien emigró desde Manchester a Nueva York hacia mediados del siglo XVIII para instalarse como predicadora con métodos revolucionarios. La película tuvo su presentación oficial en el Festival Internacional de Cine de Venecia 2025 y se estrena este jueves en cines nacionales.

EL RITMO DIVINO
El tratamiento del guion, en su generalidad, puede resultar solemne y pausado. Como contrapunto al letargo de algunas escenas, las intervenciones musicales conforman la estructura más sólida del relato. Una agradable sorpresa para quienes no sentimos particular devoción (valga la alusión religiosa) por este tipo de género.
Los pasajes coreográficos se inmiscuyen en la trama de manera orgánica. Contrario a la presunción de que podría ser el elemento más disruptivo, se convierte en el más magnético. No es casualidad enfatizar en este aspecto: según los registros históricos, lo que destacó al culto de los “Shakers” fueron la danzas rituales y el canto colectivo como vehículo de adoración divina. Esa potencialidad de volcar el largometraje al musical fue, según su directora, una decisión consecuente.
Para moldear ese abordaje se convocó nuevamente al compositor Daniel Blumberg, quien el año pasado se alzó como ganador en la categoría Mejor Banda Sonora por The Brutalist en los Premios de la Academia. Para este trabajo, el autor se involucró en el análisis de registros textuales, himnos y poemas de la formalmente llamada Sociedad Unida de Creyentes en la segunda aparición de Cristo.

Su acercamiento al corazón de la comunidad shaker en el proceso creativo derivó en hacer de los sonidos corporales y vocales la estructura general de la obra. Como resultado, un entramado hipnótico de melodías que dialogan con los espasmos físicos. Las voces, respiraciones y cuerpos agitados cumplen el noble rol de hacer avanzar la trama. Los movimientos coordinados de los actores en cada una de estas escenas, un claro deleite visual en el plano.
Es innegable también la entrega física y vocal de Amanda Seyfried en la piel de la predicadora. No es la primera vez que incursiona en un papel que requiere talento musical: recordemos que co-protagonizó junto a Meryl Streep el ya clásico moderno Mamma mia! (2008). Ahora refuerza su capacidad de lucirse en el género y destacarse en canciones originales como Hunger and Thirst.

MUCHO RUIDO, ¿POCAS NUECES?
Dicho todo esto, la ambientación sonora como hilo conductor no tiene la potencia suficiente para sostener la narración durante las más de dos horas de metraje. Hay secuencias que cargan un pulso monótono y desinflan la potencialidad épica de la historia.
El personaje protagónico posee un absoluto halo epopéyico. Ann Lee (Amanda Seyfried) es una analfabeta que pasa su infancia en una familia numerosa, tiene obligaciones laborales desde niña, da a luz a cuatro hijos y afronta la muerte de todos ellos. Jura ver a Dios en visiones, es encarcelada y maltratada por blasfemia y atraviesa todos esos desafíos con entereza y fe.
Otro eje temático central es la castidad como condición de pertenencia. Ann Lee promueve el celibato obligatorio dentro de su comunidad, un parteaguas que hace entrar en conflicto inmediato a casi todos los demás personajes. Ante la postura inclaudicable de Ann, puede resultar incluso más interesante el arco de su hermano William (Lewis Pullman), que ve un alivio en abandonar sus deseos prohibidos al acompañar la voluntad general, o en el de Abraham (Christopher Abbott), esposo de la predicadora que reclama su derecho al coito.

El drama épico no termina allí. Incluye múltiples encierros, desconfianza y resistencia social, violencia organizada y la lucha por el reconocimiento ante una sociedad conservadora. La leyenda de una líder religiosa que plantea condiciones de equidad en la institución, la idea de que el nuevo Cristo puede estar encarnado en una mujer, es otro sello de distinción.
Tragedia familiar, designio divino, persecución, resiliencia y trascendencia. Esta historia lo tiene todo. La vida de Ann Lee cautivó a los guionistas que llevaron su historia a la pantalla grande. Aun con estos componentes fuertes en la fórmula, el desarrollo final se sostiene más llano que ondulante y se destaca por la ambientación visual y sonora. The Testament of Ann Lee es una experiencia de trance algo insuficiente. Un relato que comulga más con la fábula que con la tensión que un drama épico exige.




0 comentarios