La cuarta temporada de la aclamada serie de Christopher Storer había subido bastante la vara después de una tercera entrega muy criticada. Con una apuesta un poco diferente, que se alejaba de las cocinas y nos permitía ver a los personajes en otros espacios con dinámicas distintas. Con el fracaso definitivo del restaurant respirándole en la nuca, Carmy (Jeremy Allen White) se ve obligado a enfrentarse a sus propias decisiones y hábitos.
Influenciado por el retiro de su mentora Terry (Olivia Colman) al final de la tercera temporada, incluso llega a replantearse el rol que su restaurant, y la cocina en general, juegan en su vida. Así llegamos al último capítulo de aquella entrega, en el que Carmy, Syd (Ayo Edebiri), Sugar (Abby Elliot) y Richie (Eban Moss-Bachrach) delinean lo que va a ser el futuro de The Bear: Carmy abandona el proyecto, dejándolo en manos de su aprendiz. Sydney le pide a Richie que sea su socio. Los cuatro se abrazan mientras el reloj que cuenta el tiempo que les queda para volver rentable el restaurante llega a cero.

Unidos por una pasión
Siete de los ocho episodios de la temporada final de The Bear transcurren sl día siguiente. Con tiempo prestado, los personajes deciden hundirse con el barco si es necesario. Y hundirse parece ser la palabra indicada, porque un diluvio cae sobre Chicago, complicando el tránsito y amenazando con dejar sin funcionamiento el restaurante. La serie se sintió siempre frenética, y este parece ser el momento del estallido.
Una y otra vez vemos cómo la lluvia cae sobre decenas de colillas de cigarrillo amontonadas en el patio del restaurante, que nos traen a la mente todos los momentos en los que vimos a los personajes en ese mismo lugar, usando la nicotina para combatir sus demonios. Y es como si todas las presiones y angustias tomaran forma física, porque las colillas tapan los desagües, ocasionando la explosión de las cañerías dentro del restaurante.

Inundados, sin un peso, sin ingredientes y con el doble de reservas de lo habitual. La receta perfecta para el fracaso. Mientras el equipo de cocina se prepara para la noche, el Tío Jimmy (Oliver Platt) forma su propio equipo de expertos en negocios para salir a buscar la forma de recuperar la inversión puesta en el restaurante. Casi en tiempo real vamos a ver a estos dos grupos buscar formas diferentes de salvarse.
Pero cuando parece que el desastre es inminente, se produce la transformación. Con todo en contra, los Osos (como se llaman a sí mismos los empleados del restaurant) demuestran que esto es más que un simple trabajo para ellos. Es un sueño que comparten con la familia que eligieron.
Y aunque Carmy alguna vez fue el líder y patriarca, es Sydney la que mejor puede jugar ese rol. A medida que se suceden los episodios, que transcurren casi en tiempo real, vamos viendo un paulatino cambio de mando y de estilo de liderazgo. Y esta diferencia se nota en cada uno de los personajes, pero sobretodo en Carmy.

Cada segundo cuenta
Quizás la gran crítica a la temporada pueda ser su falta de atención a todo aquello que pasa más allá de la cocina. Nos quedamos con ganas de un nuevo episodio con toda la familia Berzatto y su elenco de estrellas.
La temporada final de The Bear vuelve a las bases de lo que convirtió a la serie en un fenómeno: el ritmo frenético, las situaciones absurdas, la exploración de personajes únicos, entrañables, apenas lo suficientemente cuerdos como para resultar creíbles. Sin embargo, mucha agua ha pasado bajo el puente y el cambio es sutil pero palpable. Carmy llegó a Chicago para salvar el restaurante de su hermano, pero en el proceso se salvó a sí mismo y a su familia, la de nacimiento y también la que lo acogió.
La temporada le da un cierre digno al arco de cada uno de los personajes, pero sin revelarlo todo, en algunos casos dejando espacio para que interpretemos lo que pasó. En términos generales, esta temporada repite la fórmula de la temporadas anteriores. Por un lado, sembrando la tensión desde el primer episodio y llevando todo hacia un clímax. Por el otro, creando situaciones humorísticas mucho más definidas.

El dramedy al que nos había acostumbrado la serie se suaviza para dar paso al optimismo y a varios momentos deliberadamente emotivos. Después de cinco temporadas, la serie ha sabido llegar al lugar al que queríamos llegar.
Cabe preguntarse si realmente hacía falta tanto tiempo para lograrlo, o si incluso hubiera sido más satisfactorio desarrollar aún más a cada uno de los personajes, aunque sea a modo de spin-offs, como se hizo con el episodio especial Gary que salió unos meses antes del estreno de la temporada y nos cuenta el pasado de Richie y Mikey (Jon Bernthal).
Lo cierto es que, aunque nos hubieran dado solo una temporada o muchas más, el gran fuerte de The Bear fue habernos enamorado de sus entrañables personajes, sus debilidades y sus ambiciones. Porque aunque parezca que es una oda a la productividad, al final lo que importa es la fuerza de los lazos que se producen entre las personas, y los lugares a los que nos puede llevar la pasión.
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