Enter Sandman

Neil Gaiman: historias fundamentales del tejedor de sueños (y pesadillas)

Con el estreno de The Sandman en Netflix, repasamos las principales obras literarias y adaptaciones de uno de los más grandes autores contemporáneos.

por | Ago 12, 2022

La semana pasada, Netflix estrenó la primera temporada de Sandman (2022-), la serie basada en el cómic homónimo del autor inglés Neil Gaiman. Para sorpresa de muchos, la serie satisfizo a los fans del material original y arrastró legiones de nuevos seguidores. Puede que estés escuchando su nombre por primera vez, pero seguramente conocés algunas adaptaciones de su obra. Si ya maratoneaste Sandman entera y te encantó, puede que sea momento de conocer más del estilo y la obra de Gaiman. Afortunadamente, hay para rato y para todos los gustos.

El estilo de Neil Gaiman es muy difícil de encasillar, ya que su obra contiene elementos del terror, la fantasía y la ciencia ficción. Escribe historias para niños y para adultos, y también más de una que parece para niños, pero que difícilmente pasarían cualquier control parental. Ha publicado novelas, colecciones de cuentos, cómics, compilaciones de relatos míticos y obras de no ficción. A pesar de su extensa obra, de sus muchas adaptaciones y premios, y de la notoria influencia que ha ejercido en referentes de nuestra literatura nacional -como es el caso de Mariana EnriquezGaiman sigue siendo un autor mayormente desconocido en la Argentina, con una fanbase muy fuerte, pero reducida.

La obra de Gaiman puede caracterizarse como fantasía urbana, ese género que introduce a las hadas, los trolls y los hechizos en el mismo universo que los colectivos, los smartphones y los trabajos de oficina. Casi toda su producción se origina en ese punto de confluencia de los dos mundos, que pueden cohabitar o existir de forma paralela, conectados por algún portal. Esta convivencia a veces es presentada de forma divertida, como en sus libros más marcadamente infantiles -por ejemplo Fortunately, the Milk (2013), sobre la extraña travesía de un padre al salir a comprar leche-, pero también puede implicar un carácter ominoso y aterrador.

Ese es el caso de su novela infantil Coraline (2002), que fue adaptada por el estudio de animación Laika en 2009 y narra la historia de una chica que encuentra una puerta que, en sus sueños, la lleva a una versión paralela de su casa. La historia en un primer momento parece idílica, pero pronto empieza a mostrar una faceta muy diferente.

Lo que fascina a Gaiman son las historias. Su origen, su transmisión y permanencia, el efecto que tienen sobre nosotros. Y no hay historia que haya movilizado más que aquellas que buscan darle sentido al mundo a través de ideas religiosas, desde tiempos inmemoriales. Y eso es precisamente la materia que usó Gaiman para crear su más aclamada obra, The Sandman (1989-2013). En ella conviven dioses, seres mitológicos, personajes de la cultura pop y hasta figuras literarias como Shakespeare o Borges (que personifica al destino, ciego y encadenado a un libro).

Pero sus devaneos con la divinidad no se quedan ahí, ya que toda su obra se centra en las historias que nos contamos una y otra vez, en las formas en que ciertos relatos persisten y se entrelazan. No en vano, uno de los personajes que aparece en muchas de sus novelas es Anansi, el dios africano de las historias, una araña que con su tela entreteje los destinos de dioses y hombres, creando hilos narrativos que nos unen los unos a los otros. 

Todo lo que sabemos sobre la serie de The Sandman en Netflix

De la misma forma en que The Sandman representa el punto álgido de la carrera historietista de Gaiman, American Gods (2001) es probablemente su más importante obra novelística. Adaptada a la pantalla por Amazon Prime Video entre 2017 y 2021, la novela ganó el premio Hugo (a lo mejor de la ciencia ficción), el Bram Stocker (que premia las obras de terror) y el Nébula (que reconoce lo mejor del año en ciencia ficción y fantasía). Una vez más, nos encontramos con un relato que escapa toda clasificación. En él se conjuga el amor de Gaiman por las historias y también por su patria de adopción, los Estados Unidos.

Un grupo de dioses “viejos”, traídos a tierras americanas en las sucesivas oleadas inmigratorias, se disputan el campo de batalla de los corazones de los hombres contra los “nuevos dioses”, producto de la modernidad y el desarrollo tecnológico. Porque los dioses nos necesitan tanto como nosotros a ellos. Odín, Horus y los djinn musulmanes, entre otros, están siendo olvidados en favor de la Internet, la Globalización y los Medios, deliciosamente encarnados por Gillian Anderson mutando en grandes figuras de la cultura pop como Lucille Ball o David Bowie, en una de las mejores decisiones artísticas de la versión televisiva. 

Muchas de estas características se encuentran en otra de sus obras llevadas a la pantalla por Amazon Prime Video: Good Omens (2019). En esta novela cómica co-escrita en 1990 con el legendario Terry Pratchett, un ángel y un demonio, interpretados por Martin Sheen y David Tennant en la versión televisiva, se encuentran en el plano terrenal con la intención de presenciar el fin de los días, pronto a concretarse. Sin embargo, algo sale muy mal (o muy bien, depende para quién) cuando ambos descubren un inesperado afecto por el mundo de los hombres y deciden complotarse para salvarlo.

En esta obra, nuevamente, los elementos mitológicos se encuentran reimaginados en clave de cultura pop o traídos a la actualidad, anclados en el carácter imperecedero de las historias. De este modo, los cuatro jinetes del apocalipsis ahora montan motocicletas en vez de caballos y la Hambruna es representada por el dueño de una cadena de comida chatarra. 

La misma fascinación por lo mítico llevó a Gaiman a acercarse al mundo de los superhéroes, los dioses de la posmodernidad: “Creo que podemos estar seguros de que Dios existe en el universo de DC. No aseguraría su existencia en este universo. No sé, creo que las chances son 50/50. No me importa realmente”, declaró en algún momento. Del mismo modo que los relatos míticos, las historias de los superhéroes se cuentan y reescriben a lo largo de los números, cambiando cosas y evolucionando con el público.

Neil Gaiman fue parte de la “British invasion” que caracterizó al mundo del cómic en los años ochenta, en la que autores británicos tomaron las riendas de varios personajes y los volvieron más “adultos”. En ese contexto, además de The Sandman, Gaiman pudo poner sus manos en los personajes que había amado toda su vida, como Batman o Superman y revitalizó, entre otros, a los Eternals, grupo de superhéroes que le que venían como anillo al dedo. Incluso se dio el gusto de llevar a los personajes de Marvel a la era isabelina en el cómic “1602”, en el que un grupo de seres potenciados responden al llamado de la reina Isabel I, preocupada por lo que parece ser la llegada del Apocalipsis.

Mientras tanto, un barco llega del continente americano, a bordo del cual viene Virginia Dare, la primera niña nacida en el Nuevo Mundo, acompañada de su protector, el indio Manteo. Aquí Gaiman echa mano en la leyenda americana de la primera colonia inglesa, la colonia perdida de Roanoke, donde nació esta niña que desapareció con toda su familia, y la reconfigura para hacerla encajar en canon marvelita, incluyendo la reivindicación de las tribus originarias (spoiler alert: en este universo, Manteo es el Capitán América).

No es casual su elección de la era isabelina, la era de Shakespeare. Gaiman tiene una fascinación con su obra, la influencia del dramaturgo se hace notar constantemente en sus libros, e incluso aparece como un personaje en algunos de los tomos de The Sandman. Particularmente notoria es la relación con Sueño de una noche de verano (1605), que condensa el amor de Gaiman por la pluma del bardo y por las historias de hadas y el folklore.

La influencia de esta obra queda muy patente en una de sus novelas adaptada a la pantalla grande: Stardust (1999). Aquí Tristan, que vive en un pueblo que colinda con un muro que separa su mundo del mundo de las hadas (otra vez, la magia está solo a una puerta de distancia) debe emprender una aventura en busca de una estrella caída como prueba de amor. 

Hadas, universos paralelos, terror gótico, monjas satánicas y dioses caídos en desgracia conviven en el cosmos gaimaniano, entrelazados por la pluma de este amante de las historias inmortales y la cultura pop. La exitosa adaptación televisiva de su obra cumbre es la invitación perfecta para adentrarse en su literatura, y redescubrir las historias que se cuentan desde la primera vez que los hombres se reunieron en torno al fuego. 

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