Desde que la cultura griega imaginó el caos para explicar el nacimiento de todo lo creado, la mitología ha sido la justificación ante la incertidumbre. También a todo lo que, de alguna u otra forma, se sostiene sobre ideas elaboradas en la percepción del hombre acerca de su identidad. La conexión de la mente humana con lo inexplicable es total, es profunda y es -en esencia- un vínculo de estructuras narrativas que se interconectan entre sí. El escritor Neil Gaiman ya lo decía en su libro Mitos Nórdicos publicado en 2017, en el que profundizó sobre la posibilidad de extrapolar lo mitológico a un estrato universal. “Las historias siempre son las mismas. Solo hay nuevos oyentes”. 

De hecho, para Gaiman, la evolución de los mitos son parte de la sensibilidad del espíritu humano. Así lo narró en su fundacional American Gods de 2001, novela en cuyo argumento la mayoría de los dioses olvidaron su nombre, propósito y necesidades. Y lo hicieron porque el mundo a su alrededor se transformó tanto como para carecer de líneas y puntos en común con sus deidades más queridas. Algo del tema también estuvo presente en la fábula Good Omens (1990) que escribió junto a Terry Pratchett y permitió a ambos profundizar acerca de lo que hace a nuestra cultura conservar la paz, como un apartado irracional y conectado de manera profunda con el concepto de la vida y la forma en que la comprendemos. 

De modo que el cómic The Sandman es una obra que analiza las deidades, pero más allá de nombres y conciencias, es el punto central de toda la intención de Gaiman de narrar al mundo desde el mundo, de profundizar la idea de lo extraordinario desde la oscuridad del caos. Al principio, no había dioses ni seres humanos, pondera Sandman antes de comenzar su recorrido por la historia. Pero sí la percepción de la identidad. 

The Sandman, como historia, se publicó en la extinta editorial Vertigo en 75 números entre 1989 y 1996. En 2018, Gaiman llevó a cabo un revival del material original. Con cuatro nuevas series de cómics se publicó bajo el título The Sandman Universe bajo el sello DC Entertainment. El resultado fue un conjunto de nuevas historias que completaron las originales y también, revitalizaron a sus principales personajes. La popularidad de esta nueva mirada al material original sirvió de abreboca a la por entonces ya proyectada adaptación. Y, de hecho, se espera que alguna de sus líneas argumentales (o al menos, varias de las más importantes) formen parte de la serie que llegará al catálogo de Netflix el próximo viernes 5 de agosto.

En The Sandman, Gaiman va más allá de lo mitológico y vincula a su historia con seres más viejos que la idea misma de la divinidad. Cada uno de ellos está relacionado con las facetas primordiales de la mente humana. De hecho, se vincula con la interpretación de los arquetipos, que se encarnan en personajes que simbolizan de manera directa, el concepto del hombre y del tiempo que transcurre. 

Un recorrido por todo lo humano y lo divino 

Por supuesto, la percepción sobre esa gran totalidad de dimensiones sobre lo que el ser humano puede ser — como conjunto e idea intelectual integral — procede de la herencia judía y, sin duda, el contexto anglicano en el que creció Gaiman. De hecho, The Sandman no solo contiene influencias del panteón griego, egipcio, nórdico, celta e, incluso, punto de interés de algunas versiones sobre mitos germánicos pre-cristianos. También profundiza en la versión de la religión como idea iniciática de la creencia. 

En The Sandman conviven por igual las Nornas nórdicas y Lucifer, el ángel caído del catolicismo, en una versión elaborada a la medida de una sensibilidad contemporánea sobre el nihilismo. Como en otras obras de Gaiman, el Dios judeocristiano es una idea total, benéfica en esencia, pero desconocida y confusa para el resto de los dioses. En The Sandman también lo es y no es casual, que en Volumen 1 de Preludios y Nocturnos del cómic, se incluya una cita directa de la Biblia. “Pero, ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar del entendimiento? El hombre no sabe el precio de ello; ni se encuentra en la tierra de los vivientes… porque el precio de la sabiduría es más alto que los rubíes.” (epígrafe de El Libro de Job, capítulo 28, versículos 12,13,18).

Sin duda, también es intencionado que Gaiman utilice una cita de un libro sagrado para comenzar un recorrido hacia lo divino. O, al menos, tal y como lo concibe el escritor. The Sandman es una amplia recombinación y reconstrucción de personalidades divinas, percepciones sobre lo místico y lo sagrado que abarca de un lado a otro del espectro de lo misterioso. En más de una ocasión, Morpheus, Señor de los sueños, viaja al encuentro para parlamentar de forma más o menos amistosa con Lucifer, el ángel caído y señor de las regiones más oscuras del universo. Pero para Gaiman, Lucifer no es un ser monstruoso, de la misma forma que Morpheus no es una presencia lánguida y exquisita. 

En realidad, tanto uno como el otro se adaptan a la contemporánea mirada de lo moral y lo ético del escritor. Mientras Morpheus es malhumorado, cruel y, en el mejor de lo casos, ambiguo, Lucifer tiene una intuición formidable para comprender al género humano y a sus congéneres angélicos. Morpheus es la encarnación de los sueños, tal y como los primordiales mitológicos eran presencias que representan lo inefable o lo que no puede ser nombrado, mientras Lucifer es la imagen viva del poder y, también, de la duda existencialista. Ambos personajes se enlazan entre sí para crear una línea que une a la mitología griega con la cristiana, de una forma espléndida y brillante que sorprende por su elegancia. 

una revisión filosófica al pensamiento universal

Para el investigador Marshall Fishwick, la cosa es incluso más sencilla. The Sandman de Neil Gaiman construye una versión de la realidad para nuevas sensibilidades y reconstrucciones de lo divino. En especial, para una generación para la que lo sagrado pasa por terrenos intelectuales y filosóficos. En su artículo de 2004, Neil Gaiman’s The Sandman and Joseph Campbell: In Search of the Modern Myth, el escritor deja claro el tema y el peso del tiempo intelectual en la obra del Gaiman. “Claramente, Neil Gaiman está actualizando las verdades básicas en las Ideas de Platón, las Categorías de Kant, los Arquetipos de Jung y los Medios de McLuhan… Nuestra mitología en el nuevo milenio puede estar más cerca de perdurar viejas verdades de lo que creemos”.

Y, de hecho, desde el inicio del recorrido de Morpheus a través de su larga historia hacia la libertad y la reconstrucción de su identidad, lleva a cuestas la idea originaria del hombre en busca de creencias. Morpheus, atrapado durante 70 años por error, luego de que La Orden de ocultistas intentara atrapar a su hermana mayor Muerte, es el epicentro de una reconstrucción del mito. Es su trayecto a través del reconocimiento, el poder, la sorpresa y la belleza, lo que al final será el punto central de una narración que tiene ecos en el camino del héroe de Joseph Campbell, de los trabajos de Hércules, de la búsqueda de Ares de objetivo, de Gilgamesh de poder, de Hades de comprensión de lo eterno, de Lucifer de reconocimiento e identidad. 

The Sandman es mitología pura para nuevas generaciones. Un recorrido a través de la sensibilidad humana en busca de la identidad. Una obra para todas las épocas y un repaso esencial por el arte como reflejo de la cultura pop y la sociedad. 

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