Ser o no ser

«Hamnet» de Chloé Zhao: Una obra de arte destinada a perdurar

La directora ganadora del Oscar por Nomadland (2020) reinventa el mito de Shakespeare desde el pulso íntimo del duelo y la función del arte.

por | Ene 31, 2026

Hamnet (2025) es, como el libro de Maggie O’Farrell del cual procede, una rareza conmovedora. En especial, porque su foco no se encuentra en la posibilidad de convertirse en un biopic (aunque lo es, en cierta forma) o ser escrupulosamente exacto en el aspecto histórico. En lugar de eso, la directora y guionista traslada de la obra original el sentido de la paciencia, la agonía del dolor y el poder iniciático de la redención. Todo a través de una búsqueda incansable de respuestas para lo inasible.

Por lo que tanto película como libro indagan en la naturaleza del dolor, el duelo y el sufrimiento. Pero sin caer en tremendismos o el sentimentalismo barato. Al contraste, Hamnet es desde sus primeros minutos, un prodigio nostálgico y de delicada sensibilidad, una proeza simbólica que utiliza la naturaleza para mostrar lo que sus personajes apenas pueden expresar en palabras. La cinta, que evita los clichés para rendir tributo a la fragilidad del ser humano y la posibilidad de la muerte, sorprende por su profunda honestidad. 

Chloé Zhao dirige a Jessie Buckley y Paul Mescal en la nueva película de Hamnet (2025, Focus Features LLC)

También, por la profunda y desgarradora óptica que tiene sobre la ausencia y la pérdida. Para la ocasión, Chloé Zhao reinventa su lenguaje contemplativo, para hacerlo más cercano a una lírica compacta, que se alimenta de sus propias metáforas y silencios. Por lo que brinda a la producción un aire de feroz belleza, como si sus personajes fueran testigos del poder de la naturaleza en su propio cuerpo y mente. Una reflexión al fondo de la trama que sorprende por su contundencia y durísima visión sobre la angustia existencial.

La belleza y el tiempo a dos voces

Para la ocasión, Chloé Zhao transforma la sombra del clásico en una exploración emocional casi insoportable. Jessie Buckley encarna a Agnes, esposa del célebre dramaturgo y madre de Hamnet, con una intensidad que oscila entre lo místico y lo humano. Su interpretación no parece de este tiempo: más que una mujer del siglo XVI, es una médium que traduce la pena en silencio. Frente a ella, Paul Mescal como William Shakespeare es una figura contenida, casi borrada, incapaz de sostener el peso espiritual de su compañera. Zhao los observa sin prisas, como si filmara el temblor de una herida que nunca cicatriza.

Jessie Buckley interpreta a la esposa de William Shakespeare, Agnes, en Hamnet (2025, Focus Features LLC)

No son decisiones creativas casuales. En el libro origen, O’Farrell evita de hecho llamar a William Shapeskeare por su nombre. Por lo que su figura se desvanece en el ir y venir de lo cotidiano. Se trata de un recurso que, además, pone de relieve un hecho histórico. Se sabe muy poco sobre la vida doméstica y privada del bardo inglés, más allá de que era un padre levemente ausente y un ciudadano prominente en Stratford-upon-Avon. Su obra monumental eclipsa su dimensión humana y la aplasta la idealización.

Hay algo de ambas cosas en Hamnet. De hecho, la película no busca ser biográfica ni académica. Zhao, fiel a su estilo, convierte el duelo en paisaje y el tiempo en materia blanda. Todo parece respirar: los árboles, el aire, incluso los recuerdos. El guion —escrito junto a Maggie O’Farrell, autora de la novela original— disuelve los límites entre historia y emoción. Lo que emerge es un retrato sobre la feminidad como fuerza cósmica, una respuesta a siglos de narrativas donde el hombre escribe y la mujer soporta.

Paul Mescal interpreta al mítico Bardo de Avon en Hamnet (2025, Focus Features LLC)

La directora construye una experiencia casi sensorial. No interesa tanto el argumento como el flujo vital que atraviesa a sus personajes. El mundo masculino, racional y ordenado, aparece enmarcado entre ventanas, mientras el femenino se expande con la luz del bosque. Esa oposición es el núcleo de Hamnet: el intento de Zhao por reconciliar civilización y naturaleza, palabra y cuerpo, creación y pérdida.

El bosque, los cuerpos y la cámara que reza

La relación entre Agnes y William comienza como un mito pastoral. Ella, hija de una curandera; él, maestro con aspiraciones literarias. Mescal aporta un magnetismo nervioso, mientras Buckley, más terrenal, parece dialogar con las raíces mismas del bosque. La cámara de Łukasz Żal, con su sensibilidad etérea, los filma como si el mundo naciera junto a ellos. Zhao, que siempre ha preferido la contemplación a la intriga, permite que la historia se despliegue a través del gesto y la textura: piel contra tierra, respiración contra viento.

Jessie Buckley interpreta a Agnes, la esposa de William Shakespeare, en Hamnet (2025, Focus Features LLC)

Nada en Hamnet es un simple recurso. Cada plano sugiere una dimensión espiritual. La escena del parto, filmada desde arriba, recuerda a las visiones más inquietantes de Lars von Trier, pero sin su sadismo. Zhao no necesita castigar a sus personajes para que sientan dolor. Lo suyo es observar, permitir que el espectador participe del proceso de transformación. En esa secuencia, Agnes vuelve al bosque para parir junto al árbol que simboliza la vida. Lo que en otro cineasta sería una metáfora obvia, aquí se convierte en un acto de comunión.

El contraste con Hamlet (1623) es evidente. Donde la obra del bardo busca respuestas filosóficas, Zhao ofrece una aceptación radical de lo inevitable. El dolor no se analiza, se vive. Y en ese tránsito, la directora consigue que la cámara funcione como una plegaria. El resultado es hipnótico, aunque por momentos brutal: una oda a lo femenino como fuerza creadora y destructiva a la vez.

Nacer, morir, escribir

Paul Mescal como William Shakespeare junto a Jacobi Jupe como Hamnet (2025, Focus Features LLC)

La película transita entre dos nacimientos: el de Susanna, la primera hija, y el del mito trágico que más tarde consumirá a William. Entre ambos extremos, Zhao captura la cotidianidad de un amor amenazado por el destino. Cuando llegan los gemelos, Hamnet (Jacobi Jupe) y Judith (Olivia Lynes), el hogar se llena de una calma engañosa. La muerte ronda como una sombra que solo Agnes parece percibir. La directora filma ese presentimiento con un pudor que duele más que cualquier grito.

El momento de la pérdida es tan devastador como sencillo. Zhao no muestra el acto, solo las consecuencias: la quietud del aire, la expresión suspendida en el rostro de Buckley. William, incapaz de soportarlo, huye hacia Londres, donde su dolor se transforma en escritura. De esa huida nacerá Hamlet, pero Zhao invierte la mirada: aquí el genio no es el padre, sino la madre, que comprende el vacío antes de que se escriba.

Jessie Buckley como Agnes, observa el trabajo de su marido en el escenario del histórico teatro The Globe (2025, Focus Features LLC)

En una escena final poderosa, Agnes asiste al estreno de la obra. En el escenario, el fantasma del padre se dirige al hijo; en la platea, una madre se enfrenta al espectro de su propio duelo. Noah Jupe, hermano del actor que interpreta a Hamnet, encarna al joven Hamlet con un silencio que congela la sala. La música de Max Richter — esa melancolía universal de On the Nature of Daylight— envuelve todo en un respiro contenido, como si el universo mismo se detuviera para llorar.

Ser y soltar

Después del tropiezo con Marvel, Zhao regresa a su territorio natural: el de las emociones que no necesitan explicación. Hamnet no se preocupa por ser fiel a los hechos, sino por ser fiel a la experiencia humana. En lugar de un relato sobre Shakespeare, ofrece una meditación sobre cómo se sobrevive a la pérdida y qué significa seguir creando después del fin.

Paul Mescal como William Shakespeare sobre el escenario en Hamnet (2025, Focus Features LLC)

El célebre “ser o no ser” se convierte aquí en una pregunta mucho más terrenal: ¿cómo continuar respirando cuando la muerte ha ocupado todo el aire? Zhao no responde; apenas sugiere que el acto de soltar — de permitir que el dolor exista sin contenerlo — es una forma de vida. El cine, en su visión, es una extensión de ese gesto: una forma de duelo compartido.

Y aunque Hamnet puede parecer solemne, nunca se ahoga en su propia tristeza. Zhao introduce pequeños destellos de humor y humanidad, gestos que alivian el peso del luto. En el fondo, la película propone una reconciliación con nuestra parte más vulnerable. No se trata de vencer a la muerte, sino de aceptar que vive entre nosotros, como una palabra que se repite en silencio.

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