Mad sin Max

Furiosa: La precuela con Anya Taylor-Joy es puro espectáculo visual

A casi diez años de Mad Max: Fury Road, llega al cine la nueva película de George Miller sobre el origen del personaje que popularizó Charlize Theron.

por | May 17, 2024

Dicen que cualquiera puede volver de un fracaso, pero solo un genio puede volver de un éxito. El director australiano George Miller fue considerado por muchos un verdadero genio y visionario por lo que logró en su inesperada secuela Mad Max: Fury Road (2015), que se consagró como una de las mejores películas de la década pasada. Una épica visual de proporciones extraordinarias, con efectos prácticos casi imposibles y personajes inolvidables que quedaron marcados a fuego en la cultura pop.

A esa altura, nadie esperaba nada remotamente cercano del director de la trilogía original de Mad Max, una distopía de corte independiente que allá por los años ‘80 consiguió hacerse con un importante culto de fans y catapultó a la fama a un joven y prometedor Mel Gibson.

En la era de la explotación nostálgica, en la que toda propiedad intelectual es potencialmente una mina de oro, quizás la gran mayoría esperábamos una secuela genérica, en lugar de la obra de arte extraordinaria en la que se convirtió Mad Max: Furia en el Camino.

Especialmente, considerando que su director venía de dirigir la simpática saga animada de Happy Feet, y casi una década antes Babe, el chanchito valiente (1998), sin ningún otro crédito que indicara que mantenía su mano para la acción y el despliegue de un mundo devastado como el que había creado en 1979.

Pero, casi 40 años después, el talento no solo estaba intacto, sino que George Miller elevó la apuesta a niveles insospechados, y nos sorprendió a todos con una historia ambientada en el mundo de Mad Max, pero con otro personaje que se robó el protagonismo absoluto: Imperator Furiosa.

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Encarnada por la siempre efectiva Charlize Theron, Furiosa nos llevó en un viaje épico y emocional a través de los desolados páramos de este mundo apocalíptico para desafiar las reglas de una tiranía absoluta. No sabíamos bien de dónde nacía su rebeldía ni cómo había obtenido su rango en las filas de Inmortan Joe (Hugh Keays-Byrne), pero tampoco era algo que nos desvelara ni que necesitara explicación. Sin embargo, casi una década después, George Miller decidió que era necesario contarnos sobre sus orígenes y motivaciones.

El resultado no podía excluir cierto grado de decepción, comparado con semejante predecesora. Para ir a ver Furiosa: Una Saga de Mad Max (2024) es necesario bajar las expectativas sobre la historia y sus personajes, y depositarlas en el aspecto visual de la saga, sus escenas de acción y diseño de mundo. A pesar de su título, esta no es una historia que reivindique a Furiosa (Anya Taylor-Joy), así como Mad Max: Fury Road tampoco lo hacía con el icónico Max (Tom Hardy)

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Es casi como si George Miller hubiera escuchado las críticas de los fans más hardcore de la saga y revirtiera la fórmula: la predominancia de los personajes femeninos y sus motivaciones altruistas -que guiaban el relato en “Fury Road”– vuelven a dar paso a un mundo predominantemente masculino y embrutecido -como el de las primeras películas- que contrasta con el “lugar verde” al que Furiosa intenta volver desesperadamente. Un mundo que intenta a toda costa despojarla de sus principios, sus motivaciones y -especialmente- de su compasión.

Así, la Furiosa de Anya Taylor-Joy -a pesar de toda la fuerza de su interpretación- sufre una involución que responde a un modelo bastante desgastado de personaje femenino, como el hecho de que apenas habla en su propia película y que tiene un interés romántico innecesario. Una joven Furiosa que no termina de resonar con la versión adulta que vimos interpretado por Charlize Theron. Así mismo, Praetorian Jack (Tom Burke) es un personaje que podría resultar muchísimo más interesante, pero es reducido a un dispositivo de la trama para justificar algo que no necesitaba justificación en primer lugar.

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Furiosa busca venganza, pero durante gran parte de la película esa búsqueda queda de lado en pos de la supervivencia, aunque su camino la lleve una y otra vez a encontrarse con el responsable de sus desgracias: Dementus (Chris Hemsworth). El tono cómico en la interpretación del actor australiano (acentuado por una nariz prostética que no ayuda a tomarlo en serio) queda un poco fuera de registro y le resta presencia a quien se supone es el principal villano de la película. Especialmente en contraste con el imponente Inmortan Joe (en esta ocasión, Lachy Hulme) cuyo dominio sobre el páramo sigue siendo absoluto.

Es difícil terminar de empatizar con el viaje emocional de Furiosa y su compleja relación con el personaje de Dementus, especialmente por los enormes períodos de tiempo que transcurren entre las elipsis de la historia. Dividida en capítulos, es una decisión que no favorece al desarrollo de sus personajes ni la fluidez de la historia, con un ritmo de edición bastante particular. Tampoco quedan del todo claras las estrategias de Dementus, que a menudo parecen sujetas a la suerte, al igual que los números de sus seguidores y el destino que corren en los sucesivos embates a las ciudadelas.

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El punto más rico y mejor logrado de la película es justamente la construcción, ampliación y dinámicas de un mundo que todavía tiene novedades para brindar tras 40 años de su nacimiento. El funcionamiento de sus precarias sociedades, tanto las nómades como las sedentarias, las lógicas internas de cada ciudadela y el ordenamiento social de cada tribu. Y por supuesto, como no podía ser de otra manera, las grandes secuencias de acción a bordo de vehículos en movimiento. 

Aunque ya no tienen el mismo impacto que hace diez años ni nada demasiado innovador para ofrecer, la acción es brutal y digna de ser disfrutada en una sala de cine con el mejor sonido posible. Quizás si esta película hubiera llegado antes que “Fury Road”, estaríamos teniendo otra conversación. Pero a casi una década de aquella -y con exponentes como la saga Dune tan cercanos en el tiempo,-nuestras expectativas crecieron. Ya no nos conformamos con más de lo mismo, y mucho menos cuando la creatividad y factura técnica están por debajo del enorme potencial que su director supo demostrar alguna vez.

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Ana Manson

Editora