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“The Continental”: El primer spin-off para los amantes de la franquicia John Wick

La serie insiste en hacer referencia al universo original de manera torpe. Pero carece de solidez, identidad visual y un buen guion para lograrlo.

por | Sep 29, 2023

La saga John Wick (2014-2023) puede parecer la habitual franquicia del ejército de un solo hombre, encarnado en un asesino capaz de todo y con todas las habilidades para lograrlo. Pero no lo es. De hecho, es una de las historias contemporáneas del género de acción con mayor elegancia, garbo visual y en especial, un sentido de la identidad que la aparta por completo de otras tantas parecidas. Desde su estética hasta la mitología que acompaña al personaje, la historia es mucho más que únicamente un hombre en armas contra el mundo. 

Por ese motivo, había considerables esperanzas en The Continental (2023), spin-off del mundo original y con toda la capacidad — en teoría — de reproducir su belleza, complejidad y violencia para la televisión. Sin embargo, no lo logra. La producción, dividida en tres partes, tiene un problema más grave que su deslucido sentido de la espectacularidad o sus actuaciones deficientes. Su carencia de alma, identidad o incluso, deshacerse de la inevitable etiqueta de lo genérico. 

The Continental busca profundizar y ampliar todo lo referente al contexto de John Wick, pero olvida sus principales elementos e incluso, el inconfundible estilo visual que convirtió a la franquicia cinematográfica en un hito. Poco queda de los planos que se abren en paisajes ominosos, inquietantes y de una hermosura siniestra. Mucho menos, los personajes misteriosos, surgidos de las entrañas del mundo del crimen, para analizar el bien y el mal a balazos. 

Sin la participación directa de Chad Stahelski — que solo funge como productor ejecutivo — la serie tiene un problema de origen que jamás logra solventar. Basada en la sede Nueva York de la zona neutral de asesinos, el actor Colun Woodell debe interpretar a Winston Scott, encarnado en la versión en la gran pantalla por Ian McShane. 

El cambio de tono y registro en el personaje es obvio, innecesario y destroza los cimientos de una figura tenebrosa de la que se sabe poco — y no se necesita — en la mirada cinematográfica. Pero en la serie, se le brinda un contexto que solo entorpece la labor de la acción y convierte a Winston en una especie de rehén víctima de situaciones que no puede controlar. Del déspota, ambiguo y peligroso asesino que regenta un hotel con mano de hierro, queda poco. De modo, que The Continental falla de entrada, al reflejar el contexto elaborado del cual procede. 

Nada del mundo secreto

Si en la franquicia de cines, el mundo de la High Table y todo lo relacionado con su entorno, tiene un aire elaborado, siniestro y vil; en su adaptación televisiva, apenas conserva una cierta idea de peligro. Winston intenta vengar la muerte de su hermano Frankie (Ben Robson), lo que le lleva a trazar un plan tan imposible como suicida. 

Su objetivo es enfrentarse como pueda y de la manera en que pueda contra Cormac (un exagerado y caricaturesco Mel Gibson), el gerente del Continental de la década de los sesenta. Lo que establece un nuevo canon. Convertirse en la cabeza visible de la zona neutral, requiere una especie de batalla entre dos depredadores heridos. 

Pero el resto de la producción no acompaña el intento de crear un espacio único para los personajes, diferenciado del que ya conocido. No solamente porque Woodell carece del rango histriónico como para mostrar la combinación de luces y sombras que su personaje necesita, sino por la percepción, insistente y poco elocuente, sobre un enigma que une a todos los asesinos hacia la oscuridad.

La serie, concebida para ser una especie de largometraje dividido entre partes que, a pesar de eso, funcionan de manera independiente, decae por ser incapaz de resistir la comparación con el universo del cual proviene. Mucho más, cuando la noción sobre el ultraviolento submundo insular de los asesinos, desaparece en esta venganza que sabe a poco, se cuenta peor y sin duda, carece de la elegancia barroca que hizo famosa a la franquicia cinematográfica. Un problema real y complejo que se alarga a través de toda la producción y que nunca llega a mejorar del todo. 

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