El asesino ¿perfecto?

The Killer: La obra más comiquera de David Fincher retrata al asesino definitivo

El director encuentra el centro de todas sus obsesiones en una nueva exploración del asesino desde su contexto, tomando elementos de Seven y Zodiac.

por | Nov 7, 2023

The Killer (2023) comienza con varias secuencias plácidas que muestran a una París silenciosa. Un hombre contempla por una ventana la calle y el edificio frente a él, mientras deja pasar el tiempo y reflexiona sobre el hecho de matar. Así comienza la que, quizás, es la película más depurada, mejor construida y alegórica de David Fincher, conocido por su obsesión con personajes marginales y violentos.

El asesino interpretado por Michael Fassbender también lo es, solo que, a diferencia de otros tantos personajes del director, no forma parte del contexto que rodea a un hecho violento. Es la encarnación del objetivo del asesinato, del poder perturbador, de cegar la vida de otro ser humano. El criminal, perfecto y con todos los recursos para serlo a la distancia de su mano. 

La adaptación de la novela gráfica de Alexis “Matz” Nolent es, en realidad, una disección acerca de todos los motivos, grandes o pequeños, que sostienen la maldad moderna. Un tema en boga, que Martin Scorsese exploró a fondo y con minuciosidad en Killers of the Flower Moon (2023), pero que David Fincher lleva a la primera persona sin el peso de recrear un hecho histórico.

El relato de su asesino sin nombre — que en su versión en papel apenas recibe el nombre de “Christian” sin mayor ceremonia — es también, el de las diferentes versiones de la avaricia, la codicia y la despersonalización de una época de inmensa soledad. Al menos, es la primera capa del mensaje de este thriller con aires filosóficos que sigue a un hombre que conoce el sentido de la violencia y lo paladea con cuidado.

Pero no porque le agrade o, en cualquier caso, a Fincher no le interesa convertir a su misterioso personaje en un psicópata sin corazón. El asesino de Fassbender carece de sentimientos, más allá del de la autopreservación. También, el de la necesidad de hacerse preguntas claras sobre qué lo llevó a la encrucijada en la que se encuentra.

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Para cuando la película comienza, el protagonista comete un error imperdonable, lo que le lleva a una huida poco elegante y sí, muy relacionada con su evolución interior. Fincher, especialista en personajes distantes y a la periferia, encuentra en Christian un horror inaudito — el de morir o matar — pero a la vez, la sorpresa de comprender que no puede hacer otra cosa que intentar sobrevivir, incluso a sí mismo. 

Un largo trayecto sobre el horror 

A mediados de la infame década de los noventa, David Fincher llegó con Seven (1995) para crear un nuevo tipo de percepción sobre esa noción sobre la agresión, el crimen y la violencia, en medio de tintes dramáticos y una sólida comprensión sobre los pequeños horrores de la naturaleza humana.

Pero además, el director analizó la naturaleza criminal — el asesino a la sombra — desde una mirada novedosa que cambió los códigos visuales y semánticos que hasta entonces se habían manejado sobre el tema. Dura, estéticamente innovadora, a mitad de camino entre un thriller de suspenso y algo más ambiguo, Seven analiza la naturaleza del mal, emparentando por primera vez con la mirada del asesino como método y percepción de una idea más transgresora y macabra. 

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Algo parecido ocurre en The Killer, en la que Fincher prueba todo tipo de códigos visuales y se permite múltiples concesiones argumentales. Todo, para explorar en autodestrucción y la desesperación, como un elemento visual más dentro de su propuesta. En la cinta, todo se encuentra más o menos descolocado, desenfocado, malherido por un pesimismo existencialista que se extiende como una visión de lo maligno que atañe a cada elemento de la película.

La capacidad de Fincher para crear atmósferas malsanas logra que, aun en sus momentos crueles y duros, Seven sea una minuciosa mirada al temor, a lo que consideramos humano, irracional. La raíz del miedo. Un enfrentamiento directo, sin concesiones y con absoluta audacia, contra lo establecido, lo emocional de la noción del asesinato. El asesino mata porque lo desea, lo disfruta, y sin motivos aparentes, más allá del asesinato en sí. Un sacudón argumental contra lo establecido y esa línea desdibujada que consideramos normalidad.

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Otro antecedente inmediato en The Killer es la infravalorada e inquietante Zodiac (2007). La cinta sigue paso a paso la investigación a lo largo de dos décadas del asesino que aterrorizó a San Francisco a finales de la década de los ’60 y principios de los años ’70.

David Fincher elabora una meditada comprensión de las entrañas del monstruo del mal y fusiona, con un pulso firme y de enorme poder narrativo, la forma y el fondo de su magnífica adaptación de la historia. El guion de James Vanderbilt — basado en el libro de Robert Graysmith — no solo desborda interés, detalles y buen hacer narrativo, sino que además crea una atmósfera específica que sostiene la percepción del asesinato como la de un depredador a la sombra.

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De la misma forma, The Killer es además una mirada hacia el interior del crimen. Hacia la perspicaz necesidad de Fincher de demostrar el horror en profundidad y delinear su rostro oculto como una huella de lo más hórrido de la naturaleza humana. De ritmo perfecto e impecable combinación entre la narración objetiva y la reflexión subjetiva, origina un mosaico sobre la naturaleza humana que asombra por su efectividad.

el asesino puede ser cualquiera 

Tal vez por esa mirada introspectiva, procedimental y pausada de Fincher, sorprende su decisión de enfocar la línea de la violencia, en un viaje pseudo espiritual. The Killer es más sencilla de lo que cabía esperar, pero ese pausado nihilismo, es simplemente la primera capa de muchas. Poco a poco, el asesino muestra sus matices, sus horrores e incluso, virtudes. Todo, mientras dispara con pulso perfecto — solo comete un error y es mortal — y va por el mundo, sin identidad ni personalidad real. 

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La cinta, que depende por completo de su ritmo interno y esa elaborada concepción sobre el crimen — el mal interior —, muestra al hecho de matar como un suceso medible y cuantificable. Lo nuevo de Fincher destaca justo por combinar lo mejor de Seven y lo más intrincado y perspicaz de Zodiac para crear un híbrido curioso y desconcertante acerca de la violencia. Con su criatura fugitiva y furtiva, que no busca redención, sino sobrevivir, la cinta logra un equilibrio ideal entre la idea y la concepción del crimen como hecho humano.

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