La obra de teatro de Stranger Things estrenó en el West End, el distrito comercial de Londres, en diciembre del 2023, y recién llegó a Broadway en abril de este año. Fue escrita por Kate Trefry, una de las mentes detrás de la serie, y basada en una historia creada en conjunto entre ella, los hermanos Duffer (creadores de la serie original) y el guionista de televisión y dramaturgo inglés Jack Thorne. Este último, después de años de trabajar en series realistas y adaptaciones prestigiosas de Shakespeare, comenzó a incursionar en la fantasía desde 2016 en el teatro con la obra The Cursed Child, basada en la saga Harry Potter, y en la televisión con la serie His Dark Materials.
Por su trasfondo, Thorne pareciera el mejor consultor para esta historia, aunque lo cierto es que es un guionista profesional que cumple siempre con su trabajo, pero la mayoría de sus obras son bastante genéricas a nivel argumental, sin sorprender casi nunca. Eso sigue pasando con esta obra, que no tiene su fuerza en el argumento sino en la impresionante puesta en escena, que fascina con su despliegue. Nadie que haya visto esta obra puede negar que su máxima virtud es el modo en el que impresiona con efectos especiales cinematográficos que en el contexto de un teatro te dejan con la boca abierta.

Ya la obra comienza con una imagen demente: un destructor de la armada de los Estados Unidos atravesando todo el auditorio. Y eso es solo el comienzo de la aventura. La historia, aunque no ofrece nada nuevo, en lugar de ser una simple adaptación de la serie en la que se basa, expande el universo de Stranger Things, ubicada veinte años antes de la cronología principal.
La historia parte de una teoría conspirativa que dice que en 1943 los Estados Unidos intentaron someter a un experimento al USS Eldrige, el famoso destructor de escolta real de su Armada. El llamado «Experimento Filadelfia” planeaba que la imponente nave pudiera volverse invisible, para ser indetectable ante el ejército alemán. Stranger Things: The First Shadow comienza con el ejército intentando ejecutar esa operación, que termina con el barco siendo transportado a lo que la obra ha bautizado Dimensión X, que es la manera oficial de llamar al Upside Down. Inmediatamente al llegar, todos sus tripulantes son asesinados por lo que en la serie conocemos por el nombre Demogorgons.

¡Atención! ¡Alerta de spoilers!
A partir de ahora se vienen spoilers bastante importantes, pero esta nota está pensada principalmente para gente que no puede ver la obra y le interesa saber qué elementos argumentales podrían aparecer en los nuevos capítulos que están por estrenar en esta temporada de fiestas. Por eso, si querés seguir leyendo, hacelo bajo tu propia responsabilidad. Si no te interesa saber tantos detalles, pero sí querés conocer en qué puede ayudarnos la obra para entender el final de la serie, avanzá hacia la última sección.
STRANGER THINGS: THE FIRST SHADOW
Después del impactante prólogo, la obra avanza hasta sus coordenadas espaciotemporales principales: quince años después, en el pueblo de Hawkins, Indiana. A partir de que arranca nos damos cuenta de que casi todos los personajes son familiares de alguno de los protagonistas de la serie, o directamente versiones jóvenes de los adultos principales, que acá son estudiantes de la escuela secundaria de Hawkins. El protagonista es el mismísimo Henry Creel, quien después se transformará en el malvado Vecna. Henry, interpretado por el actor irlandés Louis McCartney, está muy lejos de la entidad malvada que veremos después. Acá es un pibe bueno, raro, tímido, con poderes telequinéticos, que se acaba de mudar al pueblo con su familia y tiene problemas para hacer amigos en la escuela.
Henry encuentra su única amistad en Patty Newby, la hija adoptiva del director de la escuela. Ambos desarrollan un vínculo amoroso, y ella busca convencer a Henry de que sus poderes no son malignos, y pueden ser usados para el bien. Pero la relación se empieza a complicar a medida que Henry empieza a ser sometido por una presencia oscura, una sombra humanoide monstruosa. Bajo su influencia, Henry es transportado a un mundo paralelo que él llama “el campo de batalla”, desde donde involuntariamente empieza a asesinar animales, incluyendo el gato de Claudia Yount, la mamá de Dustin.
Patty es un personaje nuevo introducido por la obra, pero es la hermana adoptiva de Bob Newby, el encargado de la tienda de electrónica Radio Shack, un personaje central de la segunda temporada de la serie, donde lo vemos como novio de Joyce. La versión joven de Bob acá termina siendo un espejo de Dustin, un pibe ñoño y entusiasta, radioaficionado y aventurero, que empieza a investigar las muertes de animales junto a dos chicos populares de la escuela: Hopper y Joyce, quienes acá cumplen una función similar a la de Steve y Nancy en la serie. Joyce es la directora de la obra escolar, a la que ve como su boleto para salir de Hawkins; y Hopper es el chico problemático de la escuela, metiéndose constantemente en problemas con su papá, el jefe de policía.

Patty quiere que Henry utilice sus poderes psíquicos para ayudarla a ubicar a su madre biológica, de la cual no sabe nada. Sin embargo, él pierde de nuevo el control y casi termina asesinando al padre de Patty, quien, al despertar dibuja a la figura que lo atacó, revelando que se trata de la entidad que conocimos en la serie como el Mind Flayer. Mientras tanto, Henry es llevado por su madre al National Hawkins Laboratory. Allí queda a cargo del Doctor Brenner, científico del departamento de energía de los Estados Unidos, uno de los antagonistas principales de la serie, que conocimos a partir de sus experimentos con Eleven. Al ver a Henry, Brenner se sorprende de sus poderes nunca antes vistos, y se revela el pasado del doctor, cuyo padre fue el único sobreviviente del Proyecto Filadelfia.
Incapaz de cumplir con las órdenes de Brenner, Henry abandona el laboratorio y vuelve a su casa, donde, poseído por el Mind Flayer, termina asesinando a su madre y hermana. Su padre, inconsciente, será acusado del crimen. Más tarde, Henry va a la escuela en la noche de la obra escolar e intenta salvar a Patty del Dr. Brenner, quien quiere matarla para eliminar cualquier influencia positiva que mantenga a Henry con la fuerza para resistir al Mind Flayer. Patty es arrojada del techo y Henry regresa al laboratorio.
La obra termina con Patty reencontrándose con su madre biológica y con Joyce y Hopper despidiéndose antes de que él parta hacia Vietnam. Mientras tanto, en el Hawkins Lab, el doctor Brenner presenta a Henry con los nuevos “pacientes”: El telón cae mientras Henry se encuentra con una niña de pelo corto llamada Eleven.

Argumentalmente la obra no aporta mucho a lo que ya sabemos por la cuarta temporada de Stranger Things. Indaga en la historia de la familia Creel y nos permite conocer a una generación anterior de adolescentes de Hawkins. Es divertido captar las referencias a los padres de nuestros personajes favoritos y entender un poco más de las dinámicas entre familias en este pequeño pueblo de Indiana. Por si la serie no era lo suficientemente clara, la obra confirma que Joyce y Hopper están destinados a ser End Game. Sin embargo, también causa algunas inconsistencias que los más atentos no tardaron en señalar, como el hecho de que Joyce y Bob se habrían conocido de adolescentes o, aún más, que todos los adultos de la serie habrían ido a la escuela con Henry Creel pero ninguno de ellos parece asociarlo con lo que pasa veinte años más tarde.
Sin duda, lo más interesante es la puesta en escena, que le granjeó un premio Tony (entregados a lo mejor del teatro en Broadway). Desde el primer momento, la obra asombra por el despliegue escénico, el uso de efectos especiales y la recreación de la atmósfera de la serie. Y esto se instala apenas entrás al Marquis Theatre: la atención al detalle y la recreación del Upside Down son el atractivo principal.

Entonces ¿Qué puede aportar Stranger Things: the First Shadow al final de la serie?
Es difícil saber cuánto de lo que ocurre en el escenario tendrá repercusiones en los últimos cuatro episodios de la serie. La obra es más bien una expansión sobre una historia que se contó al pasar en la cuarta temporada, y que de algún modo repite los patrones de la versión televisiva. Una manera de contar algo parecido pero sin repetir exactamente la misma historia. Aún más, si bien la obra es considerada canon dentro del universo creado por los hermanos Duffer, hacer descansar el final de un fenómeno televisivo mundial en el argumento de una obra que solo es accesible a quienes pueden visitar Londres o Nueva York no parece una idea muy acertada, ni justa.
Sin embargo, hay algunas revelaciones que posiblemente sean importantes y que, quizás, encuentren su lugar en el descenlace de la quinta temporada. La más destacable sin duda es el hecho de que el Upside Down, la dimensión X, el campo de batalla o como sea que lo llamemos, no es una creación ni de Henry Creel ni de Eleven, si no que se remonta, por lo menos, a la Segunda Guerra Mundial y quizás a un momento anterior. Lo mismo puede decirse de las entidades que lo pueblan: demogorgons, otros monstruos, y, sobretodo, el Mind Flayer.
Porque ese es el otro aporte fundamental de la obra: Vecna no es una expresión de la verdadera naturaleza de Henry sino que es el resultado de la influencia del Mind Flayer sobre su mente. En la obra, Henry es un joven con algunos problemas sociales y con ciertas habilidades paranormales, pero estas no son usadas para el mal. De hecho, cuando está con Patty, Henry usa sus poderes para el bien, creando ilusiones reconfortantes. Su faceta maligna solo aparece como consecuencia de la infección del Mind Flyer. Esto abre la puerta a la posibilidad de una redención para Vecna/Henry, pero también a las múltiples teorías de fans sobre la relación entre el Mind Flyer y Will, y cuál es el rol de este último en los planes oscuros que tiene Vecna para Hawkins y, al final del día, para el mundo.

Es una lástima que acceder a esta obra de teatro sea un privilegio restringido para unas pocas personas que viven en dos de las ciudades más importantes del mundo, o que tienen la oportunidad de viajar para allá. También, como pasa con este tipo de spin-off y contenidos transmedia, es inevitable caer en contradicciones. Principalmente, se plantea una gran paradoja: si la narrativa de la serie se apoya en la obra gran parte de la audiencia se queda afuera, pero si no hay ninguna referencia, la obra se transforma en un producto prescindible. Lo cierto es que como hecho teatral es un fenómeno muy interesante que esperamos que en algún momento pueda ser accesible para un público más amplio. Mientras tanto, saber sobre ella nos sirve como una excusa para seguir elaborando teorías sobre esta serie que nos encandila hace ya casi diez años.








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