Oh my Khonshu!

Moon Knight – Mitad de temporada: Steven con V, Marc, yo y mi otro yo…

Entre dioses egipcios, un tono más oscuro y el protagonista más multifacético de Marvel, Moon Knight tiene altibajos pero nos deja deseando ver más.

por | Abr 14, 2022

Moon Knight Mitad de temporada Steven con V, Marc, yo y mi otro y, Oscar Isaac

Si hay algo que define al Universo Cinematográfico de Marvel es la forma en que cada una de sus películas es una pieza firme que conecta más de diez años de producciones audiovisuales. En cierta manera, refleja lo que es leer un cómic, pero ordenando cada producción, para que queden interconectadas aún más claramente que las múltiples series en papel en las cuales se inspiran. 

De todas y cada una de las películas o series que Marvel nos entregó hasta ahora, podemos decir que (por el momento) Moon Knight (2022-) es aquella que más se despega de las anteriores, presentándonos personajes completamente nuevos y con más insinuaciones que referencias directas al UCM.

Primera fase lunar

El primer episodio nos presenta a Steven Grant (Oscar Isaac), empleado del Museo Británico que, a pesar de su claro fanatismo y conocimiento respecto a la historia egipcia, se encuentra -muy a su pesar- relegado a ser un simple vendedor en la tienda de regalos. Steven es un tipo solitario y no por decisión propia: sus compañeros apenas lo respetan, si es que le prestan atención alguna. Y para hacer las cosas más difíciles para él, tiene un trastorno de sueño que lo obliga a atarse tobillo al poste de la cama cada noche, entre otras varias técnicas que prueba para no deambular cuando cae rendido por el sueño.

Pero por supuesto, las cosas no son tan simples como parecen, y aquello que consideraba un caso muy extremo de sonambulismo en verdad esconde el hecho de que Steven realmente sufre del trastorno de identidad disociativa y, por si fuera poco, el dios egipcio de la luna Khonshu (F. Murray Abraham) lo persigue para que cumpla su destino como su servidor y campeón.

El inicio de la serie es sólido, con un lenguaje visual digno de una producción de la gran pantalla y una buen cantidad de interrogantes que ayuda a construir una historia atrapante. Pero el gran acierto de la serie es sin duda las interpretaciones, destacando el plural, de su protagonista.

Óscar Isaac Hernández Estrada fue ganando muchísima atención en los últimos años y las razones para esto sobran. Si hay algo que transmite en su actuación es lo mucho que claramente disfruta con este papel en particular.  Ethan Hawke como Arthur Harrow, líder del culto con planes de resucitar a la diosa Ammit está más que bien en su personaje, así como el resto del reparto, que están muy correctos. Pero este show es de Oscar y eso se hace notar. Balanceando acentos y yendo del patetismo cómico a la más imponente presencia escénica, vemos a al actor guatemalteco ensalzado en la oportunidad de actuar consigo mismo y  jugando con los tantos matices que sus personajes le permiten. Lo hace con tanta credibilidad que realmente hace sentir al público que está observando a dos personas distintas en cada una de las interacciones entre Steven, Marc o el mismísimo Khonshu al usar su cuerpo.

En contraste al comodín seguro de tener a dos grandes intérpretes llevando la serie, es quizás un poco arriesgado el tono con la que se la ejecuta. Es ante todo el primer episodio, que casi coquetea con contar la historia como si de una de horror se tratase, cuestión que se siente bastante refrescante considerando las formulas a las que Marvel nos tiene acostumbrados. Y es, justamente, por esas fórmulas en donde encontramos la disparidad más grande, un humor que, si bien en muchos casos funciona, por momentos choca con la atmosfera que el relato mismo construye.

Te castigaré en el nombre de la luna

El segundo episodio logra balancear la buena dosis de acción del primer capítulo con el fuerte carácter expositivo con el que carga, haciendo que las explicaciones a gran parte de las incógnitas planteadas sean dadas de manera sorprendentemente dinámica.

De esta manera, finalmente nos enteramos de que la otra identidad compartiendo el cuerpo de Steven, un mercenario llamado Marc Spector, tiene un pacto con Khonshu  a cambio de que éste no tome a su esposa Layla (May Calamawy) como nuevo avatar, humanos que ponen el cuerpo para hacer en la tierra el trabajo de los dioses. En el caso de Khonshu, esto sería impartir la más violenta de las justicias.

Agitadas discusiones por tomar el control del cuerpo en el que ambos habitan, finalmente permite que Steven por primera vez tome el manto de Moon Knight. Pero al literalmente conjurar un “traje”, termina vestido con un elegante saco y pantalón blanco, llevándolo a tomar la identidad apodada como Mr. Knight. Esto da pie a una de las escenas de acción más peculiares y cómicas que Marvel nos entregó hasta el momento, viendo al mismo tiempo los primeros atisbos de los poderes que el dios lunar le da a nuestros protagonistas y un Steven que, habiendo conectado con Layla, encuentra el coraje para mostrar que quizá si hay un héroe (no tan literalmente) dentro suyo.

Este episodio, aún más que el anterior, hace notar la gran calidad visual de la serie muestra hasta ahora, con una fotografía y una iluminación particularmente bella y composiciones muy cuidadas en sus encuadres. Lamentablemente, en varios momentos todo esto se tira por la borda cuando el CGI aparece en escena. Mucha controversia hubo con cuestiones menores de ciertas escenas de acción del primer episodio, pero nada de eso se compara a lo tosco que se ve el traje de Moon Knight, cuestión que se hace notar aún más con el pasar de los capítulos. Al hacer que el protagonista parezca un personaje sacado directamente de un videojuego, el contraste visual es tan fuerte que termina distrayéndonos de la historia misma.

Las terceras partes nunca son buenas

Pero quizá el episodio más flojo de la primera mitad de temporada es el tercero. En sus puntos a favor vemos cómo expande dos cuestiones importantes: por un lado, llegamos a conocer más sobre Layla, su pasado como contrabandista de artefactos arqueológicos, el destino de su padre y la dinámica entre ella, tanto con Marc como con Steven. Pero el episodio, además, se enfoca en una de las cuestiones más interesantes con las que Marvel jugó dentro de sus historias: el lore de los dioses dentro de su universo. Así como en su momento la mitología nórdica fue desarrollada con bastantes libertades respecto a los mitos, la egipcia había apenas sido insinuada en Black Panther (2018) al convertir a la diosa Bast en la protectora de Wakanda.

Así el tercer capítulo nos demuestra cómo se abren en el mundo portales para que los avatares de los dioses como Osiris, Isis o Hathor puedan reunirse físicamente dentro de la Gran Pirámide de Giza, siendo sus cuerpos mortales poseídos por las deidades para, en este caso en particular, enjuiciar a Harlow, luego de que Marc los acusara de querer despertar a Ammit.

Por otra parte, logramos tener un vistazo a otros de los poderes de Khonshu, que -muy convenientemente- resuelve las idas y venidas de un episodio en donde, entre tanta charla de deidades, irónicamente toma el recurso del deus ex machina para encontrar muy por los pelos soluciones a las trabas con las cuales nuestros personajes se van encontrando en el camino.

La acción del episodio es una vez más a destacar, sobre todo las escenas del comienzo en donde vemos por fin terminada la pelea de cuchillos, esa de la cual meses antes del estreno de la serie habíamos visto en redes la coreografía, en donde un Isaac barbudo hacía el deleite de sus fans.

El capítulo termina con una nota agridulce al haber una dedicatoria a Gaspard Ulliel (Hannibal Rising), actor que falleció en un accidente a comienzos de este año y al cual solo veremos nuevamente en nuestras pantallas gracias a Moon Knight y Plus que Jamais, película que aún no tiene fecha de estreno ya que de momento se encuentra en post-producción.

Hablando en primera persona

No es menor, y al mismo tiempo algo a agradecer, el peso que tuvo el director y productor ejecutivo de la serie, Mohamed Diab, al insistir en que la serie se alejase de esa exotización anacrónica que caracteriza a Egipto en las producciones audiovisuales norteamericanas. Lejos está Moon Knight de ese orientalismo que tanto deshumaniza a su cultura, presentando un Cairo como la metrópolis moderna que es hoy día, o a las mismas pirámides localizadas cerca de la ciudad, al contrario de como normalmente se las representa, como monumentos perdidos en el medio de un desierto lejano.

A excepción de Isaac y Hawke, Diab afirma que gran parte de los actores son de descendencia oriental o específicamente egipcia, como es el caso de Calamawy. Esto también sucede con buena parte de los intérpretes secundarios y el equipo detrás de cámara, como vemos también en el compositor de la serie, Hesham Nazih. Su música tiene gran peso, abriendo camino a que Occidente escuche talentos egipcios como es el caso de Ahmed Saad, DJ Kaboo o Hassan Shakosh en un soundtrack que no solo acompaña, sino que logra elevar el producto final.

Con todavía tres episodios por venir, aún quedan muchas incógnitas en el horizonte. El cliffhanger con el que nos dejan es fuerte, ya que ambos bandos ahora tienen la ubicación de la tumba de Ammit. Pero con un Khonshu encerrado por sus congéneres, ahora nuestros protagonistas pierden sus bendiciones, ninguna armadura o poder que los proteja en caso de tener que tener un nuevo enfrentamiento con los fieles de Harlow.

¿Son acaso Marc y Steven las únicas identidades compartiendo ese cuerpo? ¿Lograrán liberar a Kohnshu para recuperar sus poderes? ¿Qué pasará si Ammit es efectivamente despertada de su sueño? Por ahora solo queda esperar que Moon Knight retome ese comienzo tan consistente que había tenido para hacer honor a las tantas fortalezas con las que se nos presentó al héroe lunar.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.

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