La cacería continúa

Hunters – Temporada 2: El final de la serie ata cabos sin mucha originalidad

Prime Video estrenó la última temporada de su ficción sobre cazadores de nazis protagonizada por Al Pacino. Te contamos los bueno y lo malo de esta nueva entrega.

por | Ene 25, 2023

La primera temporada de Hunters (2020-2023) me rompió el corazón. Y no de la misma manera en que Normal People (2020) o This is Us (2016-2022) te rompen el corazón. No estaba planeado, no era parte del objetivo de la serie. Quizás debería explicarme un poco mejor. La primera temporada de Hunters salió en febrero de 2020 y yo la agarré en algún punto de esos seis meses que duró marzo de ese año. Para una persona como yo, investigadora del Holocausto y de la representación judía en la cultura pop, fanática de las historias de venganza y de Quentin Tarantino, la serie parecía hecha a mi medida.

En los Estados Unidos de los ’70, un diverso grupo liderado por Meyer Offerman (Al Pacino) se dedica a rastrear y asesinar Nazis que escaparon a la justicia y viven con nuevas identidades. Una monja con antecedentes en el MI6 (Kate Mulvany), un actor de películas medio pelo (Josh Radnor), un veterano de Vietnam (Louis Ozawa), una pareja de abuelos sobrevivientes de los campos (Saul Rubinek y Carol Kane) y una ex integrante de los panteras negras (Tiffany Boone) completaban el grupo. Luego se les suma Jonah (Logan Lerman), nieto de Ruth (Jeannie Berlin), una integrante que acaba de ser asesinada por un nazi encubierto y (plot twist) nieto de Meyer. Si la idea ya les suena parecida a Inglorious Basterds (2009) de Tarantino, es porque lo era. Asimismo, utilizaba muchos elementos estéticos propios del exploitation y tenía escenas bien gore.

A medida que pasaban los capítulos y la trama se iba desentrañando, descubríamos una conspiración dirigida por una mujer de mediana edad conocida como “la Comandante” (Lena Olin) para establecer un Cuarto Reich. Para ello, contaba con la ayuda de un joven neonazi americano, Travis (Greg Austin). La tensión entre los dos grupos iba creciendo, con atentados terroristas y tiroteos de por medio. Todo lo que quieren las guachas, podríamos decir. Hasta el último capítulo de la temporada.

Spoiler Alert

Luego de sabotear los planes de la Comandante, Meyer tiene un accidente de auto del que es rescatado, y mientras está inconsciente, Jonah cree descubrir al Lobo, un jerarca nazi que torturó a Meyer y a su abuela cuando ambos estaban en los campos. Cuando llega el momento de matarlo, Jonah rápidamente se da cuenta de que Meyer es en realidad el Lobo, quien, mientras se encontraba bajo el cuidado de las tropas aliadas en Auschwitz logró escapar, matar a Meyer y someterse a cirugías estéticas para hacerse pasar por él, gracias al conocimiento que había obtenido tras años de atosigarlo. Esto explica por qué Meyer habría abandonado a Ruth y nunca más se puso en contacto con ella.

Ahí está, entonces, la cosa de mi corazón roto. Después de nueve episodios de acción, de enseñarnos las historias de estos personajes y de una representación francamente increíble de la cultura judía, la serie terminaba con un plot twist barato, que no cerraba por ningún lado (y que, yo insisto, aunque no es este el lugar para explayarme, rozaba lo antisemita). De repente, un personaje que venía siendo construido cuidadosamente, que conocía la cultura judía a la perfección, hablaba yiddish y llevaba adelante un plan de venganza por los seis millones de judíos asesinados durante el Holocausto, había sido un nazi con cirugía plástica todo este tiempo.

Y sobre eso hay que agregar que el capítulo termina con la Comandante secuestrando a un miembro de los Cazadores y llevándolo a su guarida secreta en (sorpresa) Argentina, donde se revela que ella es en realidad Eva Braun, la amante de Hitler, quien escapó tras fingir su propia muerte y la del Führer (interpretado por Udo Kier), quien es revelado en el último segundo de la temporada.

Siempre he sido una persona que se toma la ficción un poquito más en serio de lo debería, y en pleno 2020 mis emociones no estaban en condiciones de superar un golpe como este. Me juré que eso era lo último que vería de la serie y, con los retrasos producidos por el coronavirus, cada vez parecía menos probable que Prime Video la continuara. Pero lo hicieron, con una segunda temporada que también sería la última. Y, como aparentemente no sé cumplir mis promesas, la vi. Habían pasado dos años y me parecía que estaba lista.

La temporada reencuentra a los Cazadores dos años después de la muerte de Meyer/el Lobo o como prefieran llamarlo. No se sabe muy bien qué, pero está claro que algo pasó y el grupo se ha desmembrado. Jonah vive en París bajo una identidad falsa, pasa los días con su nueva prometida y las noches en burdeles rastreando nazis. En una de sus incursiones, una de sus víctimas le revela que Hitler sigue vivo. Esto lo lleva a reconectar con Millie (Jerrika Hinton), una agente del FBI que investigaba la muerte de su abuela y que en la primera temporada estuvo a punto de desenmascarar a los Cazadores en más de una ocasión. Ahora, Millie se encuentra trabajando en su propia cacería de nazis, aunque por el lado de la justicia, y ha llegado a la conclusión de que ese no es el camino más apropiado. Juntos reúnen al equipo de Cazadores y se largan a la búsqueda de Hitler y su amante en Buenos Aires.

Hay muchas cosas que están flojas en esta temporada, pero la más obvia es la representación de la Argentina. La dictadura brilla por su ausencia y los personajes llegan a Buenos Aires en algún momento de 1979 y viajan a “un pueblo a una hora de Buenos Aires” rodeado de montañas, que parece colindar con México. Es decir, nada a lo que cualquier ficción sobre los nazis escondidos en Argentina no nos tenga acostumbrados. Al menos no tiene a Villa Gesell en el medio de la Patagonia. 

La segunda temporada solo tiene 8 episodios, más cortos que la anterior. Es evidente desde el principio que los escritores están tratando de cerrar todas las líneas argumentales que establecieron en la primera temporada, pero cometen el error de introducir demasiados elementos nuevos, entre ellos a Jennifer Jason Leigh como Chava, la tía abuela de Jonah, a quien se creía muerta en los campos de exterminio, pero ha devenido en cazadora de nazis (porque en esta serie, aparentemente, nadie está muerto de verdad, excepto la pobre Ruth). Incluso el penúltimo capítulo (probablemente el mejor de todos) es una especie de embotellado sobre una pareja alemana que oculta judíos detrás de sus paredes, entre ellos un personaje que aparece un total de 5 segundos en el resto de la serie, sin ninguna consecuencia. El capítulo es excelente, pero corta por completo con la narrativa y hace que el apurado final se vea aún más apurado.

Sin embargo, probablemente la peor de las decisiones de esta temporada final sea la de no deshacerse de Meyer/el Lobo aún después de su muerte. A primera vista es comprensible que los productores no quieran dejar ir a una estrella de la talla de Al Pacino, francamente yo tampoco lo haría. Pero su línea argumental en esta temporada es una serie de flashbacks que explican los inicios del grupo y cómo su deseo de esconder su verdadera identidad parece haberlo motivado. Esto no es solo clavar más fuerte el puñal del pésimo giro de la temporada anterior, sino que es inconsecuente con las últimas palabras de Meyer, y además nos quita tiempo para la cacería de Hitler

En rasgos generales, la segunda temporada de Hunters es disfrutable, aunque totalmente olvidable. La serie ha abandonado su tono irreverente y sus referencias comiqueras y al cine clase B, por lo que la narrativa es chata, excepto por los innecesarios flashbacks. Hay un par de escenas emotivas en los últimos tres capítulos que logran captar la importancia de la lucha contra el antisemitismo y la memoria de las víctimas del Holocausto, que suena particularmente vigente en una época en la que el crecimiento de dicho antisemitismo a nivel mundial es alarmante. Para el final de la serie, si hay algo que está claro, es que esa lucha está muy lejos de terminar. 

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