Todo empieza con un nombre: Deborah Vance. Los showrunners de Hacks (2021-), el matrimonio Lucia Aniello-Paul W. Downs, lucharon hasta encontrar la identidad perfecta para la protagonista de su comedia. En definitiva, no podía ser un nombre más: tenía que representar a una diva del humor que, a sus 70 años, se encontrara disfrutando del confort de una gastada rutina de stand up que tan bien le funcionaba con su público de Las Vegas.

Su carrera da un vuelco cuando peligra su residencia en el casino Palmetto y su asistente le sugiere que mejore sus chistes y que contrate a «la voz de otra generación» para aggiornarse. Sin embargo, Deborah Vance no llegó al lugar en el que está, esa mansión repleta de objetos carísimos y dos perros corgi, por una simple casualidad. Ella conoce las reglas de la comedia, conoce su audiencia, y no está dispuesta a que un tercero la ponga en jaque.

Hacks
Hacks volvió con una perfecta segunda temporada

En el episodio piloto de la primera temporada de Hacks, estrenado en HBO Max en junio de 2021, se produce ese choque generacional entre Deborah (Jean Smart, en una actuación que se lleva todo a su paso) y la guionista de 25 años Ava (Hannah Einbinder) con un manejo del humor que va in crescendo, con gags redondos escritos por Aniello, Downs y la otra factótum de la serie, Jen Statsky. Mientras esa mujer que resplandece con su vestuario se sienta con soberbia en un sillón de su living barroco, Ava intenta disimular su descontento ante la posibilidad de escribirle chistes a quien percibe como una hasbeen conservadora. Su objetivo es otro, el de apuntar a un target progresista y woke.

Einbinder, hija de una de las primeras mujeres comediantes de Saturday Night Live, Laraine Newman, y del guionista de dicho programa, Chad Einbinder, demostró desde el inicio estar a la altura en sus mano a mano con Smart, especialmente en ese primer encuentro en el que Ava adula a Deborah para luego sincerarse con un monólogo brutal.

Hannah Einbinder y Jean Smart en Hacks

En cierta forma, la esencia de Hacks se encuentra en ese instante, con las protagonistas debatiendo con el mejor argumento que tienen: el humor. Se trata del punto de partida de algo muy poco frecuente en el panorama de series actuales como lo es la amistad entre dos mujeres que vienen de dos mundos antagónicos, pero que se conectan gracias a la comedia. Al mismo tiempo, hay una sinceridad que sobrevuela la ficción que arrasó en los Emmy el año pasado al obtener los premios a mejor actriz, mejor guion y mejor dirección, en lo que fue una digna competencia con el fenómeno Ted Lasso (2020-).

Tanto Deborah como Ava se exponen de manera constante a las devoluciones de la otra. Como ellas escriben es como ellas ven el mundo. Por lo tanto, cuando la joven le propone a su jefa modificar su set, Deborah tarda en asimilar que es hora de un cambio pero lo hace, y así ambas empiezan a gestar, en conjunto, una rutina con la autorreferencialidad como fórmula del éxito.

Aniello, Downs y Statsky no se habían propuesto algo sencillo cuando gestaron una comedia sobre una referente del humor, ya que esto implicaba que la serie debía tener una catarata de gags que fueran el reflejo de esa figura. No solo lo lograron, sino que redoblaron la apuesta con una segunda temporada en la que Deborah y Ava forjan un vínculo más profundo cuanto más se respetan mutuamente, algo que no sucedía en la primera vuelta, menos afable y más áspera.


La dupla sale de gira con Broad City como inspiración

Siete años antes de Hacks, Aniello y Downs escribieron y dirigieron -con Abbi Jacobson e Ilana Glazer– la comedia de nicho Broad City (2014-2019). Si bien la serie tardó en despegar como se merecía, terminó siendo la inspiración principal de Hacks. Jacobson y Glazer interpretaban a dos amigas que viven en Nueva York, esa vasta ciudad a la que alude el título, abrazando el espíritu caótico del lugar en el que se mueven sin demasiadas aspiraciones más que la de vivir el presente. Broad City desplegaba un humor similar al de Hacks. No existía una diferencia generacional, pero sí el objetivo de mostrar cómo dos mujeres se volvían inseparables y elegían el humor para huir de las presiones socioculturales. Había algo genuino en ambas y en el modo en que se vinculaban que se terminó traspolando a Deborah y Ava.

Por otro lado, en ambas series se remarca la importancia de derribar los prejuicios. Así como Abbie e Ilana eran juzgadas por un entorno que desconocía lo que tenían para ofrecer y ellas respondían siendo fieles a sí mismas, en Hacks sucede algo parecido. De todos modos, el tono elegido es más mordaz y plantado en la realidad de sus protagonistas. Broad City, en cambio, jugaba con lo onírico, con la improvisación y con el espíritu de sketch del cual nació.

En la segunda temporada de Hacks, Deborah y Ava se van de gira por los Estados Unidos para una prueba piloto del nuevo material con el que la comediante busca renacer. El camino es sinuoso porque el humor lo es. Encontrar el punchline indicado para cada chiste del set se convierte en una tarea incansable, en un ejercicio de prueba y error. Lo metatextual es otro de los aciertos de la serie y se expone con un consejo que le da Ava, desde su inexperiencia, a una Deborah más proclive a escucharla.

«Confiá en el proceso», le dice la joven a una mujer que creyó haber estado en la cima por décadas. «Me parece que esta es la montaña más difícil que tuviste que escalar», le asegura su guionista con total razón. Desde el comienzo, Hacks nos mostró a esa diva que rompió barreras, abrió el paso a otras mujeres comediantes (aunque sin proponérselo), pero que se quedó en la comodidad de los mismos chistes efectivos, de la misma audiencia. La adulación pudo más que el deseo de superarse.

Hacks
Hacks se llevó tres premios Emmy en 2021

En este road trip donde no falta una buena dosis de insania (a fin de cuentas, su protagonista es una déspota descabellada), Deborah redescubre su pasión por la comedia en esos traspiés que va sufriendo ante públicos desconocidos, y en estados en los que su fama poco vale si su humor no está afilado. Deborah debe luchar por la risa, y eso se transforma en su motor. En paralelo, Ava la observa ya con otra mirada, muy lejos de la displicencia de sus primeros encuentros, más cerca de una admiración por lo que su jefa, amiga y figura materna (todo eso junto) pudo lograr en una época en la que los hombres monopolizaban la comedia.

Esta vuelta al ruedo de la ficción con ese viaje en el que sus protagonistas se van encontrando con personajes hilarantes -esto le posibilita a Smart tener intercambios con actrices como Laurie Metcalf, Margaret Cho y Harriet Harris-, ratifica lo imprescindible que se ha vuelto para el género. Además, Hacks también cuenta con una subtrama en la que Downs (quien había sido parte del elenco de Broad City) se destaca en el papel de Jimmy, el agente de Ava y Deborah que tiene una relación conflictiva con su asistente Kayla (interpretada por Megan Stalter, la revelación de la serie junto a Einbinder), que se va trazando con cierta impredecibilidad.

Nada es casual aquí. Lo impredecible es el corazón de Hacks, una serie de rumbo incierto cuyo entretejido funciona como espejo del universo del la comedia, género en el que se trabaja con persistencia para alcanzar la gloria cuando la audiencia ríe; género configurado para el disfrute del brainstorming. «Confiá en el proceso», le dice Ava a Deborah, un consejo al que podría añadírsele otro verbo. Disfrutá del proceso. En esa turbulencia se halla el encanto de Hacks.

Ayudanos a seguir creciendo

Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar con un aporte único o suscripción mensual.

cafecito