Recordando a un grande

La obra de Fabián Bielinsky y la huella que dejó en el cine argentino

El documental reúne a los protagonistas de Nueve reinas y El aura para recordar al autor y sus películas a 20 años de su muerte.

por | Ago 31, 2026

Pocas películas argentinas han logrado sintetizar el clima de una época, de un momento muy preciso en el tiempo y el espacio, hasta quedar irrevocablemente ligadas a un evento histórico. Aún menos películas se han convertido en un referente cultural colectivo, que sigue aportando frases icónicas y memes perfectamente aplicables a la realidad de un país incluso 26 años después de su estreno, reconfirmando así su vigencia. Nueve reinas (2000) ha conseguido ocupar ese lugar de privilegio, convirtiéndose en una de las películas más representativas de la cultura argentina.

Es por lo tanto notable enterarse de que una película tan importante para la cinematografía nacional casi no llega a ver la luz, tal y como se cuenta en el documental Nueve auras (2025). La película (que está disponible en el catálogo de HBO Max) recorre la vida de su autor y director, Fabián Bielinsky: su carrera como asistente de dirección, el rodaje de sus dos largometrajes –Nueve reinas (2000) y El aura (2005), cuyos títulos combinados le dan nombre al documental- y los testimonios de sus protagonistas, hasta llegar al sorpresivo y trágico fallecimiento del cineasta en el año 2006.

Una de las tantas frase icónicas de Nueve reinas.

El guión que nadie quería producir

Fabián Bielinsky se formó en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) pero -tras obtener reconocimiento con algunos cortometrajes que participaron de festivales nacionales e internacionales- basó los primeros años de su carrera en la realización de comerciales publicitarios. En cine se desempeñó como asistente de dirección para películas de Carlos Sorín (La eterna sonrisa de New Jersey, 1989), Eliseo Subiela (No te mueras sin decirme adónde vas, 1995), Mario Levin (Sotto voce, 1996) y Daniel Barone (Cohen vs. Rosi, 1998), entre otros directores. Después de escribir el guión de la película La sonámbula, recuerdos del futuro (1998), que dirigió Fernando Spiner, escribió el guión de la que sería la primera película que intentaría dirigir él mismo.

Un joven Fabián Bielinsky detrás de cámaras.

Bielinsky presentó el guión de la película que luego se convertiría en Nueve reinas (2000) -el primer nombre tentativo era Farsantes, pero a Bielinsky no le cerraba del todo porque le parecía demasiado revelador- a varias productoras, que lo rechazaron por considerarlo difícil de producir. Curiosamente una de las productoras que lo rechazó fue la que lo terminaría financiando, Patagonik, luego de que Bielinsky ganara el concurso Nuevos Talentos Cinematográficos de 1998, organizado por Patagonik y Kodak. Así, Bielinsky se embarcó en la producción y el rodaje de su ópera prima, que surgió de la idea de poner en relación la estafa y la ficción: “la idea de generar una puesta en escena para que alguien crea que es real algo que no tiene relación directa con lo que es el cine”, comentó en una entrevista.

Para el desarrollo del guión realizó una investigación muy minuciosa, recabando información periodística sobre estafas reales pero usando también anécdotas de su vida, como la estafa del portero eléctrico en la que había caído su propia tía.

Gastón Pauls y Ricardo Darín como Juan y Marcos en Nueve reinas.

Un rodaje tomado por asalto

Luego de cambios en sus protagonistas -que inicialmente iban a ser Gabriel “el Puma” Goity y Leonardo Sbaraglia en los roles de Marcos y Juan respectivamente- los protagónicos quedaron en manos de Ricardo Darín, Gastón Pauls y una ascendente Leticia Brédice. Darín cuenta en el documental que Bielinsky no lo quería para el rol de Marcos (que en las primeras páginas del guión original aparecía simplemente como “el hombre del pancho”) ya que lo consideraba “demasiado simpático” y él quería que este personaje no fuera para nada querible. Pero Darín logró sacarlo de este prejuicio y forjó con esa decisión el inicio de una amistad y una conexión artística que lo llevaría a protagonizar también el segundo largometraje del director.

Con un presupuesto muy acotado (un millón de dólares), muchas escenas que habrían sido muy caras de producir se resolvieron con un rodaje “por asalto” o de guerrilla, como la escena en la que Marcos y Juan están en el microcentro porteño y Marcos enumera todas las estafas que se están llevando a cabo a su alrededor. El equipo técnico filmó con un teleobjetivo desde una camioneta a los actores que estaban parados en la calle de verdad, con gente real que caminaba alrededor de ellos, sin extras ni permisos para filmar. Lo mismo sucedió con la escena del banco del final, en la que filmaron a los curiosos que se acercaron al rodaje en vez de utilizar extras.

Fabián Bielinsky en el set de Nueve reinas junto a Gastón Pauls y Leticia Brédice.

El documental cuenta una anécdota del rodaje que describe de forma muy clara el temperamento de Bielinsky y su forma de trabajar. En una de las escenas más recordadas de Nueve reinas, Juan se toma el subte y cuando un chico pasa pidiendo limosna, Juan se apoya un cochecito de juguete en una rodilla y un billete de 10 pesos (10 dólares en aquél momento) en la otra. En una secuencia que funciona prácticamente sin diálogos, Juan mira al niño como dándole a entender que puede elegir qué llevarse. El niño mira el coche y duda, pero toma el dinero y se va. Juan lo llama y le regala también el juguete, cerrando con un plano de la cara del niño iluminándose con una sonrisa.

En el guión original el niño elegía el juguete, pero momentos antes de rodar la escena un meritorio de dirección (el rol con menos jerarquía en los equipos audiovisuales, generalmente se trata de estudiantes de cine que están realizando sus primeras prácticas profesionales) se acercó a Bielinsky y le expresó su preocupación por que esa decisión no le parecía verosímil, afirmando que un chico de la calle siempre elegiría el dinero en esa situación. Bielinsky podría haber considerado esta intervención impertinente o fuera de lugar, sin embargo, lo escuchó y le dio la razón, y cambió la resolución de la escena por su recomendación.

La escena del niño en el subte de Nueve reinas.

Un hito cinematográfico en un país al borde del estallido

Luego de finalizar un rodaje muy complicado y caótico (tanto Pauls como Darín se accidentaron en la escena de la persecución que le sigue al robo del maletín, que es mucho más corta de lo previsto por ese motivo), finalmente la película llegó a las salas en el año 2000 y tras su estreno superó las expectativas más optimistas: llevó aproximadamente a un millón y medio de espectadores a los cines. Y esto sucedió sin ninguna estrategia millonaria de marketing: la película comenzó su exhibición en apenas 20 salas, y fue creciendo exponencialmente en números gracias al boca en boca.

Pero además del éxito comercial, Nueve reinas se convirtió en una suerte de cinta premonitoria: la imagen de la gente agolpada afuera del banco, empujando cadenas y cristales para exigir que le devuelvan sus ahorros (como animales en un corral), se convirtió en una especie de profecía de lo que sucedería en el país tan solo un año después.

Darín y Pauls se accidentaron al filmar la escena de persecución tras el robo del maletín en Nueve reinas.

Podría decirse también que el éxito inusitado de Nueve reinas, que rompió récords de taquilla impensados para lo que se podía esperar de una película argentina, le allanó el camino a los realizadores que vendrían después y que fundarían con sus obras lo que luego sería conocido como “nuevo cine argentino”. Darín dijo en una entrevista:

“las cosas hay que ponerlas en contexto: era un momento donde la gente no quería ver cine argentino. Bielinsky abrió una ventana para muchos realizadores que vinieron detrás”.

Nueve reinas funcionó como una bisagra en la historia del cine argentino, uniendo al cine de autor con el gusto popular en una fórmula que muchos intentaron replicar pero muy pocos han logrado emular con éxito.

Nueve reinas, protagonizada por Gastón Pauls y Ricardo Darín, se convirtió en el punto de partida para lo que eventualmente sería el «nuevo cine argentino».

La búsqueda de un pulso diferente

¿Cómo se sigue después de alcanzar un éxito tan descomunal con tu primera película? Bielinsky vendió los derechos de Nueve reinas para la (no muy lograda) remake de Hollywood, que fue producida por Steven Soderbergh. Le ofrecieron la dirección a Bielinsky, pero él rechazó la propuesta y prefirió abocarse a un proyecto mucho más personal.

El aura (2005) fue pensada y escrita para que la protagonice Ricardo Darín, en quien Bielinsky encontró al vehículo perfecto para sus ideas. En un universo cinematográfico tan acotado, reducido a sólo dos películas, se puede encontrar un punto de conexión a nivel temático entre ambas obras (el robo perfecto, el mundo de lo delictivo), pero las películas no podrían ser más distintas entre sí desde lo formal y en su tono.

Fabián Bielinsky escribió El aura con Ricardo Darín en mente como su protagonista.

De hecho, para quienes esperaban otra Nueve reinas el contraste fue muy fuerte. Mientras Nueve reinas era pura adrenalina, luminosa, divertida y narrada con un pulso ágil y por momentos frenético, El aura era oscura y fría, y se desarrollaba con una cadencia mucho más meticulosa, como quien va cocinando la acción a fuego lento. Esto se veía reforzado con lo opuesto de los entornos elegidos: mientras en Nueve reinas la ciudad era una protagonista más, aportando el elemento urbano para sumarle urgencia al ritmo de la historia, El aura transcurría en la calma y la soledad de la montaña, como un reflejo perfecto del conflicto interno del protagonista.

A nivel narrativo, Nueve reinas está construida con la precisión de un reloj: la historia está cerrada con un moño, sin dejar nada librado al azar. En cambio, El aura trabaja más en el plano de lo simbólico, dejando muchas incógnitas que deben ser resueltas por el espectador, quien debe decidir si lo contado efectivamente sucedió o fue algo que ocurrió en la mente del protagonista. Fue una apuesta muy osada por parte de un director que podría haber ido a lo seguro pero que prefirió experimentar fuera de su zona de confort, demostrando así su madurez y su evolución como realizador.

Lo que inició de forma laboral se convirtió en una amistad entre Fabián Bielinsky y Ricardo Darín.

El rodaje fue muy demandante a nivel físico (tanto por la locación elegida como por el estrés de filmar con animales, decisión que Bielinsky anticipó que jamás repetiría), y en los testimonios que recoge el documental se puede entender que dicha exigencia habría tenido un impacto decisivo en la salud del cineasta, que fallecería apenas un año después del estreno de la película.

Una pérdida irreparable

Fabián Bielinsky falleció a los 47 años tras sufrir un infarto mientras dormía en un hotel de São Paulo, donde había viajado para filmar un comercial publicitario. La noticia fue un shock para el mundo del cine y para quienes esperábamos con ilusión la próxima película del director.

Dolores Fonzi, Fabián Bielinsky y Ricardo Darín.

Es conmovedor escuchar a Ricardo Darín hablar de quien fuera no solo su colaborador creativo si no su amigo, y ver cómo aún hoy, a 20 años de la muerte de Bielinsky, se sigue quebrando al recordarlo. En una entrevista que dio para California secreta (Vorterix) Darín contó que la noche anterior al fallecimiento de Bielinsky hablaron por teléfono, y que el cineasta le contó que tenía una idea para su siguiente película, que iba a ser una comedia negra y que quería que Darín la protagonice. Darín le pidió más información, pero Bielinsky le dijo que mejor lo conversaban en persona cuando volviera de su viaje. “Lo que tengo en la cabeza te va a gustar más a vos que a mí”, le dijo. Lamentablemente esa charla nunca pudo suceder, y pese a que tanto Darín y como la familia del director buscaron entre sus pertenencias a ver si existía algún registro escrito de ese proyecto, nunca pudieron encontrar nada.

Y ahí está lo que hoy, tantos años después, sigue doliendo de su partida. No fue solo la desaparición de una persona amada por su familia y amigos y por toda la gente que tuvo la suerte de trabajar con él, de un autor con un futuro enorme por delante, si no de todas las películas que nunca vamos a poder conocer. Todas las historias y los universos posibles que se murieron con Bielinsky, y que nos dejaron con una sensación de pérdida infinita al imaginar todo lo que nos quedamos sin ver.

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Rocío Freire Castro

Ex publicitaria, realizadora audiovisual y artista autodidacta. Tarantino es mi pastor.