Es difícil poner en palabras una película que envuelve tantas sensaciones al mismo tiempo: la vulnerabilidad del niño, los sueños del adolescente, el éxito del adulto. La pasión, el fanatismo, los excesos, la muerte, el miedo, la espantosa explotación de la industria musical y, sobre todo, el amor por la música. El largometraje de Baz Lurhmann se compone como un show de música, sobre todo uno de Elvis: hay momentos que se sienten con la rapidez de una canción de rock and roll, que te dejan con ganas de levantarte y bailar (y salir corriendo a un karaoke para cantar sus mejores hits). 

El segundo acto es más lento, como una balada, con un ritmo perfecto para plasmar la dualidad de Elvis, ese momento de estar en la cima de su carrera, pero siempre con el miedo y la incertidumbre de la caída. Es la forma y el tono justo para que la ilusión que vemos en el primer acto comience a transformarse en una realidad dura sobre la industria musical: no todo lo es lo que parece y ese ambiente es mucho más brutal de lo que muchos pensamos, mostrando el lado B que sufren muchos artistas incluso hasta el día de hoy. La película cierra con un final digno de un encore musical, que te va a dejar temblando y lagrimeando en el asiento.

El trabajo de Austin Butler justifica en tan solo la primera escena la standing ovation de 12 minutos que recibió la película tras su presentación en Cannes. El actor se preparó durante cinco años para audicionar para este papel, trabajando día y noche con coaches vocales y bailarines (es él mismo quien canta las canciones del Rey en la película, de una manera tan impecable que casi no te das cuenta de que nose trata del mismísimo Elvis).

Una vez elegido, trabajó con Luhrmann (cuyo amor por Elvis se puede ver en absolutamente cada plano de la película) para que el resultado sea inmaculado: no solo la voz (al hablar y cantar) y el baile son maravillosos, sino que Austin luce su gran rango actoral resaltando los momentos más luminosos y oscuros de su carrera por igual. Con tan solo una mirada transmite todo lo que significó la música para Elvis y para la época: sus sueños, sus miedos, su confianza, su talento, su vulnerabilidad, su pasión, sus dudas, su fuerza y el amor que sentía por su familia y por sus fans.

El director utiliza su extravagancia y clásica estética para imprimirle su visión a la “película que esperó hacer toda su vida”. La marca Luhrmann está presente constantemente a través de los colores, las transiciones extravagantes entre escenas y actos, y también en algunos momentos musicales. Es muy interesante ver canciones de Elvis cantadas por artistas como Doja Cat, Kacey Musgraves o Maneskin que, fieles a su estilo musical, no desentonan con la película, sino que le dan un plus inesperado. Algo similar a lo que el director ya había hecho con la banda sonora de Moulin Rouge (2001), reversionando clásicos pop para el soundtrack de la película.

Lamentablemente, el punto más flojo de la película es Tom Hanks, quien interpreta a «El Coronel», el representante de Elvis que casi arruina su salud y carrera, dejándolo en la quiebra. Su personaje es clave en esta historia, ya que no solo narra hechos reales, sino que nos hace abrir los ojos a lo que pasa todavía en Hollywood y en la industria musical. No todo lo que brilla es oro y, tristemente, es mucha la gente que se ve cegada ante el éxito y el dinero, convirtiéndose en personas tóxicas, peligrosas y codiciosas al punto extremo. Sin embargo, su personaje por momentos parece hasta caricaturesco, quitando cierta seriedad a la historia que está contando. 

Podríamos escribir párrafos enteros y poemas sobre la actuación sublime de Austin Butler (uno de los candidatos favoritos para la temporada de premios), pero para eso los invitamos a ver la película en el cine y sacar sus propias conclusiones de esta arriesgada biopic sobre un joven de Memphis que cambió la historia de la música para siempre con su talento y su amor.

Sí queremos destacar que se trata de una película para todo el mundo: fans de Elvis, gente que conoce un poco sobre su historia y gente que no sabe nada sobre el Rey del Rock. ¿Por qué? Porque vas a aprender sobre su vida, su recorrido, el contexto socioeconómico de Estados Unidos, la discriminación a la gente de color y la creación del jazz, blues y gospel en los barrios humildes. Y vas experimentar cómo el amor a la música transciende edades, épocas y generaciones. Los fans fuimos y seremos la misma clase de gente hermosa y apasionada de siempre.

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