La música como salvavidas

Daisy Jones & The Six – Final de temporada: el mundo cabe en una canción

Terminó la serie basada en la novela de Taylor Jenkins Reid e inspirada en la historia de Fleetwood Mac y acá analizamos sus altibajos (con spoilers).

por | Mar 26, 2023

He was sunshine, I was midnight rain
He wanted it comfortable
I wanted that pain
He wanted a bride
I was making my own name
Chasing that fame
He stayed the same
All of me changed like midnight – “Midnight Rain” – Taylor Swift

La ficción de Scott Neustadter y Michael H. Weber nació en medio de una inmensa expectativa acorde a lo generado por la novela de base, la homónima Daisy Jones & The Six (2019), escrita por la autora Taylor Jenkins Reid tan solo dos años después de la imbatible The Seven Husbands of Evelyn Hugo (2017).

El trasfondo del bestseller ambientado en los 70 fue nada menos que la emblemática banda Fleetwood Mac y la gestación de ese memorable disco llamado Rumours (1977), con el condimento de las dinámicas entre sus integraciones y cómo sus intercambios cotidianos eran trasladados a sus presentaciones sobre el escenario.

Jenkins Reid se nutrió de miradas, movimientos corporales y situaciones que se generaban en los shows para la concepción de una banda apócrifa: los Six. Inspirada por un episodio de su vida cotidiana, supo que al relato le faltaba una arista, le faltaba esa pulsión que iba a llevar al grupo al apogeo, pero también a propulsar rispideces propias del contraste de visiones. No faltaba una musa de alguien, faltaba ese alguien.

Daisy Jones and the Six

Esa figura disruptiva, Daisy Jones, (interpretada por Riley Keough, a quien el papel le calza como anillo al dedo), es quien se incorpora a una banda que se conocía desde su juventud, con Billy Dunne (Sam Claflin) como un líder intransigente que no estaba habituado a que lo contradigan. Billy fue -desde los inicios en Hazelwood, Pittsburgh- quien marcaba el movimiento de los demás, todos marchaban a su ritmo.

Cuando entra en escena Daisy, casi por imposición de un productor que había intuido una posible sinergia entre la joven artista y ese grupo que quería despegar, el mundo del Billy se altera y las fichas de dominó empiezan a caer en consecuencia. El inevitable declive de la banda tras el éxito de su único disco, Aurora, se registra in crescendo y tiene su punto cúlmine en el último show que brindan en Chicago, el epicentro del estallido.

Soy una tonta por quererte

Uno de los grandes aciertos de la serie que concluyó el viernes por la plataforma Prime Video con su décimo episodio fue la química entre Keough y Claflin y cierta falta de respeto del equipo de guionistas a la novela de Jenkins Reid. En la popular obra de la autora, la tensión romántica y sexual de sus personajes -quienes se atraen por estar rotos, pero también por esa conexión que forjan a través de la creación artística- yace en lo platónico, y es Daisy quien debe resignar sus sentimientos (con todo lo que implica para una persona extrovertida, a quien todo se le nota en su rostro y manierismos) para que Billy puede liberarse de los suyos.

Daisy Jones and the Six

El músico, padre de familia, enamorado de su esposa Camila (Camila Morrone), adicto en recuperación (la serie es un tanto tibia este aspecto), lo último que necesita es una presencia tan avasallante como la de Daisy. Su mente, en cambio, se empecina en no dejarla ir.

En la serie se tratan estos puntos, pero también se apela a la lógica: ese tono por momentos novelesco necesita de viñetas en las que sus figuras centrales expliciten ese bullicio interior y es allí donde residen las mejores secuencias de la serie.

Desde la composición de los temas de Aurora, donde se genera un clima intimista de esos que tan bien le sientan al director James Ponsoldt (The Spectacular Now, The End of the Tour) en el episodio (apropiadamente) titulado “Fire”, pasando por los shows vivo donde hay una electricidad palpable entre Billy y Daisy (con todo lo que eso implica para ambos), hasta el instante en el que confrontan lo que les sucede a su manera (peleando, provocando), Daisy Jones & The Six refleja a la perfección ese ir y venir entre dos figuras que se aman, pero no pueden estar juntas en ese momento.

En relación a los shows de la banda y la concepción de Aurora, tanto Keough y Claflin como Will Harrison, Sebastian Chacon y Josh Whitehouse debieron aprender a cantar y a tocar sus respectivos instrumentos, mientras que Suki Waterhouse tenía parte del camino allanado por su carrera como cantante. La búsqueda de lo genuino, de lo verdadero, por más imperfecto que pueda resultar, fue otro logro de la serie que culmina con esa presentación con un buen uso de los flashbacks y una acertada manera de generar tensión.

De todas formas, aunque los personajes secundarios tienen tiempo para lucirse (el vínculo entre Karen y Graham podría haberse explorado con mayor profundidad), el atractivo de la serie es, al mismo tiempo, su talón de Aquiles. Cuando Keough no está en pantalla, interpretando canciones como “The River” y “Regret Me”, o cuando Claflin se ausenta y no se sigue ahondando en las luchas de Billy, Daisy Jones & The Six cae inexorablemente.

Tampoco ayuda la forma en que se incluye a Simone (Nabiyah Be), mejor amiga de Daisy y pionera de la música disco, en una historia que la convoca muchas veces con el único propósito de rescatar a su amiga (o tomar distancia de ella).

Daisy Jones and the Six

En cuanto al final del libro, uno difícil de traspolar junto con los segmentos documentales, la ficción da en la tecla con una resolución que no se siente forzada, en la que nuevamente Keough y Claflin hacen un trabajo brillante para elevar un plot twist que podría haber entrado en el terreno de lo cursi.

Así, Daisy Jones & The Six sale airosa en la recreación de un grupo al que, gracias a la preparación de sus actores y sus interacciones propias de una familia disfuncional, jamás resulta falso. Para prueba, tenemos las canciones, ya disponibles en plataformas digitales y en formato vinilo, nada menos que el perfecto corolario de ese viaje a una época donde todo parecía posible, conquistable, como bien lo simbolizan los movimientos libres de Daisy con sus manos hacia arriba, sonriente mientras escucha la música, entregada al placer que ésta genera y a las infinitas posibilidades que brinda una lapicera, un papel, un corazón roto y un par de instrumentos al alcance de la mano.

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Milagros Amondaray

Más de 20 años de experiencia en crítica de cine y TV, redacción y edición editorial en medios digitales e impresos.