De otra época

Entre la provocación y el exceso: el vestuario de “Cumbres borrascosas”

En la versión de Emerald Fennell del clásico de Emily Brontë, las prendas no buscan reconstruir el pasado sino que construyen una fantasía.

por | May 22, 2026

Cada cierto tiempo sucede que llega a la pantalla grande una película de esas que se anuncian con bombos y platillos y que logra dividir las aguas entre “es increíble” o “es una absoluta porquería”. Y esto es lo que sucedió con el estreno de Cumbres Borrascosas (2026), de Emerald Fennell. Sin embargo, lejos de meternos en la polémica sobre la adaptación que se hizo con respecto al libro, nos vamos a sumergir en otra: ¿es el vestuario digno de tenerse en cuenta para la próxima temporada de premios o es una fantasía de dudoso gusto?

Una cosa sí podemos decir, la persona encargada de realizar el diseño de vestuario no es ninguna neófita en este campo. Se trata, ni más ni menos, que de Jacqueline Durran, famosa por ser la mente maestra detrás de vestuarios como el de Orgullo y prejuicio (2006), Mujercitas (2020) y Barbie (2023). Es, inclusive, quien creó uno de los vestidos más veces replicados de la historia del cine: el vestido verde que usa Keira Knightley en Expiación, deseo y pecado (2007). Con semejante prontuario, podemos aunque sea determinar, en una primera instancia de análisis, que lo que se hizo, se hizo a propósito.

Margot Robbie como Catherine Earnshaw y Shazad Latif como Edgar Linton.

¿De qué época estamos hablando?

Por lo general, uno de los tópicos que se suelen tener en cuenta para hablar de películas de época es el de la rigurosidad histórica en el vestuario. Es decir, qué tanto se parece a la silueta del período que se representa. Y acá nos encontramos con una de las primeras “problemáticas” en esta adaptación libre (muy libre) que se hizo del clásico de Emily Brontë.

En el libro, la historia comienza a finales del siglo XVIII y finaliza a comienzos del siglo XIX. Teniendo esto en mente, el vestuario que deberíamos ver difiere mucho de lo que aparece en pantalla porque debería ser similar al de, por ejemplo, la ya mencionada Orgullo y prejuicio. Sin embargo, podemos entender que la referencia más fuerte a nivel silueta viene dada de la época victoriana, que es en la cual se publica el libro (1847).

De todas formas, poco sentido tiene intentar encasillar esta película dentro de un periodo histórico, cuando tanto la directora como la vestuarista dijeron que quisieron crear una realidad única para esta adaptación. Una fantasía gótica para la cual se tomaron referencias del periodo Tudor, la década del 50 del siglo XX y detalles contemporáneos de diseñadores como Mugler o McQueen.

Jacob Elordi y Margot Robbie como Heathcliff y Cathy.

Podríamos decir entonces que el verdadero hilo conductor dentro de esta historia no tiene tanto que ver con la exactitud histórica como con el hecho de representar, a través de las prendas, el deseo y la obsesión que atraviesan los personajes de Catherine (Margot Robbie) y Heathcliff (Jacob Elordi) a lo largo de la película.

El color como narrativa visual

Por supuesto, otro factor determinante para entender, y conocer, a los personajes es el uso del color. Y es justamente en Cathy donde encontramos esta idea de que el relato se puede seguir a través del uso de una paleta cromática. A ella la vemos pasear entre el blanco, el rojo y el negro, tonos que nos hablan de cómo su personaje atraviesa la pasión, la sexualidad, el duelo y la melancolía. Desde sus primeros conjuntos (se realizaron alrededor de 50 trajes para Cathy) observamos cómo el color, la silueta y los textiles nos cuentan algo sobre ella y su historia (muchas veces, lo gritan).

En la primera parte de la trama, Catherine aparece con un vestido de inspiración de lechera alemana cuya referencia directa proviene de la película Angélique, marquesa de los ángeles (1964). Según Durran, esto fue un guiño al cine europeo de los años 60 y una declaración de intenciones con respecto al rumbo que va a tomar su personaje.

En esta primera instancia la vemos más como una campesina con prendas más sueltas y textiles más rústicos que conversan con el páramo. Cuando se casa (el vestido de novia se inspiró en el del famoso retrato de Sissi, la emperatriz de Austria y en la silueta de los años 50) y se instala con los Linton, las prendas se vuelven más ostentosas, excesivas y rígidas (el desborde excesivo de esa secuencia parece conversar directamente con la María Antonieta de 2006 de Sofia Coppola).

Es también en ese momento donde vemos aparecer el vestuario más anacrónico, la pauta más evidente de esto son los textiles, siendo uno de los más comentados el vestido de la falda roja ultra brillante que parece látex (pero que no lo es). Al igual que en muchos otros momentos de la película, acá encontramos una clara inspiración en el vestuario de Lo que el viento se llevó (1939) y el icónico (y polémico) personaje de Scarlett O’Hara interpretado por Vivien Leigh.

La brillante falda roja que usa Margot Robbie es una referencia a Lo que el viento se llevó.

En esa escena, Cathy hace juego con la escenografía y camina al lado de Heathcliff después de años sin verse. La blancura y la suavidad de la blusa nos habla de romanticismo mientras que la falda conversa con la pasión desbordada pero, a su vez, contenida.

Referencias cruzadas

Cuando Edgar (Shazad Latif), el marido de Cathy, se entera de su amorío con Heathcliff y le prohíbe seguir encontrándose con él, vemos en escena nuevamente el luto. La primera vez es con la muerte de su padre, pero esta vez a partir de un vestido negro azulado muy brillante con un efecto tornasolado, un tejido moderno que nos saca completamente de la época.Es justamente en momentos como esos en los que podríamos decir que el vestuario grita por demás, sacándonos un poco de la trama principal.

El vestido de la noche de bodas de Cathy (Margot Robbie) busca representarla como un regalo.

Otro momento similar se da con el traje que Cathy utiliza en su noche de bodas, un vestido cuya textura simula ser celofán rodeado de un gran lazo. La idea era presentarla, literalmente, como un regalo. La inspiración de la cual se partió fue una fotografía pin-up de los años 50 y un look de Thierry Mugler de primavera-verano de 1996.

Por supuesto que hubo escenas visualmente espectaculares, como el momento en el que Cathy regresa al páramo para ver a su padre con una capa roja de terciopelo que no solo muestra su riqueza, sino que también atraviesa emocionalmente al espectador porque se siente cómo, a través del color y su fuerza, intenta disfrazar su vulnerabilidad frente a esa figura paterna completamente disminuida.

Inocencia interrumpida

En la otra punta del espectro cromático encontramos a Isabella (Alison Oliver), la protegida de Edgar, cuya aparente inocencia queda reflejada en ciertos detalles infantiles como cintas, lazos y encajes (que sí son más fieles a la época victoriana de 1860).

El vestuario de Isabella Linton (Alison Oliver) es uno de los más fieles a la época.

Lo mismo podemos decir de su paleta de colores y cómo incluye pasteles que contrastan con la fuerza y lo excesivo que vemos en Cathy, quien se va a convertir en su némesis a partir de la disputa por Heathcliff. Luego de su matrimonio podemos observar como el romanticismo en sus vestidos se apaga. La vemos arrugada y sucia, algo que conversa directamente con esa fantasía de amor que ya no existe en su personaje.

El (anti) héroe romántico 

El Heathcliff de Fennell y Durran pasa por dos etapas definitorias: la de su infancia y juventud atravesada por la pobreza que se traduce en prendas austeras, siempre manchadas por el trabajo manual. Posteriormente, tras su regreso, por prendas que denotan su nuevo estatus social, un hombre rico en trajes estructurados, donde predomina el binomio cromático de blanco y negro. Podríamos situar las referencias temporales a finales del siglo XVIII, mezclando el estilo del dandy y el estereotipo de héroe romántico con camisas blancas y vaporosas.

En el vestuario de Heathcliff (Jacob Elordi) predomina el blanco y negro.

Una provocación consciente

En más de una ocasión, el vestuario me expulsó del relato. Los textiles demasiado tecnológicos, las siluetas imposibles para el período y la estética que a veces llegó a tornarse kitsch, funcionaron como una interrupción constante en la ilusión de época. Sin embargo, sería injusto leer esos anacronismos como errores.

Tanto Emerald Fennell como Jacqueline Durran dejaron en claro que su intención nunca fue la de ser fieles a un período histórico, sino inventar una realidad propia, una fantasía gótica atravesada por el deseo y la obsesión. Y en ese sentido, la incomodidad que generan esas decisiones no habla de una falla, sino de una estrategia. Posiblemente, el desapego que experimenté como espectadora sea, precisamente, la prueba de que la provocación funciona.

💡 PopCon Tips

Cumbres Borrascosas llegó a streaming primero a través de Mercado Play, en el marco de las nuevas propuestas románticas que sumó a su catálogo la plataforma. También se sumó al servicio de TV satelital de DIRECTV para los suscriptores de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay. Y ahora se encuentra en HBO Max en formatos 4K UHD, HDR y Dolby Atmos.


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