Tan solo un peón

Sin novedad en el frente: El espectáculo de la desesperanza

Tan brutal y desoladora como visualmente exquisita, la película alemana arrasa con la temporada de premios al animarse a ir donde Hollywood no puede.

por | Feb 7, 2023

All Quiet on the Western Front: el espectáculo de la desesperanza

Fue un golpe bajo para aquellos que esperaban ver a Argentina 1985 (2022) en las nominaciones a Mejor Película de Habla No Inglesa en esta próxima entrega de los Premios de la Academia. Porque si bien la película de Santiago Mitre logro tal reconocimiento, su mayor contrincantes es All Quiet on the Western Front (2022), película alemana que viene arrasando esta temporada de premios. Tras unas impresionantes catorce nominaciones en los BAFTA, también se la encuentra compitiendo en nueve categorías en los Oscar, incluida la de Mejor Película. Podríamos decir que es un deja vu, ya que su primera adaptación cinematográfica se llevó a casa ese mismo premio en 1930, además de por primera vez en la historia conseguir simultáneamente el de Mejor Director. Ahora que está nueva versión está disponible en Netflix, podemos ver con nuestros propios ojos el porqué de su éxito mientras nos preguntamos: ¿también se llevará las preciadas estatuillas?

Ambientada durante la Primera Guerra Mundial, el filme alemán se aleja de la típica historia Hollywoodense en donde jóvenes se convierten en héroes, en donde cada penuria tiene su recompensa y cada muerte es  un acto de valor. Esta es una historia sobre el narcisismo de sus líderes y  las perdidas anónimas como resultado de un juego de egos. En ese sentido recuerda al clásico ruso Come and See (1985), una de las películas anti-bélicas más brutales en llegar al cine. Ambos relatos son crudos coming of age , historias en donde niños se convierten apresuradamente en adultos, los horrores de la guerra dejando una grotesca mueca en sus rostros mientras somos testigos de su desgaste tanto físico como emocional.

JUGANDO CON soldaditoS de plomo

Cuando conocemos a Paul (Felix Kammerer), este es un adolescente que a diferencia de sus amigos ni siquiera llegó a cumplir la mayoría de edad. No queriendo quedar atrás, falsifica una firma para cumplir su sueño de enlistarse a la milicia, haciendo honor a los discursos sobre el privilegio que es poder defender a su nación. Se les entregan uniformes, algunos de ellos probablemente todavía con el hedor de aquellos cuerpos de los que fueron recuperados. Ya en sus primeros minutos la película plantea muy en claro que este no es más que un interminable ciclo sin sentido. Vemos como estos soldados no tardan en aparecer como los niños que son, desglamorizando toda percepción que sus protagonistas puedan tener respecto a la batalla y, con suerte, también el espectador.

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Basada en un texto de Erich Maria Remarque, retrato de su propia experiencia en el campo de batalla, la novela fue publicada en 1929, apenas algo más de una década tras terminarse la entonces llamada Gran Guerra. Con la herida tan a flor de piel sobre todo para los pueblos europeos, no sorprende el ángulo tan desgarrador en su mensaje, algo que sus adaptaciones cinematográficas lograron captar completamente. La película de Edward Berger hace lo que la ya nombrada Come and See buscó en su momento: obliga a su público a ver de la manera más rotunda los horrores del campo de batalla, presentando a su protagonista como observador, participe y víctima.  Pero ahí donde la rusa se enfocaba en los civiles como principales víctimas de estos conflictos, All Quiet on the Western Front le hace honor mientras deja muy en claro que su eje es muy puntual: la victimización de aquellos que se encuentran al frente de las trincheras, completamente descartables para sus superiores.

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Un ejercicio de contemplación

Mención aparte merece la magistral fotografía  de James Friend y sus composiciones que parecen aludir a motivos pictóricos, acompañando perfectamente la poética que busca Berger. La pintura, elemento meramente contemplativo para la historia del arte, realza la sensación de distancia entre la imagen y el espectador. Fríamente nos aleja de la tragedia. Es así como encontramos partes de cadáveres flotando en lo que a veces parece agua pero son charcos de sangre, la perturbadora quietud presentando la que podría ser una versión moderna de la Ofelia de Millais.

La bruma, un motivo recurrente en el esfumado de los paisajes del romanticismo, no solo aparece frente al campo de batalla para reforzar la idea de un enemigo invisible sino que rodea a los personajes en gran parte de la película, resaltando la sensación de una engañosa quietud. También podemos destacar a la comida, objeto central de muchas naturalezas muertas, como un punto focal para mostrar la división entre altos rangos y sus subordinados. La riqueza y los manjares aparecen en contraposición a lo que experimentan los soldados, bebiendo agua sucia, cayendo en la tentación de detenerse incluso en los momentos más frenéticos de una batalla y jugándose la vida para robar un bocado de la mesa del enemigo. La gula de los poderosos le es cobrada a aquellos que les resultan invisibles.

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El vacío discurso del honor

All Quiet on the Western Front no es una película para cualquiera, ya que las casi tres horas de este brutal espectáculo pueden resultar agotadores hasta para el más rígido de los corazones. Aquel el que no logre entrar en la propuesta podría llegar a considerarla torture porn, esas películas en donde la violencia más extrema no tiene razón de ser más allá del morbo. Pero el filme de Berger está lejos de esto, logrando encontrar una retorcida poética en donde la belleza de sus imágenes realzan la sensación de la tragedia absurda, en donde la sensación de desesperanza se incrementa de manera inaguantable para ambos lados de la pantalla.  No debería sorprender entonces el rápido reconocimiento que está ganando, ya que es una película poderosa tanto en sus aspectos visuales como narrativos. Es una historia contada desde un lugar que al que el cine norteamericano en general no se atreve a ir: la desnudez de una maquinaria en donde los subordinados son descartados sin conocer más que la miseria y el olvido.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.