Un amigo cinéfilo recuperado (porque, a veces, de la cinefilia hay que curarse) tiene una teoría interesante y provocadora sobre Halloween (1978), la obra fundante del slasher moderno. Y es que a John Carpenter y Debra Hill (la dupla creativa) la película les salió de pura suerte, por no decirlo de otra forma. Visto hoy, el film es un perfecto mecanismo de relojería con las dosis justas de suspense y drama, en un momento en que el terror comenzaba a tomar otra forma en el subsuelo del cine estadounidense.
¿Podían ser conscientes Carpenter y Debra Hill del monstruo que estaban creando? Claramente no. Posiblemente el entonces joven director estaba dando lo mejor de sí en lo que era su tercer largometraje, después de haberse probado como un digno cultor del western en Assault on Precinct 13 (1976).

Pero Halloween era otra cosa. Carpenter quería poner en juego todos los elementos del horror y el suspenso que lo habían formado como televidente, primero, y como cinéfago después. El potencial de un asesino despiadado como Michael Myers, las calabazas encendidas, la marcha inconfundible del teclado, la estética camp del barrio residencial, una máscara deformada como representación del miedo inenarrable… y la final girl.
El rol que consagraría a Jamie Lee Curtis –hija de Janet Leigh, la protagonista de Psycho (1960)– en un género en el que sigue siendo la reina absoluta. A tal punto que a lo largo de su carrera volvió a ese papel una y otra vez.

En definitiva, una firme apuesta por el menos-es-más que alumbraría un clásico del cine moderno y daría origen a una de las franquicias más duraderas (Carpenter no volvería a dirigirlas, pero sí escribió el guion de la segunda parte, de 1981, con Debra Hill). Como fuera, aquel primer film definió la estética del género que poblaría las habitaciones (y las pesadillas) de la televisada generación de los ‘80. De ahí que la película saliera así sin habérselo propuesto.
Pero Carpenter es más que Halloween, y nada mejor que esta fecha para recordar (y recomendar) alguna de las piedras preciosas menos conocidas de su filmografía e identificar a la vez sus resonancias con la actualidad (así como It Follows [2014], de David Robert Mitchell, fue la verdadera secuela espiritual de Halloween).
Assault on Precinct 13 (1976)

Un paraje alejado de Los Ángeles. Una comisaría que está a punto de cerrar. Los reclusos que deben ser mudados. Y una amenaza sobre policías y prisioneros que hará que ambos bandos deban hacer causa común para defenderse. A medio camino entre el western (está inspirada en Río Bravo [1959], de Howard Hawks) y el cine de zombies (Carpenter es un devoto de George Romero), la película absorbe al espectador en una atmósfera de invasión urbana de la que le costará salir.
Assault on Precinct 13 fue concebida como un proyecto exploitation de clase B que, sin embargo –y como en Halloween–-, su hábil director supo convertir en una película de culto. Para eso no solo contribuyó la estética definida de terror diurno sino además el particular riff de teclado compuesto, también como en Halloween, por el propio realizador, que en el terreno de la música se mueve con la misma comodidad que en el cine.

El film sería además el primero de una larga serie que tendría como escenario comús la situación de encierro, ya fuera en estaciones de policía; en una casa durante la noche de Halloween; en una base en la Antártida (The Thing [1982]); en una iglesia (Prince of Darkness [1987]) o en una ciudad intramuros (Escape from L.A. [1981]), por mencionar solo algunas.
Como escribió Matías Orta en su libro Encerrados toda la noche: el cine de John Carpenter (Editorial Cuarto Menguante), en esta película “se contemplan las obsesiones” del realizador en torno a “personajes encerrados, a merced de un peligro cuasi-sobrenatural; del lugar-jaula como un personaje más; la abundante cinefilia y el suspenso y la intensidad dramática confabulados para que el espectador permanezca adherido a la butaca”.
La película tendría una remake en 2005 dirigida por Jean-François Richet y con Ethan Hawke y Laurence Fishburne en los papeles protagónicos.
Starman (1984)

Quizás el film más atípico en la filmografía de Carpenter. Un enfoque con vibras positivas sobre la vida extraterrestre. Una historia de amor imposible entre un ser que viene de las estrellas y una mujer viuda y desilusionada con la vida. El reverso perfecto para The Thing, que apenas unos años antes había presentado la incursión alienígena bajo el terror más puro (el del propio cuerpo).
Si bien se trata de un proyecto que el director tomó por encargo, es en la fotografía y en la atmósfera de esta road movie sobrenatural donde se encuentran las marcas de autor. Los protagonistas (Jeff Bridges y Karen Allen) son retratados bajo un cielo de tono rojizo que parece impregnar toda la película, reforzando así el elemento fantástico de la historia que se nos está contando.
Otra vez el western: dos fugitivos de las autoridades que escapan colgados de un tren, la persecución por el interior profundo del país… Atención a la escena en la que el protagonista revive a un animal salvaje en un parador en medio de la nada, que es de una belleza apabullante. Y el plano final: la mirada impotente del personaje de Karen Allen ante la superioridad de la vida en otros planetas. Para levantarse y aplaudir.
They Live (1988)

Black Mirror se quedó chica. Ya en 1988 Carpenter lo había dicho todo en cuanto a ecosistemas alienantes y realidades paralelas, a tal punto que su película, pura ficción especulativa, es considerada hoy un documental, incluso por el propio director.
Tal como lo dice su título, They Live presenta a unos seres de otro planeta que, camuflados bajo la apariencia humana, lograron dominar a la sociedad moderna, hipnotizada y condenada a repetir incesantemente las reglas del consumo y la propaganda del sistema capitalista.

Basada libremente en el cuento Eight O’Clock in the Morning, de Ray Nelson, la historia presenta sin más la muerte del libre albedrío. Una tesis inquietante planteada antes de que existieran las redes sociales y los algoritmos, cuando el asedio era exclusividad de la TV hogareña y las publicidades en la vía pública. Ahora llevamos ese acoso a nuestros dispositivos.
Y como en todo western (aunque fuera un western urbano), será entonces un rebelde (un trabajador) el que descubra la verdad de la forma más azarosa posible –con unos simples anteojos, sin ir más lejos– y asuma la tarea de liberar a la humanidad de esta nueva forma de esclavitud que supone el dominio extraterrestre.
“Otra vez regresan los seres de otros planetas, pero esta vez no doblegan a las autoridades ni escapan de ella sin que ahora ellos mismos son las autoridades -dice Orta en su libro-. Y, como de costumbre, la ley, los medios, todos forman parte de un sistema basado en el capitalismo más salvaje, que planea dominar a los humanos mediante una política de consumo y de no pensar por propia voluntad. Carpenter jamás ocultó que They Live es su realización más política”.
In The Mouth of Madness (1994)

La película sobre películas. El terror sobre el terror (y sus distintas formas). Una profunda y rebuscada reflexión sobre el género en clave metalenguaje, con un Sam Neill perverso como un agente de seguros que debe encontrar a un célebre escritor del género (atención Stephen King) cuya obra está desatando el caos en la sociedad.
Así, lo que empieza como un thriller detectivesco con toques de neo-noir va virando hacia una alucinación de corte lyncheana donde los límites se difuminan. Son capas y capas de películas que se van sacando indefinidamente unas tras otras. Como en Digger (2026, Alejandro González Iñárritu). Hasta hacernos cuestionar si no somos nosotros los que nos estamos viendo en pantalla.

Con la obra de H.P. Lovecraft como norte -el título rinde homenaje a la novela corta En Las Montañas de la Locura (1936)-, Carpenter se propuso romper los moldes y concibió una película fuera de serie y adorada hoy por todos los fans del género y el público cinéfilo.
Pero más allá de su visión cínica y apocalíptica, también hay algo de esperanza para quien quiera verlo, y que a su vez expresa el profundo amor del realizador por este arte. Porque sí, lo aceptamos, podrá venir el fin del mundo, y de hecho pareciera que casi está acá… pero hasta último momento habrá un cine para verlo.
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