A principios de los ‘90, Gustavo Cerati trazó una figura interesante sobre Dynamo (1992), aquel disco sónico de Soda Stereo que no había recibido la bienvenida deseada después del exitoso Canción Animal (1990). Dijo el artista que el grupo había tomado su disco anterior, aquel compendio incesante de hits para las masas, y lo había puesto «debajo del agua». El resultado fue un álbum autocontenido y esquivo que solo con el tiempo sería valorado y reconocido como clásico.
Del otro lado del mundo, el cineasta danés Nicolas Winding Refn parece estar en una búsqueda similar, aunque con menos resultados artísticos. Después de la consagración que supuso Drive (2011), la película incel por excelencia, fundadora acaso de un estética propia para ese grupo social, el realizador buscó plantar la bandera de un estilo y pasar al siguiente nivel. Que nunca llegó.

Las luces de neón, la música electrónica incesante, la estampa ciberpunk, el mundo esquivo que abre sus puertas con la llegada de la noche… una puesta en escena estilizada al extremo y a disposición de una galería de personajes en búsqueda de la redención. Una propuesta que conectó como pocas con los jóvenes desorientados del nuevo milenio, más propensos a la interacción con la tecnología que con los cuerpos reales.
Tras la trilogía de Pusher (1996, 2004 y 2005) –una parábola de la violencia urbana que desde Dinamarca le abrió camino en la industria–, y las apuestas irreverentes de Bronson (2008) –sobre el mundo carcelario– y Valhalla Rising (2009) –una épica vikinga–, Winding Refn hallaría su fórmula y su terreno en el drama criminal urbano. Con Drive, primero, y Only God Forgives (2013), después. Ambas protagonizadas por un Ryan Gosling atormentado y al borde del mutismo. Un héroe inesperado para los adolescentes silenciosos.

The Neon Demon (2016), el thriller sobre el mundo del modelaje protagonizado por una por entonces ascendente Elle Fanning, fue el intento del realizador por inclinarse hacia el mundo onírico y el gore sin perder la línea de sus films previos. Pese a su recepción diversa, la película tiene sus adeptos. Desde entonces, el director danés no había encarado ningún otro largometraje.

Y así llegamos, diez años después, a Her Private Hell (2026), la película que llegó a la cartelera después de un paso fuera de competencia por el Festival de Cannes.
Fantasmas del futuro
¿Y qué tenemos en este esperado regreso de Winding Refn? Un ejercicio estético más cercano al cómic que al propio cine para un drama policial vagamente futurista que termina perdiéndose en sí mismo, quizás como nunca antes en la obra del danés.

Sofie Thatcher interpreta a Elle, una estrella de cine que vive en lo alto de la torre de una gran metrópoli y que mantiene una relación conflictiva con su padre y un vínculo proto-lésbico con la pareja de éste, que también es actriz y vive con ellos.
Los personajes del film son acechados por la leyenda de un asesino que se cobra la vida de las mujeres y que, a su vez, es perseguido por el Soldado K, un agente militar que parece venir de otro tiempo (tiene un uniforme de la Segunda Guerra Mundial) y que perdió a su hija a manos de este ser espectral.

En algún momento los caminos de todos los personajes se cruzarán en una dimensión indefinida, siempre con la búsqueda de redención como norte (en lo que parece ser el tema de la obra de Winding Refn).
Pero ni siquiera una estrella naciente como Sofie Thatcher al frente del elenco puede inyectar vida a un film sumergido voluntariamente por su realizador en el plano fantasmático y el cruce de mundos y dimensiones. El resultado es un producto lánguido y vacío como sus personajes y que por momentos está más cerca del soft porno que del thriller neo-noir.

Después de dos series con destino dispar –Too Old to Die Young (2019, Amazon) y Copenhagen Cowboy (2022, Netflix)–, Winding Refn tiene dos proyectos anunciados para cine: una remake de Maniac Cop (1988), un slasher de culto dirigido por William Lustig, y un posible reencuentro con Ryan Gosling para concretar la tercera colaboración entre ambos: una película de la que solo anticipó que será una “comedia”.
A juzgar por la confusa deriva de sus últimos proyectos, no quedará otra que esperar la nueva Maniac Cop. Un poco de cine de género no podrá hacerle mal: quizás incluso lo espabile.
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