El privilegio de clase es el tema principal de esta nueva serie de HBO, escrita y dirigida íntegramente por Mike White, mejor conocido por School of Rock (2003) -película que también escribió-, donde interpretó a Ned Schneebly, el amigo sumiso del protagonista Jack Black, u nueva creación The White Lotus fue producida durante la pandemia y concebida especialmente para poder ser filmada con un equipo limitado de producción y de actores en una sola locación, un lujoso resort en Hawaii.

La historia sigue a un grupo de adinerados huéspedes durante su estadía en The White Lotus: una familia tipo donde la madre es una exitosa ejecutiva de esas que aparecen en rankings de Forbes (Connie Britton), un padre pasando por una crisis de mediana edad (Steve Zahn), dos hijos adolescentes (Sydney Sweeney y Fred Hechinger) y la amiga de la hija (Brittaney O’Grady), la única persona de color del grupo de huéspedes. Por otro lado tenemos a una pareja de recién casados en su luna de miel, el típico niño rico consentido (Jake Lacy) y su hermosa novia que todavía no se dio cuenta del todo que es una esposa trofeo (Alexandra Daddario). Por último, una señora soltera que está en pleno duelo después de la muerte de su madre (Jennifer Coolidge), cuyas cenizas lleva en una bolsita para arrojarlas al océano.

Los huéspedes son recibidos en el exclusivo resort por el gerente (Murray Bartlett) -quien se roba la serie- y por otros sonrientes empleados del hotel cuyas historias también conoceremos en el transcurso de la historia. Escuchamos al gerente dar indicaciones a su staff de “no mostrar su identidad ante esta gente, ser lo más genéricos e intercambiables posible”, lo que resalta aún más la tesis de la miniserie. Además de enfocarse en la desigualdad de clase, también se abordan temas como la apropiación de culturas nativas por parte de las empresas hoteleras en este tipo de destinos turísticos mediante una pequeña subtrama de uno de los miembros del staff de The White Lotus.

A pesar de que la serie arranca instalando un misterio -alguien muere durante el transcurso de la historia, pero no sabemos quién-, este queda un poco olvidado y no es en absoluto lo que te mantiene enganchado durante seis horas, sino lo incómodo de las situaciones, el cringe que generan ciertos diálogos y la completa impunidad con la que la gente rica y blanca vive su vida. Es la suma de todo esto lo que la hace tan hipnótica. Lo fascinante de la serie es la mundanidad de su trama, más allá del misterio, no hay nada trascendental en la historia, pero los arcos y las subtramas de cada personaje se sienten muy orgánicas y coherentes, y ayuda que todo el elenco sea excelente y esté perfectamente elegido.

No podemos evitar sentir que conocimos alguna vez a cada uno de estos estereotipos, que obviamente son más comunes en países como Estados Unidos, pero se pueden encontrar en cualquier lugar. La mayoría de los personajes son aborrecibles, pero ninguno es el típico “malo”, y eso es justamente lo que la hace tan real y honesta. Mike White confesó haberse inspirado en sus experiencias personales en vacaciones en lugares similares a este resort para escribirla. También admite ser consciente de su privilegio y de estar criticando a un sector de la sociedad del que sabe que es parte. Un enfoque muy válido, que se evidencia en la honestidad y realismo de algunos diálogos y situaciones que viven los personajes. 

La sátira y el humor funcionan a la perfección, aunque algunas dinámicas se sienten algo repetitivas, nunca deja de funcionar. La miniserie se estrenó semanalmente, pero es de las que se disfrutan aún más viéndola de corrido, experimentando la incomodidad y la tensión en aumento con el transcurso de los episodios. Además tiene una banda sonora increíblemente inmersiva que escuchamos en gran parte de las escenas y contribuye perfectamente a la experiencia. The White Lotus nos absorbe desde sus primeros minutos y no podemos dejar de ver a estos personajes que amamos odiar.

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