El adiós a una serie única

And Just Like That: una despedida singular para un fenómeno irrepetible

La secuela de "Sex and the City" murió como vivió: sin alcanzar a cumplir lo prometido pero convirtiéndose en un experimento afortunado.

por | Ago 18, 2025

Había muchas cosas realmente malas e inexplicables en And Just Like That (2021-2025). Del intento desesperado — y frustrado — de hacerla más actual, incluyendo lo que parecía una selección de personajes escogidos por una cifra demográfica, hasta su incapacidad para decidir su tono. ¿Era comedia? ¿Era drama? ¿Era dramamedia? Lo cierto es que el spin-off de la icónica Sex in the City (1996-2004) tenía la gigantesca — desproporcionada — responsabilidad de rendir homenaje a la icónica historia de la que provenía y además, contar algo nuevo. De modo que el argumento de Michael Patrick King se encontró haciendo equilibrios entre ambas cosas, sin lograr nunca alcanzarlo.

Sarah Jessica Parker como Carrie Bradshaw.

Sin el «je ne sais quoi»

Y eso trajo más de una consecuencia. La serie, que contaba qué había ocurrido con el grupo de queridas protagonistas 20 años después de la última vez que las habíamos visto, las mostró ahora navegando las aguas complicadas de la madurez femenina. Carrie (Sarah Jessica Parker), atravesó una viudez traumática y pasó de ser, el epítome de las solteras en busca de identidad, a una mujer que debía soportar la herida de la soledad y la pérdida. Charlotte (Kristin Davis) se encontró siendo madre en medio de una época complicada. Pero fue Miranda (Cynthia Nixon), que decidió explorar su sexualidad y sufrió una serie de sinsabores cada vez más dolorosos, la que pareció ser el símbolo de este híbrido confuso sobre la búsqueda del sentido de la vida y el malestar matrimonial.

Por supuesto, eran variaciones más profundas de los temas que Sex and The City había tocado. Pero sin el encanto, la desfachatez y la alegría de la serie original. También, la ausencia de Samantha (Kim Cattrall), afectó el ritmo de la historia y le arrebató su lado más provocador y candente. Al contraste, And Just Like That tenía mucho de reflexión ambivalente sobre ser amado y amar, pero sin otro elemento que lo hiciera todo más mundano, complejo y al final humano. Y quizás — solo quizás — eso fue lo que convirtió a la serie en una producción divertida, con su propia complejidad y al final, un desigual atractivo.

Cynthia Nixon como Miranda, Sarah Jessica Parker como Carrie y Kristin Davis como Charlotte.

La demencial belleza del caos

Pocas cosas tan intrigantes como ver a una serie odiar, en secreto, a sus propios personajes. And Just Like That no parecía querer a sus protagonistas. De hecho, parecía disfrutar destriparlas lentamente frente a la audiencia. Cada capítulo era como ver una autopsia emocional. Tomemos a Aidan (John Corbett), por ejemplo. Ese pobre hombre, resucitado de entre los muertos televisivos, fue convertido en un maniquí de catálogo que alguien olvidó planchar.

Charlotte (Kristin Davies), siempre al borde de una crisis, pasó de ser la amiga perfeccionista a una figura de tragicomedia: mareada, sudorosa y con un marido que se convirtió en una metáfora ambulante de la decadencia masculina (y de la vejiga sin control). La serie nunca pidió disculpas por nada de esto. Ni siquiera lo explicaba. Solo lanzaba escenas como ladrillos al espectador, con una sonrisa incómoda, como si dijera: “¿Esto es lo que querías, verdad?”.

John Corbett volvíó también como Aidan.

Miranda… Ah, Miranda. Antes una abogada brillante, ahora una mezcla entre meme viviente y víctima de sketch caótico. Su arco narrativo parecía escrito por alguien que la detestaba en lo personal. La vimos diciendo palabrotas en horario familiar, intentando tener sexo con alguien que parece salido de un sueño lúbrico de TikTok, y siendo constantemente avergonzada en público.

Karaoke, monjas, ginebra arrojada al vacío… y eso sin contar que su exmarido se convirtió en una especie de Hulk suburbano mientras su hijo jugaba a ser adulto con consecuencias embarazosas. ¿Castigo divino? ¿Guionistas vengativos? Imposible saberlo. Pero si la televisión alguna vez nos enseñó a tenerle cariño a un personaje, esta serie se propuso recordarnos por qué no deberíamos encariñarnos con nadie.

And Just Like That… Volvimos a Perry St
El arco argumental de Miranda (Cynthia Nixon) fue uno de los más difíciles de ver.

Un experimento que no salió tan mal

Había algo fascinante en el desprecio implícito de la serie hacia la dignidad humana. Era como si los escritores hubieran concluido que vivir, simplemente existir, es ya una especie de derrota personal. Por mucho que Carrie camine por Nueva York con sus Louboutins, al final del día también es carne y hueso. Es hueso que se cansa, carne que envejece, y alma que ya no puede con otra velada de brunch.

Si algo nos enseñó esta segunda vida del universo Sex and the City, es que ni siquiera tener una cocina de revista en Manhattan te libra del absurdo. Todo era risible. Todo era patético. Y por eso mismo, profundamente humano. La serie no intentó nunca ocultarlo, aunque tampoco lo dijo. Solo lo escupía en pantalla, y tú decidías si reías, llorabas o simplemente te resignabas.

Quizás ahí estaba la brillantez accidental de And Just Like ThatNos hizo ver lo tragicómico del día a día. Nos recordó que las fantasías glamorosas envejecen igual que los cuerpos. El Upper East Side no tiene cura contra el cáncer, ni el Park Avenue te salva del ghosting. Incluso Samantha, que milagrosamente escapó del circo, solo lo hizo porque la actriz decidió huir antes que firmar. El resto se quedó, arrastrando sus tacones por tramas cada vez más ridículas, como gladiadoras sin sentido en una arena hecha de Botox, apps de citas y diálogos que daban ganas de silenciar la televisión. ¿Era cruel? Sí. ¿Era necesario? Tal vez. ¿Era fascinante? Sin duda.

And Just Like That… Nos recordó que las fantasías glamorosas envejecen igual que los cuerpos.

Uno pensaría que una secuela de Sex and the City vendría con algo de nostalgia amable. Pero esto era una demolición controlada, un ataque frontal a nuestra memoria colectiva. El guión parecía estar en una batalla constante entre la sátira involuntaria y el delirio sin freno. Las escenas eran tan extrañas que parecían generadas por una inteligencia artificial entrenada en catálogos de Ikea y revistas de moda de 2004. Pero entre tanta incoherencia, había algo familiar: la sensación de que, después de todo, nadie sabe lo que está haciendo. Ni las protagonistas, ni los guionistas, ni los espectadores. Solo íbamos sobreviviendo, entre exabruptos emocionales y gags que no sabíamos si eran bromas o súplicas de ayuda.

Una lección que aprender

Y sin embargo, la serie cumplía una función extraña: nos daba permiso para fracasar. Para envejecer sin gracia. Para admitir que no entendemos TikTok, ni a nuestros hijos, ni nuestras propias decisiones amorosas. No era catarsis emocional, era más bien una especie de misa laica donde el pecado era seguir vivo y el perdón consistía en aceptar lo patético del asunto. Ver a Carrie y compañía ser humilladas capítulo tras capítulo era como mirar por una ventana que daba directo a nuestro propio absurdo. No hacía falta identificación. Bastaba con el eco incómodo de nuestra propia torpeza emocional para sentirnos implicados.

Y así llegó la despedida a Charlotte (Kristin Davis), Miranda (Cynthia Nixon) y Carrie (Sarah Jessica Parker).

Ahora que la serie ha terminado (o se ha derrumbado con estruendo, más bien), queda el vacío. Un espacio que ningún otro show parece dispuesto a ocupar. ¿Dónde veremos ahora a mujeres de mediana edad fracasar con tanto estilo y tan poca autoconciencia? ¿Quién nos ofrecerá ese espejo deformante que nos devolvía una versión exagerada pero extrañamente precisa de nosotros mismos?

En el fondo, And Just Like That funcionaba como una sesión de terapia low cost: te mostraba lo peor de ti en otros cuerpos, te hacía reír nerviosamente, y luego te soltaba de nuevo al mundo. Su desaparición no solo es un final más. Es un recordatorio cruel de lo que ya sabíamos pero fingíamos ignorar: nadie se salva. Ni en la ficción. Ni en Nueva York. Ni con Manolos.

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