El pasado 3 de Octubre tuvo lugar el concierto más esperado por toda Latinoamérica unida, y para sorpresa de algunos, estuvo a cargo de un conjunto de títeres desquiciados nacidos en Chile. El Tiny Desk es una serie de conciertos organizados por NPR, la radio pública nacional de los Estados Unidos, que ha llamado la atención de la audiencia por su particular formato. Las presentaciones se realizan en un espacio muy reducido, dentro de las oficinas de la estación, a un costado del escritorio del presentador Bob Boilen.
Esa peculiaridad hace que los conciertos sean mucho más íntimos que en cualquier otro espacio, ya que los intérpretes se ven forzados a maximizar sus recursos para que funcionen dentro de la mínima habitación. Esto lo transforma en una especie de versión contemporánea del mítico ciclo de los Unplugged. Por eso, al igual que sucedía con esos conciertos que organizaba la señal MTV, cada vez que un artista confirma su participación en un Tiny Desk, es todo un acontecimiento, que viene con sus miles y miles de visitas aseguradas en el canal de YouTube de NPR donde se estrena cada una de esas presentaciones. Desde que empezó en 2008 ya son más de mil los artistas de todo el mundo que se presentan en este espacio ya clásico.

Durante lo que se conoce como el “Mes de la herencia hispana” en los Estados Unidos (que abarca desde el 15 de septiembre hasta el 15 de octubre), Tiny Desk se transforma en El Tiny, y todos los artistas que se presentan durante los días subsiguientes provienen de Latinoamérica o de la comunidad latina dentro de los Estados Unidos. Como ejemplifica la participación de artistas como C. Tangana o Ca7riel y Paco Amoroso, la presencia en El Tiny asegura que los artistas llamen la atención del público internacional. Eso es lo que pasó cuando 31Minutos rompió el Tiny Desk con un concierto que en el momento en el que se publicó esta nota ya ha superado por creces los 8 millones de reproducciones.
El Tiny Desk de 31 Minutos fue un hito histórico para la cultura chilena, y una proeza tanto musical como técnica. Meter tantos títeres en un espacio tan minúsculo requirió hacer una réplica de la habitación en los estudios de la Televisión Nacional de Chile, para ensayar cada uno de los movimientos, para maximizar el tiempo limitado que tenían para contar una pequeña obrita con canciones. Cada pequeño elemento estuvo fríamente calculado. Los vestuarios de los músicos recreaban de manera realista el fondo de la decoración de la mítica sala, para que la atención recayera sobre los títeres.

El repertorio de las canciones pasó por algunos grandes éxitos, como «Mi muñeca me habló», o «Bailan sin César”, pero también incluyó una canción sin letra, “Arwrarwrirwrarwro”, para interpelar al público que no habla español. Así, el público se deleitó con algunas de las canciones más emblemáticas de este proyecto que ya tiene más de 22 años, y una base de seguidores inmensa no solo en Chile sino también en México y en el resto del mundo.
31 Minutos es tan grande que incluso en un país en el que no la pegó, como lo es Argentina, se reactivó levemente un fanatismo que había quedado dormido en algunos millenials que habían alcanzado a ver algunos capítulos cuando tuvo su paso por el canal Nickelodeon o su breve transmisión en la Televisión Pública alrededor de la década del 2010. Pero son pocos en el país los que realmente siguieron de cerca el fenómeno de una de las mejores obras de la cultura pop en lengua española. Por eso queda preguntarse…

¿Qué es 31 Minutos?
Aunque hace quince años se transformó en una banda de música y una serie de producciones teatrales que recorre diferentes países de América Latina, 31 Minutos fue originalmente un programa televisivo de títeres, una especie de Muppets a la chilena, pero con una picardía, desfachatez y autosuficiencia que solo puede surgir en Sudamérica. Para explicarlo en términos argentinos, 31 Minutos es lo que hubiera pasado si Fabio Alberti, Alfredo Casero y Diego Capusotto se hubieran ganado una beca del Fondo Nacional de las Artes para hacer un programa infantil.
Porque fue eso lo que pasó a principios del siglo veintiuno. Dos periodistas que no querían hacer periodismo, Álvaro Díaz y Pedro Peirano, habían dejado una marca en la televisión chilena con el programa Plan Z, un espacio humorístico, surrealista y contestatario que se transmitía por el mítico canal Rock & Pop y se volvió de culto para toda una generación. Tiempo después, Díaz y Peirano se ganaron un concurso de la Televisión Nacional de Chile para crear un programa con títeres, de interés educativo, que se emitiera por la televisión pública.

El nombre, 31 Minutos, era una referencia al noticiero oficialista 60 Minutos, que transmitía en Chile durante los años de la dictadura militar de Pinochet. Cada episodio era una parodia de un noticiero real, con noticias falsas hechas con títeres, que hablaban sobre la situación de los niños en las escuelas de Chile y notas sobre temas de conciencia ecológica y divulgación sobre los derechos del niño. Pero con el tiempo los creadores no pudieron con su genio y el interés educativo fue cediendo ante la diversión pura, el humor delirante y una sátira de actualidad que, aunque apuntaba a todos los públicos, nunca dejó de poner la mirada en el segmento infantil al que apuntaba, llevando el espíritu underground y autogestivo a más de una generación de infantes.
31 Minutos es un trabajo colectivo, en el que todo el equipo escribe y hace sus propios guiones, y cada integrante va improvisando y agregando nuevas cosas que se van incorporando al resultado final. Es un proyecto enorme, conformado por un conjunto inmenso de artistas, guionistas, actores, locutores, músicos, asistentes, productores y titiriteros, que han formado parte del equipo sin muchas modificaciones desde las primeras tres temporadas (2003-2006), la película que llegó a los cines en el año 2008 (la película chilena más cara hasta la fecha de su estreno), la cuarta temporada que estrenó en 2014 y la serie de conciertos y obras de teatro que vienen haciendo desde el 2010 hasta la actualidad, siendo el Tiny Desk solo uno más de una interminable lista que va a continuar en la edición chilena del festival Lolapalloza.
La gran cantidad de merchandising que produjo en su momento, así como la influencia que su iconografía tuvo en momentos trascendentales de la historia chilena como fueron las pancartas de los estudiantes durante el estallido social que tuvo Chile en 2019 evidencian el alto impacto cultural que tuvo este programa en toda Latinoamérica.

Un mundo maravilloso e inmenso, plagado de detalles
31 Minutos transcurre en Titirilquén, una localidad ficticia de Chile que es tan icónica como Springfield o Fondo de Bikini. Aunque siempre está claro que se trata de Santiago de Chile, es un pueblo plagado de personajes que le dan vida, como si fuera una ciudad real. Aunque el lore de 31 Minutos nunca se desarrolla deliberadamente como en otras ficciones, es lo suficientemente consistente como para generar un cierto fanatismo en sus seguidores, algo inédito en un programa infantil de este estilo.
Esto llevó a que se creara un libro como El Libro Gordo de 31 Minutos, una guía de episodios y personajes de la serie, a cargo de Andrés Sanhueza, fan devenido en colaborador de la serie. Y hasta existió una muestra de la serie que recorrió varios museos de Chile y México. Además, existen un montón de spin-offs que expanden este mundo en diferentes formatos por fuera de la serie principal, desde obras de teatro hasta videojuegos. La continuidad de ciertos personajes a lo largo de los episodios, así como la atención al detalle, hacen que esta serie genere un fanatismo que usualmente solo generan series extranjeras con alto nivel de producción.
Con cada capítulo y el pasar de las temporadas las tramas se van volviendo más alocadas y la cantidad de easter eggs y referencias cinéfilas y culturales se multiplica, abriendo el paso al deleite de los fanáticos más atentos. Además, con cada episodio se van agregando cada vez más detalles en la historia de los personajes, profundizando su mitología y su complejidad sin dejar de nunca de ser una historia de títeres. De decenas y decenas de títeres.

Un elenco interminable de personajes complejos y entrañables
Como cada episodio tiene tanto una trama principal como una serie de noticias que funcionan a modo de sketchs y cada una de ellas introduce diferentes personajes, la galería de personajes es inmensa, y algunos de ellos son tan recurrentes que se terminaron volviendo parte del elenco estable, o teniendo un protagonismo privilegiado en las series o shows.
Así como cuando éramos chicos cualquier cosa que estuviera a nuestro alcance se transformaba en un juguete, en 31 Minutos la imaginación no tiene límites, y cualquier juguete o hasta objeto random se puede transformar en títere, desde un guante de plástico hasta una muñeca de Sailor Moon. Así fue que, al igual que grandes comedias como Los Simpson o Modern Family, 31 Minutos supo construir una cantidad tan grande de personajes entrañables y memorables, ganándose su propia Wiki.

Para el proyecto, Díaz y Peirano se tuvieron que transformar en titiriteros, y se hicieron cargo de manipular el cuerpo y la voz de la mayoría de los personajes. Peirano encarnó al conductor del noticiero, Tulio Triviño, un egocéntrico símil simio sin ningún tipo de escrúpulos, capaz de hacer cualquier cosa con tal de conseguir su beneficio personal.
También interpretó al comentarista de deportes Raúl Guantecillo, un guante de boxeo con micrófono (una parodia del periodista deportivo chileno Pedro Carcuro). Díaz intepretó al icónico Juan Carlos Bodoque, un conejo rojo adicto a apostar en las carreras de caballos, y encargado al periodismo ecologista, un periodista comprometido de esos que por su trabajo es capaz de meterse literalmente en la caca (como pasa en una de sus icónicas «notas verdes”, acerca de la ruta de las cloacas de Chile).

Bodoque y Triviño son amigos en la ficción, reflejando el vínculo que existe entre Díaz y Peirano en la vida real. Pero ambos además ponían la voz a una infinidad de diferentes personajes ocasionales que aparecían en cada episodio según la trama o las notas lo requerían. Con el tiempo al proyecto se sumaron otros artistas y guionistas, la mayoría integrantes del colectivo de artistas de izquierda La Nueva Gráfica Chilena. Así el artista Rodrigo Salinas aportó su arte en el diseño de los personajes y puso la voz del inseguro y nervioso productor del programa, Juanín Juan Harry, un tierno muñeco de peluche blanco que siempre está preocupado por complacer a Tulio y asegurarse de que todo salga bien.
El guionista y actor Daniel Castro no solo contribuyó a la estructura narrativa del programa sino que también puso la voz de personajes emblemáticos como Policarpo Avendaño, el comentarista de entretenimiento que presenta en cada capítulo el ranking musical de la semana, un títere humanoide con forma de tubo que se traba antes de cada episodio y dice su famosa frase “esto es lo que me pasa cada vez que...” completando con alguna referencia al contexto de cada capítulo. Castro también le pone la voz a Calcetín con Rombos Man, un superhéroe que no es más que una media con unas antiparras, que se dedica a resolver los problemas de los habitantes de su ciudad, Ciudad Cómoda, y termina cada una de sus aventuras citando algún artículo de la declaración de los derechos del niño.

Por otra parte, la mayoría de los personajes femeninos de la serie están a cargo de la comediante chilena Jani Dueñas, entre ellos la icónica Patana Tufillo, la pájara verde sobrina de Tulio Triviño, quien cumple un rol equivalente a una Lisa Simpson dentro de este grupo de irreverentes personajes, representando la voz de la razón y poniendo los pies en la tierra cuando la cosa se sale de control (que en esta serie pasa a cada segundo).
El hermano menor de Álvaro Díaz, Patricio, es también titiritero, diseñador y director de efectos especiales de la serie, encarnando a quizá el personaje más bizarro de toda la serie: Guaripolo, quien se presenta siempre a sí mismo como «el personaje favorito de los niños de 31 Minutos”, un títere naranja de aspecto desaliñado y que no para de decir frases absurdas y desopilantes, acompañado de su fiel compañero Sopapiglobo (literalmente una sopapa con un globo atado en la punta y una carita dibujada).

Además de ese elenco de personajes estables y bizarrísimos, existen muchos más personajes secundarios recurrentes, la mayoría de ellos interpretados por algunos de los artistas del elenco principal, y otros por invitados. Entre algunas de las mejores participaciones especiales se encuentra el Señor Manguera, dueño del noticiero, siempre amenazando con despedir y cancelar el programa, interpretado por el locutor chileno Fernando Solís, archifamoso por haber sido la voz oficial de la cadena Fox en Latinoamérica.
La lista de personajes de 31 Minutos es interminable, y eso sin mencionar a los protagonistas de las canciones del Ranking Top de Policarpo, cada una una historia independiente cantada por un personaje distinto que terminó ganándose el cariño del público. Algunos de esos personajes se hicieron presentes en el Tiny Desk, como el grupo LLUEHHHB (Latidos Latinos Urbanos Emergentes Hip Hop Hermanos Brother), un conjunto de monos urbanos que bailan hip hop pero no quieren que César, un bailarín menos agraciado, les interrumpa su performance; o el abogado penalista Juan Pablo Sopa, un cerdo que es discriminado en la corte por hablar como un idiota imitando el acento caribeño del reggaetón y la música latina de artistas como El Bahiano o King África.

Las canciones más memorables y pegajosas que vas a escuchar en tu vida
Las canciones de 31 Minutos son tan importantes como sus personajes, y muchas veces vienen de la mano. Si 31 Minutos fuera solamente un conjunto de música, sería igual de importante para la cultura chilena que lo que ha sido como programa de televisión. Porque la música no es solo un elemento fundamental de la identidad sonora del proyecto, sino que está a cargo de los músicos más talentosos de la escena musical chilena de los años noventa en adelante. Volviendo a las analogías argentinas, es como si Los Enanitos Verdes y Pedro Aznar hicieran la música de un programa infantil.
El principal compositor de la serie, Pablo Ilabaca, fue miembro clave de una de las bandas más míticas del rock chileno, Chancho en Piedra. Otros artistas, como el compositor Pedropiedra o la mítica banda Los Bunkers, colaboran en algunas canciones o aportando integrantes para la banda que acompaña los espectáculos. Incluso el Tiny Desk hizo un gesto para inscribirse dentro de la historia de la música chilena al referenciar “La voz de los 80”, una canción de la mítica banda chilena Los Prisioneros.

Abarcando una diversidad de géneros que van desde el rock, la psicodelia, el country y la música urbana, las canciones de 31 Minutos no solo son graciosas y divertidas. Cada una de ellas cuenta historias que combinan el humor con ciertos mensajes en contra de la discriminación, y a favor de la curiosidad y la creatividad, escondidos detrás de capas y capas de absurdo y balanceados por cierta acidez.
Todas sus canciones partían de las experiencias de cualquier niño. Desde el tema del pequeño Pepe Lota, que dejó caer su pelota en el patio de su vecina, hasta la canción del niño John Quijada, en la que se despide del diente de leche que lo acompañó en su más tierna infancia, las canciones de 31 Minutos hicieron que niños y adultos de varias generaciones se identificaran con lo que vivían ciertos personajes, siempre con una carcajada de por medio.
Algo que hace a 31 Minutos único, o quizá solo parecido a productos extranjeros como los mismos Muppets o series animadas como Hora de Aventura (2010-2018) o quizá algún que otro animé, es que apelan a grandes y chicos por igual, pero sin dejar de ser nunca un producto que es siempre consciente de que su principal público objetivo son los niños. Eso genera un trasfondo de inocencia que suaviza incluso los momentos más exacerbados de humor corrosivo que maneja la serie.

En una entrevista realizada por el periodista Cristián Warnken a sus creadores en el 2013, Álvaro Díaz aclaró que su programa “se guía por la imaginación. Y la imaginación es una lógica que no tiene frenos”:
“El programa tiene ideología infantil. Tiene que ver con ser muy lógico, muy concreto, pero sin tener el conocimiento que te genera el prejuicio. Es una libertad absoluta que siempre está justificada, que siempre tiene que tener reglas”.
Esa frase explica muchísimo la racionalidad que domina 31 Minutos, en la que el mundo no está suavizado para que lo entiendan los niños, sino que es un mundo igual al de los adultos, pero atravesado por una forma de pensar infantil, desprejuiciada y dominada por una imaginación sin límites.
31 Minutos es un programa que no subestima a su audiencia, y no tuvo problema en titular sus canciones con nombres con conceptos complejos como “equilibrio espiritual”, u “objeción delegada”, hacer referencias visuales al cine soviético o usar nombres salidos de la imaginación de Cervantes para sus personajes. La mayoría de los personajes de 31 Minutos son adultos fingidos, niños grandes, y no son modelo de conducta para nadie, cargados de defectos y vicios que hacen que los niños se den cuenta de que la adultez es un desastre, pero que al mismo tiempo puede ser entrañable. Así es como, si bien es un programa que maneja ciertas sutilezas del lenguaje, los chistes están supervisados para que siempre exista un nivel de absurdo tal que los niños puedan empatizar con los chistes. Si el humor es demasiado inteligente o solo puede ser entendido por adultos, el guión no pasa.

Humor negro y corrosivo
El humor de 31 Minutos es muy peculiar y fácil de identificar, ya que combina inocencia con absoluto desparpajo en proporciones iguales. Hay cierto tributo a lo berreta y lo hecho a mano que expresa un espíritu under, incluso aunque haya alcanzado una popularidad sin precedentes para cualquier otro programa chileno. Aunque en sus mejores momentos llegaron a tener el presupuesto para incluir efectos especiales generados por computadora y hasta actores de talla internacional, 31 Minutos demuestra constantemente un interés por quedarse en lo artesanal y lo auténtico, como demuestra uno de sus recursos humorísticos más representativos: las explosiones reales, hechas con pólvora dentro de los estudios del canal de la televisión nacional chilena.
Con un absurdo que recuerda a la comedia de grupos como Monthy Python en Inglaterra, Muchachada Nui en España, o Cha Cha Cha en Argentina, 31 Minutos abraza un humor que por momentos roza el mal gusto y lo chabacano sin perder nunca la sofisticación, lo cual lo hace atractivo para un público más adulto. Es un programa consciente de su incapacidad para tomarse en serio hasta los temas más complicados, expresando una “incorrección política” inusitada en un programa infantil.

Haciendo burlas y parodias constantes a figuras de la historia de la televisión chilena que gente de otros países es incapaz de captar, 31 Minutos tampoco duda en incluir referencias sutiles a momentos clave y dolorosos de la historia de Chile, a veces dejando entrever la ideología progresista de los miembros de su equipo. Algunos detalles, solo perceptibles para entendidos, dejan ver referencias políticas.
Por ejemplo, en el episodio “31 Minutos Educativio”, de la segunda temporada los miembros del programa intentan esforzarse para darle una impronta educativa, fracasando estrepitosamente y culminando en una escena en la que todos los títeres terminan con rifle en mano, cazando animales en peligro de extinción. En esa escena la figura de Juan Carlos Bodoque con lentes de marco grueso cargando una escopeta hace referencia al aspecto del presidente Salvador Allende cuando su gobierno fue derrocado por el ataque a la casa de la Moneda que instauró el gobierno militar de Pinochet en 1973.
Otro ejemplo es el videoclip de la canción«Perro chico», hecha en colaboración con la UNICEF en el año 2019 para concientizar acerca de los perritos que son abandonados por sus familias. En una de las escenas, de fondo, se ve un cuadro de un perrito llevando el icónico pañuelo rojo de Negro Matapacos, un perro que acompañó a los estudiantes chilenos que se manifestaron en contra del gobierno del presidente Sebastián Piñera.

Y seguro mucha gente advirtió que el villano del reciente Tiny Desk era un cocodrilo con una gorra roja, haciendo una alusión directa a Donald Trump y sus extremas políticas migratorias que culminaron en la construcción de la cárcel “Alligator Alcatraz” al que el títere hace alusión.
Aunque son pocos los momentos en los que 31 Minutos es explícitamente político, no deja de ser nunca una historia basada en ideales de igualdad, respeto, diversidad y trabajo en comunidad, sin nunca caer en lo panfletario, más allá de algunos mensajes que tienen que ver con el aspecto más institucional de una propuesta que surgió con financiamiento del estado chileno.
Esos mensajes, así como el perfil político de sus creadores llevó a que 31 Minutos sea atacado por el espectro más conservador de la sociedad chilena, como cuando un grupo de concejales propuso rechazar el financiamiento para que el grupo realizara un show en la ciudad de Las Condes. Pese a esos intentos, el proyecto siempre contó con mucho apoyo popular, dejando en claro un cierto aprecio por la libertad que se deja ver en una sociedad como la chilena, con mucha división entre las clases sociales más populares y un sector más bien pacato y formal.

31 Minutos sigue vigente hoy y más que nunca
En este momento 31 Minutos subsiste como grupo teatral y como banda en vivo. A pesar de que sus creadores renegaron de hacer presentaciones teatrales durante años, hoy en día su formato más habitual son las obras de teatro, casi siempre con un guion y una historia original de por medio. Son obras bastante televisivas, con muchos efectos especiales y un gran despliegue de producción. Por otro lado, es un grupo que, con títeres y todo, se sigue presentando como banda en varios festivales a lo largo de Latinoamérica.
Y como si esto fuera poco, el próximo 21 de noviembre estrenan su nueva película, Calurosa Navidad, financiada por Amazon Prime. La historia va a llevar un giro sudaca a los clásicos especiales de Navidad de la televisión estadounidense, haciéndole conocer al mundo cómo se vive la Navidad en los lugares en los que no nieva nunca y los Papanoeles tienen que salir con el torso al aire en busca de algún refresco para frenar la deshidratación.
Sin dejar nunca de lado el factor nostálgico (no deja de ser una serie que muchos millennials veíamos de chicos), 31 Minutos sigue vigente encandilando a públicos de todas las edades con un estilo único que ya los ha convertido en mucho más que un show: ya son parte de la idiosincrasia de la cultura Latinoamérica, un clásico indiscutible de la historia de la televisión y de la música.
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