El infiltrado

The Sympathizer: Puntos de vista que desafían el cuento creado por Hollywood

Park Chan-Wook vuelve a traer a la guerra de Vietnam a la pantalla, deconstruyéndola desde la mirada de un espía de identidad y lealtades divididas.

por | May 13, 2024

La cinta de una película corre. Junto al mapa de un territorio dividido aparece escrita la leyenda: “Todas las guerras se pelean dos veces. La primera en el campo de batalla, la segunda en la memoria”. La importancia del relato cinematográfico queda recalcado desde el primer segundo, una relación intrínseca cuando tenemos en cuenta que la Guerra de Vietnam fue la primera en ser televisada.

Hoy en día, cuando se habla del tema no es raro notar cómo el público general se educó a través de películas como Apocalypsis Now (1979), Francis Ford Coppola, o Platoon (1986), de Oliver Stone. Son parte de un subgénero en donde el punto de vista de todo quien no encaje con el adjetivo occidental se desdibuja, dejando el eco de un ensordecedor y deshumanizante silencio.

El hombre con dos caras

En las celdas de un campo de reeducación norvietnamita, un espía conocido únicamente como el Capitán (Hoa Xuande) es obligado a escribir una confesión. Esto se convierte en un gran flashback, a través del cual lo acompañamos en sus días como informante del partido comunista, siendo junto a él testigos de la caída de Saigon y su posterior éxodo hacia los Estados Unidos. Aparentando su lealtad a la CIA, vemos a nuestro protagonista trabajar bajo las órdenes del agente Claude (Robert Downey Jr.), con quien discute métodos de tortura mientras se pone al tanto de cuáles son los últimos hits en la radio.

Empieza desde el cine”, demanda uno de los guardias que obligan al Capitán a plasmar sus recuerdos en papel. La cultura pop aparece así como una de las armas propagandísticas que lo dividen, haciendo que sus sentimientos patrióticos se vean afectados por el amor-odio que lo conecta con la cultura americana. Es una dualidad trágica que le permite tener un pie en cada lado del conflicto, cualidad que considera una maldición. Pero, así como Hollywood favorece al romance, lo emotivo o la épica en lugar de la verdad empírica de lo que se supone biográfico, encontramos también contradicciones en las crónicas del Capitán.

La multiplicidad aparece tanto en lo narrativo como lo visual, siendo el ejemplo más literal los varios papeles que Robert Downey Jr. interpreta en la miniserie. Queda claro que esto no es una simple decisión efectista sin más intención que ganarle una estatuilla en la temporada de premios.

Por un lado, revierte ingeniosamente la burda noción occidental de que toda persona asiática se ve y escucha igual. Los personajes de Downey son caricaturescos, pero mantienen características en común más allá de las facciones del actor. Cada uno de ellos tiene una relación de mentor o al menos pretendiéndose dominante sobre el Capitán, siendo en menor o mayor medida la efigie de la condescendencia.

Es así como le dan identidad a diferentes facetas del poder estadounidense. Claude es la representación de la milicia, el profesor Hammer y su fetiche por el orientalismo aparecen como la educación, Ned Godwin es la arrogante política y el discurso cinematográfico está presente en el excéntrico Niko Damianos.

Reeducación, revolución, reescritura

La miniserie, hija de un matrimonio entre HBO y el aclamado estudio A24, está basada en la novela homónima y ganadora de un Pullitzer. Escrita por Viet Thanh Nguyen, un profesor de descendencia américa-vietnamita, su particular visión no solo pone en foco la experiencia de las familias inmigrantes en territorio americano, sino que lo hace remarcando las violencias remanentes de la guerra en ambos continentes.

Con sus primeros tres episodios dirigidos por Park Chan-Wook (Oldboy, Decision to Leave), quien también es productor de la serie, la complejidad del guion está completamente a la par de su calidad visual. Con sus intrincadas y creativas transiciones, sus encuadres y paletas de color, o ese oscuro sentido del humor que tiende a dar tonalidad a sus películas, el formato poco tiene que envidiarle a la calidad de un largometraje.

The Sympathizer (2024) funciona como mucho más que una serie de espías llena de intrigas y acción, ya que analiza el legado cultural de una guerra a través de uno de los medios que lo propició. Es una historia tan complicada como el tema que explora, deshilando una problemática que lastimosamente resulta muy contemporánea.

En la guerra no hay verdades absolutas, solo los puntos de vista de quienes la observan y quienes la padecen. En el caso del Capitán, su mente demanda la frialdad de mantener distancia y simpleza, un profesionalismo digno de la ficción. Pero es su corazón el que expone dudas que no encajan con el relato propagandístico.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.