Matices de rojo

Turning Red: Lo nuevo de Pixar llegó a streaming con cierta controversia

El estudio de la lamparita sigue estrenando en la plataforma de Disney, sin pasar por los cines. Analizamos los altibajos de Red, su última película.

por | Mar 15, 2022

Turning Red: Lo nuevo de Pixar llegó a streaming con cierta controversia

Durante los últimos días, el más reciente estreno de los estudios Pixar estuvo envuelto en una curiosa polémica. A pesar de su considerable número de críticas positivas, el film dividió a la audiencia. ¿El motivo? Un argumento frenético y una animación fuera de lo común, que desconcertaron a buena parte de los fanáticos del estudio. Se trata de un extraño matiz a las habituales discusiones que rodean a los films de la casa de la lámpara saltarina. En especial, porque Turning Red (2022) es una película que sin ser (ni acercarse a serlo) la mejor película del estudio, es un experimento afortunado en varias cosas distintas.

El argumento de la película cuenta el tránsito hacia la adolescencia desde un ángulo sorprendente y divertido. Pero su directora Domee Shi no ha logrado encontrar del todo la manera de narrar una historia de crecimiento, más allá del elemento extraordinario. O, en el mejor de los casos, hacerlo con algunos puntos blandos. Turning Red corre por dos cauces distintos: por un lado, el de una narración fantástica con mucha influencia en el animé japonés. Por el otro, una historia que explora los grandes cambios de la adolescencia desde un punto de vista adorable y lleno de vitalidad. A eso habría que añadir, además, una reflexión sobre la herencia, tanto étnica como emocional.

Quizás, la película es muy ambiciosa para englobar temas tan dispares. Lo logra en algunos puntos, pero en otros pierde el pulso y subraya lo dicho con torpeza. Aun así, entre sus virtudes y defectos, Turning Red logra explorar en profundidad un cuidadoso elemento emocional emparentado con el crecimiento y sus dolores, temas poco comunes en los films comerciales. En especial, su exquisita y sutil reflexión sobre los espacios emocionales de la adolescencia, llevada a una nueva dimensión. Para Pixar es un riesgo complejo que le separó de buena parte de su público objetivo. Para la directora, una decisión que lleva a Turning Red al terreno de la discusión necesaria acerca de cómo extender la percepción del estudio sobre sus grandes metáforas fílmicas.

Se trata de un terreno incómodo que provocó una amplia discusión sobre Turning Red como argumento. ¿Es capaz de establecer una relación entre sus principales preocupaciones y el tono amable de su animación? O al final, ¿se trata de una estructura visual que no puede sostener un guion lleno de simbología de considerable envergadura? Tal vez, ese sea el motivo por el que la película terminara por estrenarse en streaming, antes que en las salas de cine. ¿Pudo influir en la decisión la considerable mirada experimental de la obra sobre su historia?

un problema difícil de ocultar

Mei Lee (Rosalie Chiang) tiene un problema. Cuando se enfurece, se transforma en un adorable panda rojo gigante. Y lo hace sin que tenga control sobre lo que parece una jugarreta del destino o, aún peor, un extraño misterio que resolver. Turning Red traslada la típica historia sobre los dolores de la adolescencia a un escenario novedoso. Y, además, dota a su temperamental protagonista de una personalidad peculiar. Entre ambos extremos, el film celebra no solo el asombro de los primeros años de juventud. También, los vínculos familiares — por extraña sea la herencia que estos puedan suponer —  y, en general, la ternura del autodescubrimiento.

También, el estudio toma decisiones poco habituales en la manera de especular en un universo netamente femenino que, además, se sostiene sobre lo étnico, como un arista añadida a la complejidad de trama. Los personajes lidian con un considerable peso emocional y bajo lo que parece ser el humor absurdo, con diferentes facetas sobre los vínculos emociones. Pixar tiene un cuidado enorme en desarrollar sus personajes con delicadeza. Les dota de una serie de sutilezas que delimitan sus universos personales de una densidad amable y, a la vez, significativa. Desde los detalles íntimos de los cuadernos (especie de diminutos refugios a la mirada intrusiva del adulto), la forma en que se muestra Toronto como un contexto flexible y en transformación, la línea entre la herencia étnica y la emocional. Todo está ahí, bien narrado y con mucha emoción.

Y tal vez por eso, la película resulta una extraña combinación de registros que no llegan a sostenerse con equilibrio del todo. Sorprende que una de las grandes películas de temporada del estudio sea, de hecho, lo que parece una combinación poco afortunada de clichés, cuyos altos son justamente, los que se alejan de la intención de mostrar lo emocional con cierta premura. Turning Red tiene un comienzo torpe pero adorable, lleno de una energía peculiar. Pero los problemas reales comienzan cuando trata de dirimir su cuestión más urgente. ¿Quiénes somos al crecer? ¿Cómo reaccionamos hacia lo que nos hereda nuestra cultura y costumbres?

A pesar de sus buenas intenciones y momentos realmente emotivos, el guion co-escrito por Julie Cho y Domee Shi parece ser uno de los más blandos en la larga línea de éxitos de Pixar. Y esa podría ser la explicación por la que una de las películas más esperadas del año llegara directamente a la plataforma de streaming de su casa matriz Disney. A la vez, el motivo por el cual es, quizás, un experimento fallido. Una mirada confusa sobre la juventud, sus dolores y esperanzas. Y, en especial, la maravilla de comprender el poder de la diferencia. 

Un experimento a medias

Uno de los puntos altos de Pixar siempre ha sido su capacidad para contar historias en apariencia extravagantes con mucha humanidad. Desde el mundo de los juguetes hasta lo que ocurre al morir, el estudio ha recorrido un amplio espectro de temas conmovedores desde una perspectiva emocionante. Y Turning Red no parecía ser la excepción. La historia de una niña china que debe enfrentar un curioso secreto familiar era la oportunidad perfecta para que Pixar pudiera jugar con sus elementos favoritos. 

De hecho, tanto Turning Red ,como lo fue Soul (2020) hace poco más de un año, son experimentos argumentales que, en mayor o menor medida, muestran la evolución del estudio. Pixar intenta demostrar que es más que una fábrica de películas animadas. En la actualidad, el estudio -con su identidad bajo la mano de Disney– batalla para construir algo más profundo y singular en su forma de mostrar sus ideas más sublimes.

Turning Red desaprovecha en ciertos puntos la oportunidad de utilizar lo fantástico en favor de un efectismo absurdo, plano y poco convincente. La premisa sobre la posibilidad que Mei-Mei pueda transformarse en un panda rojo gigante al disgustarse se combina con el tono efervescente y bullicioso del anime, para dialogar con temas más complejos. Lo logra en forma parcial en sus mejores puntos y resulta obvia, en los peores. La directora Domee Shi logra establecer el necesario vínculo entre la maravilla y el mundo interior de su personaje. Pero, a la vez, no dirime del todo la extrañísima versión sobre el prodigio que atraviesa su personaje principal. Al final, Turning Red tiene más de una caricatura que un juego de versiones acerca de las diversas vivencias y capas de una tumultuosa adolescencia.

Como si eso no fuera suficiente, la película no lo logra traducir la sorpresa, la alegría y el brillo de la idea de una transformación mágica, en una metáfora apropiada. Durante buena parte del metraje se echa en falta ingenio para narrar lo maravilloso, a pesar de su tono travieso y juguetón. Al final, Turning Red es un esquema repetitivo de un evento asombroso. Y uno que no termina de unir las partes aisladas de su historia.

Un drama sensiblero 

El tránsito a la adolescencia y los primeros retos de la juventud han sido un tema recurrente en Pixar. Lo mostró con la tercera parte de Toy Story, en que la partida de Andy a la universidad se convirtió en una ruptura emocional de enorme delicadeza. También lo hizo con Intensa-mente (2015) y más recientemente con Luca (2021). Ambas historias profundizan sobre la idea de la evolución espiritual, las necesarias transformaciones mentales y físicas, pero, en específico, una asombrada madurez.

Turning Red carece de algunas bondades de Pixar, lo que provoca en que algunos tramos sea una colección de clichés y gags sin mayor profundidad. Una y otra vez, se insiste en la cualidad de Mei-Mei para cambiar de forma. Pero lo que podría ser un acento cómico a una circunstancia más profunda, termina por ser un chiste sin gracia.

Mucho más aún, cuando la película pierde la oportunidad de establecer verdaderas relaciones entre la herencia, el sentido de lo étnico y el amor familiar. Al final, termina siendo la suma de una serie de giros de argumentales flojos, que al final se derrumban por completo. No obstante, narra con una generosidad inmensa los sobresaltos de los universos femeninos. En especial del mundo adolescente, que muestra desde un punto de vista descomplicado y bullicioso. Todo eso son logros, en medio de una industria que trivializa ambos temas. Pero se echa en falta que la ambición sea solo por deslumbrar, antes que analizar el evidente subtexto que anuncia, pero no profundiza.

Una protagonista incompleta

Por lo general, los personajes de Pixar suelen ser entrañables. Inclusos sus villanos, los más curiosos, extravagantes e incluso temibles, terminan por ser parte de una historia de contexto valiosa. En Turning Red ocurre un ligero matiz: Mei, la niña capaz de convertirse en un enorme panda rojo, se desdibuja en algunos puntos en beneficio de su formidable experiencia. Y no solo al estilo divertido y sorprendente de una antiheroína brillante, sino porque el guion es incapaz de mostrar del todo su evolución. Y, pero aún, de analizar sus diferentes facetas — que se anuncian pero nunca son el centro de la acción — como parte de un todo más elaborado. 

En realidad, algunas veces Mei termina por ser alivio cómico en su propia historia. A pesar de una firme versión brillante acerca de su búsqueda de madurez, el guion no da el paso definitivo para que su heroína sea algo más que el símbolo de una evolución complicada. Turning Red tiene buenas intenciones, es brillante en los momentos que se deja llevar por su radiante energía narrativa. Pero cuando no lo hace, es una combinación un poco confusa de tópicos incompletos. Quizás, su mayor problema.

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