Julia y George

Ticket to Paradise: Una rom-com que reúne a dos leyendas vivientes del cine

Una comedia romántica sin grandes ambiciones, pero con un gran corazón y actuaciones conmovedoras por su familiaridad. Quizás, su punto más fuerte.

por | Sep 20, 2022

La comedia romántica suele tener el problema de lidiar con la reinvención. Cada década concibe el amor de manera distinta y, en especial, se esfuerza por contar el amor de una forma por completo nueva. No obstante, las historias de te amo, me amas, en esencia, son las mismas. O al menos se narran bajo la exacta percepción de la ternura y la búsqueda de un lugar en el que la emoción sea tan importante como para cambiar decisiones, perspectivas, y la vida, tal y como la conocemos.

Al final, todas las comedias románticas quieren dejar claro que el amor es real. Es posible, es factible y, tarde o temprano, llegará a nuestra vida. Y eso es justo lo que Ticket to Paradise (2022), de Ol Parker, logra con soltura. Dos historias de amor, dos versiones del mundo. La promesa de que, al final, habrá felicidad. Una irreal versión sobre la ternura que, sin embargo, funciona gracias a un elemento imposible de predecir y que, en este caso, es el punto más fuerte del film: su habilidad para conmover. 

Durante más de una década, la pantalla grande se llenó de grandes historias de superhéroes. Por otro lado, la reacción inevitable, fue también el regreso de un cine más autoral, críptico, obsesionado con la deconstrucción de grandes personajes y temas. Al final, los extremos se convirtieron en una mirada al séptimo arte atípica, en ocasiones abrumadora y casi siempre, desconcertante. Entre las extravagancias inocentes de franquicias multimillonarias y pequeñas obras de considerable contenido simbólico, el lenguaje cinematográfico pareció atrapado en un pulso hacia dos direcciones opuestas.

Quizás, por ese motivo, Ticket to Paradise sorprenda. Este argumento sencillo, sin grandes pretenciones, narra una historia tópica. La hija única de una pareja de exitosos divorciados, viaja a Bali para unos días de descanso antes de enfrentarse a la vida adulta. Pero lo que parecía una breve pausa en un plan minuciosamente preparado para su futuro por sus padres, se transforma en un cambio mayor. Uno que Georgia (Julia Roberts) y David (George Clooney) no piensan aceptar por las buenas.

Pero este argumento lleno de equívocos, trampas torpes y humor físico, también explora una peculiar idea sobre la madurez, disimulada en el engañoso lustre de comedia de alto presupuesto. Mucho más, cuando esta historia romántica sofisticada, reúne a una emblemática pareja de la lista de consagrados de Hollywood. Clooney y Roberts, que han compartido amistad, proyectos y una curiosa camaradería por más de treinta años, decidieron protagonizar una historia simple. Pero a la vez, transformar esa sencillez, en un recorrido por la idea de las pequeñas derrotas cotidianas y, al final, la noción sobre el paso del tiempo en la vida común.

Por supuesto, el gran atributo del film es la vitalidad refrescante y amable de dos estrellas que disfrutan de su experiencia frente a las cámaras: Roberts y Clooney, radiantes de buenas intenciones y de un vigor contagioso, que termina por dotar a la producción de un raro esplendor nostálgico. A pesar de que la historia que se narra es la de su hija Lily (Kaitlyn Dever) y su decisión inexplicable — para sus padres — de contraer matrimonio con el encantador Gege (Maxime Bouttier), el argumento tiene la intuición suficiente para explorar otros lugares. Para narrar, en segundo plano y con discreción, los sinsabores del mundo adulto, los sueños rotos y las esperanzas convertidas en decepción.

Si algo sorprende de Ticket to Paradise, es su habilidad para dejar claro, sin demasiadas pretenciones, que carece de cualquier tipo de malicia. Tan transparente como el mar de Bali en que Lily se enamoró de forma irremediable de Gege, el film encuentra sus mejores momentos en la idea de lo transcendental y lo simple que puede ser la idea de amar. Y no lo hace en medio de grandes reflexiones filosóficas o cínicas. En realidad, el guion escrito a cuatro manos por Daniel Pipski y Ol Parker es consciente que su mayor fortaleza es su reflexión sobre la identidad. Una y otra vez, la película detiene su ritmo amigable y humorístico, para permitir que el argumento cuente una historia en paralelo. Que lo haga con una libertad limpia e inteligente que sorprende por su aire sofisticado.

Las grandes historias empiezan por pequeños pasos

Pero esta, claro, es una feel good movie en toda su extensión y, sin duda, la mejor de un año escaso en películas que solo pretendan entretener a su audiencia. Ticket to Paradise, tiene la cualidad de la sencillez y de las buenas intenciones. Su premisa no es otra cosa que la enésima reinvención de las grandes historias de amor del cine, a imagen y semejanza de la época dorada de un Hollywood que ya es leyenda.

De hecho, la producción no disimula sus orígenes. Roberts y Clooney intercambian chistes, miradas cómplices, bromas crueles e incluso una borrachera tan sospechosamente realista, que no queda duda que, en algún punto, fue real en el set. Ticket to Paradise brinda a sus estrellas el lugar y el peso para hilvanar con cuidado un relato en que la nostalgia, por algo más profundo y perdido, lo es todo. “Tengo la sensación que, en el algún punto, perdí algo crítico en mi vida”, dice el personaje de Roberts, con voz amable y sincera.

Asombra la capacidad de la actriz, que debe su celebridad a una larga colección de comedias románticas, para reinventar la habitual fórmula de la chica que ama a un chico en algo novedoso. Eso, a pesar de que es notorio que se trata de un papel hecho a su medida y bajo ese estrato de simplicidad. Pero Julia lo transforma sin esfuerzo en algo más. En una radiante condición de belleza tranquila, en la imagen de una mujer que construyó su vida sobre bases firmes y debe mirar sobre el hombro para recordar como llegó hasta ese punto, frente a un mar nítido, tan simbólico como de extraordinaria belleza. Roberts consigue que su Georgia sea una madre amorosa, una mujer que intenta comprender su vida y también, por supuesto, la it girl de una película construida a mayor gloria de su carisma.

Otro tanto hace Clooney, que con una placidez humorística y paternal, deja a un lado su aura de actor misterioso, para obsequiar, quizás, su papel más sincero en décadas. El David que encarna soñó con el amor, lo perdió y ahora es un solitario huraño de humor sarcástico. Clooney logra que esa personalidad tópica, se transforme en la de un espíritu melancólico con un corazón roto. Un padre amable y travieso, capaz de planear la mejor forma cómo sabotear la boda de su hija, al mismo tiempo que recuerda con dolor las últimas semanas de su fallido matrimonio. Una y otra vez, el intérprete brinda una nueva dimensión a un papel en apariencia sencillo. Y una otra vez, logra crear la sensación cálida que David es un hombre con varias capas de un lento sufrimiento a cuestas. Un prodigio de discreta habilidad, que conmueve hasta las lágrimas por su sutileza.

Bajo el sol, una boda, el tiempo que transcurre en paz

Con su final feliz asegurado, Ticket to Paradise no es más de lo que promete. Pero tampoco es tan sencilla como pudieran aparentar las carcajadas de oro de Roberts o la voz aterciopelada de Clooney. Esta comedia sobre el mundo adulto, disimulada bajo el radiante amor juvenil, es una lección de buen sentido de la elocuencia y la profundidad alegórica. Todo, en un escenario paradisíaco que brilla al fondo como un recordatorio que al final de todas las cosas, el amor triunfará de una manera u otra.

En su escena final, Georgia mira a David y sonríe. Y quizás ese único gesto, tan íntimo que sorprende por su genuina delicadeza, sea el que define a un film que pudiera parecer superficial, a no ser por su mirada sofisticada a la edad adulta desde una reposada amabilidad. Y aunque el guion juega con la idea de un matrimonio apresurado y dos padres preocupados para hacer reír, lo realmente sustanciosos de esta historia inverosímil, está en la periferia. Uno de los grandes atributos de este film sin grandes pretensiones, más que hacer feliz a su audiencia.

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