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The Princess Bride: Un cuento de hadas inolvidable y lleno de humor

En su aniversario, te contamos la proeza que fue llevar el libro al cine y cómo este cuento de aventura, venganza y amor verdadero se volvió icónico.

por | Oct 11, 2022

The Princess Bride celebra los 35 años de un cuento de hadas inolvidable

El libro de William Goldman tenía todos los condimentos para ser llevado a la pantalla. La historia fue un éxito rotundo gracias a su particular prosa, una novela en la que el mismo autor era prácticamente otro personaje, asegurando que la historia no era más que la adaptación de un cuento que su abuelo le leía en su infancia.  Interrumpiendo la trama con varias notas de que enriquecían al reino de Florin, Goldman creaba un dialogo unilateral con sus lectores, llegando a recomendarles en posteriores ediciones que escriban a la editorial en búsqueda de supuestas escenas censuradas por las cuales sus fans solo recibirían falsas cartas legales a manera de humorada.

Una década luego de su publicación, Hollywood atravesaba un periodo en donde la fantasía era un éxito, con títulos como Ladyhawk (1985), Labyrinth (1986) o Willow (1988) llegando como una ola al cine. Adaptar The Princess Bride (1973) a la pantalla grande parecía un paso lógico. ¿Pero cómo trasladar ese tono tan particular de la novela? Ahí entró Rob Reiner, director que había ganado fama gracias al falso documental This Is Spinal Tap (1984) y quien años más tarde se robaría el corazón del público con clásicos como Stand By Me (1986) o Misery (1990).

Reiner era, ante todo,  un lector que había quedado fascinado por el libro, luego de que su padre se lo regalara. Adaptarlo era un sueño, y su filmografía le había ganado la confianza de varias productoras. El problema era el desencanto que tenía Goldman con la pobreza de los guiones que había recibido hasta el momento, razón por la cual volvió a comprar los derechos de su propia historia para impedir que algún estudio de cine la canibalizara. Fue una lucha para Reiner, pero este eventualmente convenció al autor de que compartían un sentido del humor parecido, por lo que eventualmente Goldman cedió y accedió a escribir un guion él mismo.

Cuando yo tenía tu edad, la televisión se llamaba libros

Reiner no se equivocó, la esencia estaba ahí. Fred Savage, en ese entonces uno de los actores infantiles más exitosos gracias a la serie The Wonder Years (1988-1993) es quien nos introduce a la historia: un chico enfermo y atrapado en su cama, más interesando en videojuegos que en el libro el cual su amoroso abuelo viene a leerle. Peter Falk, conocido por ser el protagonista de Columbo (1968-2003), interpretaba al pillo abuelo decidido a contar la historia que su padre alguna vez le leyó cuando era niño. No habrá notas de página, pero muchas son las interrupciones de la película por parte de estos dos, cuando el nieto, asqueado por escenas de besos (¡nfaltables en todo cuento de hadas que se precie de tal), de a poco se encuentra tan atrapado por la historia como nosotros mismos.

Y es así como se nos presenta el cuento de Buttercup (Robin Wright) y Westley (Cary Elwes), una joven y un granjero, ella sagaz y decidida, él tímido al no confesarle su amor directamente, pero demostrándoselo cada vez que repite tres palabras: “como usted desee”. El destino los separa y Buttercup, con el corazón roto, es prometida al Príncipe Humperdinck (Chris Sarandon), solo para al poco tiempo ser secuestrada por maleantes y perseguida por el Temible Pirata Roberts.

“La vida es dolor, Alteza. Cualquiera que diga lo contrario está vendiendo algo”

Hoy en día, cuando evocamos una aventura fantástica con mucho humor, un grupo de aliados dispares, una princesa que rescatar e innumerables frases icónicas que rápidamente se convirtieron en memes, muchos pensarían en la fantástica Shrek (2001), pero décadas antes The Princess Bride (1987) cumplió con ese rol. Es probablemente una de las primeras películas de aventura familiar con un marcado sentido del humor adulto, diálogos afilados, insultos poéticos y, ante todo, un marcado sentido del sarcasmo que pronto convirtió al filme en la obra de culto que es hoy en día.

Buttercup (Robin Wright) y Westley (Cary Elwes) en The Princess Bride (1987)

El Westley de Elwes y su doble identidad como el Pirata Roberts lo presenta casi como una versión modernizada del flamante Errol Flynn, una sátira del héroe romántico que años después lo llevaría a protagonizar al (como él mismo se denomina) único Robin Hood con acento inglés en la divertidísima Robin Hood: Men in Thights (1993) de Mel Brooks. Elwes tiene carisma de sobra y, a pesar de que muchas de sus escenas con la Buttercup de Wright no están excentas de comedia, la pareja sin duda logra igualmente vender este romance de ensueño gracias a su excelente química.

El resto del elenco goza de muchas otras caras conocidas. Además del cameo de Billy Crystal escondido bajo varias capas de maquillaje como el Milagroso Max, o del luchador profesional francés Andre el Gigante como el gentil y siempre servicial Fezzik, uno de sus personajes más memorables es el astuto Vizzini. Con Danny DeVito originalmente en fila para interpretarlo, fue Wallace Shawn (Clueless) quien se quedó con el papel del Siciliano, una sobrevalorada mente maestra que parece usar palabras sin realmente conocer su significado

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Pero el más memorable de los personajes secundarios sin duda es Iñigo Montoya, el maestro espadachín español en búsqueda del hombre de seis dedos que asesinó a su padre. Portador de una de las más icónicas frases no solo de la película, sino de la historia del cine mismo, en Iñigo recayó no solo algo del peso dramático de la historia, sino un verdadero desafío físico para Mandy Patikin (Criminal Minds).

Bob Anderson, experto en esgrima y coreógrafo de escenas de acción nada menos que en películas de icónicas sagas como la de Star Wars, la de El Señor de los Anillos o la de Piratas del Caribe, preparó a Patikin por seis meses y a Elwes durante cuatro. El riguroso entrenamiento se nota en el filme, con ambos actores habiendo practicado la rutina todos los días, entre tomas, durante semanas. Como si fuera poco, muchas de las técnicas de esgrima nombradas en su batalla verbal, por cómicas que suenen,  son referencias reales. Otra muestra del humor y del gusto por los guiños nerds de sus guionistas.

“Hola. Mi nombre es Íñigo Montoya. Mataste a mi padre. Prepárate para morir.”

La venganza puede que no sea buena, pero es imposible no alentar a Montoya, ya que la interpretación de Patikin tiene un peso muy honesto. El actor, al momento de la filmación, acababa de perder a su padre tras ser diagnosticado con cáncer. “Ofréceme riquezas, poder. Ofréceme todo lo que yo quiera”, demanda Iñigo cuando la batalla está casi acabada. Montoya sentencia: “quiero a mi padre de vuelta, hijo de perra.” El dolor que el actor transmite es real.

Patikin comentó que antes de rodar esa escena tan clave para su personaje se tomó un momento para deambular fuera del set. Hablando en voz alta con su padre, le prometió que “se haría cargo de ese tipo por él”, dándole una entidad humana a la enfermedad. El rol le resulto catártico, algo que les llegó muy de cerca a muchos fans que pasaron por una situación parecida. Estos continúan enviándole mensajes llenos de amor que él, muchas veces con lágrimas en los ojos, contesta en redes sociales.

Apresurar a un hombre de milagros solo consigue un milagro podrido

El éxito se tomó su debido tiempo. Si bien a la película le fue bien en taquilla, fueron el boca a boca y el continuo alquiler en videoclubs lo que la convirtió en el clásico moderno que es hoy. Mientras el merchandising era casi inexistente en ese entonces, hoy en día continúan saliendo figuras, juegos de mesa, reediciones y rumores de remakes, musicales o segundas partes. El mismo Goldman trabajó durante años en un guion para continuar la historia de Buttercup y Westley, pero con su muerte en 2018 la secuela nunca llegó a completarse.

Aún así, el amor por The Princess Bride está más vivo que nunca. El orgullo y cariño que el elenco siente por esta película es palpable. Fue en septiembre de 2020 cuando parte del elenco original se reunió para hacer una lectura virtual del guion, en un gesto de apoyo al partido Demócrata durante las elecciones estadounidenses de ese año. Lamentablemente, había una sensación agridulce en el aire, ya que algunos de sus compañeros habían fallecido. Por esta razón, Rob Reiner interpretó el papel del abuelo, mientras que Josh Gad (Frozen) le prestaba su voz al inolvidable Fezzick.

Ante los rumores de las posibles remakes, Elwes modificó una de las citas de la película en un tweet que dejó muy en claro su opinión al respecto. “El mundo está en falta de películas perfectas. Sería una lástima arruinar esta.” Palabras cortas que, como el mismo Westley diría, hasta un bufón con cara de jabalí podría entender. Solo podemos decirle una cosa al Sr. Elwes y eso es: como usted diga. Como usted desee.

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Ro Tapias

Artista visual. Madre de dragones, gatos y un corgi. Hablo de cine, a veces demasiado.

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