Veinte años atrás, las hermanas Wachowski cambiaron el cine de acción con The Matrix (1999). Su vuelta a la franquicia con Resurrections es una patada en la encía a la idea de la nostalgia como motor del entretenimiento actual con una subversión/remix de muchos de los conceptos que desarrollaron a través de su carrera. Pero también nos dice que el amor no conoce de barreras espacio-temporales y que las personas que amamos nos hacen ser quienes realmente somos.

Matrix Resurrections se estrenó en diciembre de 2022 en forma mixta en Estado Unidos (en cines y en streaming) con un éxito moderado en taquilla y en críticas. Quizás sea porque la historia que propone la directora Lana Wachowski muestra en carne viva la angustia que siente la autora por la apropiación de su obra por la misma gente que criticaba, porque la compañía dueña de la franquicia iba a hacer una continuación de su obra magna aún sin ella (o su hermana) en el proyecto. Entonces abandona todo tipo de sutilezas y en toda la primera parte del filme nos grita en la cara todo lo que siente al respecto de la comercialización de sus ideas sobre identidad, negocio y nostalgia.

En esta nueva entrega nos encontramos con un Thomas Anderson (Keanu Reeves) diferente al que dejamos en The Matrix Revolutions (2003): ya no es el Elegido, sino un diseñador de una trilogía de videojuegos llamada The Matrix, que revolucionaron la industria hace unos años. Casualmente, en los juegos nos contaban que estábamos en una simulación creada por máquinas y que podíamos luchar para ser libres. Ahora Warner Bros quiere continuar la historia y Thomas no quiere hacerlo. Esta presión se suma a la angustia que siente el personaje, ya que por momentos cree que hay algo más allá afuera; que la historia de su juego es real y que él es mucho más de lo que todos creen. A todo eso le suma una peculiar atracción por una mujer que ve todos los días en el café donde pasa sus solitarias tardes.

Mientras Thomas Anderson discute sobre la sobre-explotación de su creación con su jefe, interpretado por Jonathan Groff, y da vueltas sobre su visión del mundo con su analista –Neil Patrick Harris-, algo sucede. Alguien joven y con hambre vendrá a tratar de cambiar la narrativa, una vez más. Pero lo interesante es que la historia, al principio, parece ser la misma de la primera película. Es como si Lana nos quisiera decir ¿esto es lo que quieren? ¿Lo mismo de siempre pero con una peluca distinta? Todo con una furia palpable, como canalizando toda su frustración en esos minutos iniciales.

El primer acto funciona como una gran reflexión sobre el uso de la nostalgia como motor de la industria y cómo esto también puede ser un arma de doble filo. Todo depende de la mirada del espectador. No por nada la reinvención de todos los Spider-Man en No Way Home (2021) vende millones y millones de entradas; o Cobra Kai (2018-) lleva cuatro temporadas de un éxito total con la expansión de la historia de las películas, o existe Ghostbusters Afterlife (2021) contando la misma historia de la primera en un contexto más moderno. Más allá de la discusión de la calidad de cada producto, lo que hace Lana en esta nueva entrega de The Matrix es cuestionar todos estos métodos para vender entradas, criticando el mercado desde adentro.

Luego, Resurrections tomará un rumbo menos pesimista: veremos cómo la química con la mujer que Thomas ve todos los días en ese café no es ficticia, es el amor en estado puro. Y eso en el universo de Matrix (y en el nuestro) mueve el mundo. Ella es la otra parte del rompecabezas: Trinity. Porque Neo existe gracias a Trinity y con ella son mucho más que dos. Ver a Carrie-Anne Moss de nuevo en pantalla grande es un deleite. Y el giro que le dan a su personaje en el final hace que todo valga la pena. No vamos a contarlo porque queremos que vean la película.

Los nuevos personajes suman frescura a la historia, especialmente la Bugs de Jessica Henwick y el flamante Morpheus de Yahya Abdul-Mateen II. Ellos traen las nuevas ideas, que homenajean a las primeras, pero que tienen un toque más moderno y más acorde con los tiempos que corren. El camino que algunas máquinas recorren también es muy interesante, porque al final del día la pregunta es siempre la misma: ¿por qué no podemos ser amigos?

Quizás el punto más flojo de esta nueva entrega sean las escenas de acción. Nada jamás será tan revolucionario como lo que hicieron las Wachoski en la primera entrega de Matrix, pero esperábamos más. Son confusas y por momentos parecen filmadas a las apuradas, como si fuera un ítem más de la lista de cosas por hacer para que sea Matrix. Quizás aquí tengamos otro manifiesto de Lana, pero igual hace ruido que no sean por lo menos correctas.

Con Matrix Resurrecciones estamos ante una continuación que discute e insulta la propia idea de que toda historia tiene que seguir hasta el infinito porque la nostalgia y el mercado lo demandan, pero que también celebra que el amor es una de las fuerzas que mueven al universo. Te amamos por eso, Lana Wachowski.

La película ya se encuentra disponible a partir de hoy para ver en Latinoamérica por la plataforma de streaming HBO Max.

Ayudanos a seguir creciendo

Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar con un aporte único o suscripción mensual.

cafecito