A ver esa sonrisa

“Smile” de Parker Finn: Lo siniestro de las pequeñas cosas

La ópera prima del director es mucho más que una mirada al terror. Es también una exploración del duelo y una búsqueda del núcleo de los terrorífico.

por | Oct 8, 2022

¿Qué nos produce miedo? Es una pregunta que la película Smile (2022) de Parker Finn se hace varias veces y desde diferentes puntos de vista. Pero en particular, es una cuestión que el film no aborda solo desde lo sensorial. Para el director, lo siniestro y tenebroso tienen múltiples rostros y es ese ligero, pero importante matiz, lo que sostiene la tensión de una premisa singular. 

A la vez, la que le proporciona, quizás, su extraña ambigüedad. Por un lado, la película es una exploración sobre un hecho sobrenatural que se enlaza con una serie de muertes misteriosas. La combinación entre suspenso y terror es lo suficientemente brillante como para ir de un lado a otro de lo que parece una historia amplia. ¿Qué es lo que acecha a la psiquiatra Rose Cotter (Sosie Bacon) y que parece encontrarse en todas partes?

Más inquietante aún, ¿se trata de algo real o un juego retorcido de su mente? Durante buena parte de su primera media hora, el argumento ordena las piezas de su argumento para narrar una idea compleja. ¿Qué se esconde en lo que nos atemoriza? ¿Un trauma, la posibilidad que nuestra mente sea capaz de engañarnos de forma violenta y abrumadora? Finn no responde de inmediato a las preguntas y la película atraviesa terrenos complicados del suspense en su primer tramo. Poco a poco, la tensión dentro del argumento aumenta hasta lograr un sentido de desorientación escalofriante. 

Lo hace con una inusual pulcritud, que convierte a la búsqueda de respuestas de Rose, en una extraña mirada a la oscuridad interior. Luego que una paciente se suicidara en su consultorio en una situación incontrolable, la psiquiatra necesita comprender qué ocurrió. Al menos, profundizar en el fenómeno que parece rodear no solo a una serie de espeluznantes de asesinatos. También, a cada una de las víctimas. 

la mirada a un tipo de oscuridad cada vez más terrorífica 

Rose asume que lo que sea que llevó a su paciente a suicidarse, fue de naturaleza psiquiátrica. En el peor de los casos, un tipo de trastorno que comparte con otros tantos casos parecidos. La psiquiatra sabe bien que un hecho semejante casi nunca es casual. Su madre se suicidó cuando era una niña pequeña y el suceso la acecha como un espectro psicológico con el que le lleva esfuerzo lidiar. De modo que tratar de comprender lo que ocurrió en su consultorio — y frente a sus ojos — es un buen medio para, quizás, expiar sus propios temores.

 

Pero a medida que Rose recorre un singular trayecto de pistas cada vez más tenebrosas y retorcidas, se encuentra rodeadas de caras sonrientes. Sonrisas estáticas, heladas, frías, que solo ella puede ver. La salvedad del narrador poco fiable convierte a la película en una extraña percepción sobre la realidad. ¿La psiquiatra está atravesando un cuadro tan inexplicable como el de su paciente? ¿Es una reminiscencia de la muerte de su madre? Rose mira los rostros de sonrisas tensas, se niega a creer en la posibilidad de algo sobrenatural.

No obstante, el mal a su alrededor — y es brillante la forma en que la película conduce a la conclusión — es imparable e implacable. Tan violento como para que las muertes a su alrededor dejen una señal evidente de un único camino. Rose debe profundizar en lo que no se atreve a mirar. En el hecho, que casi sin quererlo, está vinculada a su paciente muerta y a las otras tantas víctimas que le precedieron. Que, quizás, se convertirá ella misma en una muy pronto. 

De la misma manera que The Ring (2002) de Gore Verbinski — a la que recuerda en tono y en densidad de la narración —Smile relata una maldición. Una que se perpetúa, se hace más fuerte y brutal a medida que obtiene poder de la muerte. Puede parecer una premisa habitual en el cine del terror, pero Finn encuentra la manera de enlazar la idea con algo más elemental. La percepción de la pérdida y el sufrimiento, como motor elemental de algo siniestro, sin nombre y siempre al acecho. 

cuando el terror es un espejo 

Finn juega con la posibilidad que la realidad que muestra la película no sea del todo confiable. La sensación de delirio está allí y se mueve de escenario en escenario. Mientras, Rose trata de encontrar una manera de desafiar la condena invisible que la persigue. Como todas las premisas que incluyen una maldición que debe ser detenida a fuerza de descubrir su origen, Smile depende de la urgencia de respuestas. De modo que brinda a su personaje tiempo y recursos para la investigación. 

Pero a la vez, no olvida que la pregunta no es, en realidad, qué está provocando asesinatos cada vez más grotescos y espantosos. El gran interrogante se plantea desde la primera escena: ¿qué tanto podemos confiar en la versión de Rose acerca de lo que la rodea? Es entonces, cuando el guion se hace circular. El personaje debe lidiar con el peligro que la acecha y en particular, en encontrar una aparente respuesta. Pero cuando lo hace, solo es una capa de la naturaleza real del horror. 

Smile juega con todo tipo de posibilidades y permite al espectador seguir un tránsito hacia la oscuridad. La maldición — o lo que sea que Rose descubrió casi por accidente — aguarda entre las sombras. Sin embargo, mucho peor, es una posibilidad que podría llevarle también a descubrir partes de sí misma por completo olvidadas. “¿Qué hay allí?” pregunta el personaje. No a una escalera oscura, un sótano lóbrego o a un paisaje desolado. Lo pregunta al espejo, a su propio reflejo. A la sonrisa que — quizás — comienza a dibujarse en su rostro.

Con una habilidad que sorprende, Smile logra guardar sus secretos el tiempo suficiente para provocar real miedo. Una salvedad que la película construye a fuerza de crear una atmósfera irrespirable y cada vez más dura. Un logro mayor en una época en la que el cine de terror se ha convertido en una mezcla inevitable de lugares comunes trillados. 

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