[La siguiente nota contiene spoilers sobre la tercera temporada de Sex Education]

La nueva temporada de Sex Education no se anda con rodeos. La escena inicial es un montaje de diversas parejas teniendo sexo. Y diversas es la palabra exacta para describirlas. Es un desfile de identidades, orientaciones y fetiches como pocas veces se ha visto en la televisión, sobre todo acompañado del tono optimista y hasta ingenuo de la serie. 

El estreno de la primera temporada de Sex Education en 2019 la catapultó rápidamente a la lista de series más vistas en Netflix. Esta primera entrega seguía a Otis (Asa Butterfield), un adolescente con una acomplejada relación con la intimidad (producto del vínculo con sus padres, ambos terapeutas especializados en relaciones y sexualidad) y Maeve (Emma Mackey), la chica rebelde pero brillante de la escuela, quienes inician una “clínica sexual” para ayudar a sus compañerxs de clase a navegar sus dudas y miedos en torno al sexo. 

Desde un primer momento la serie deja claro su posicionamiento, al lidiar desde el humor con temas polémicos como el aborto, el acoso sexual o la homofobia. En una época en la que las ficciones adolescentes nos presentan atmósferas oscuras y decadentes en las que los jóvenes se entregan a relaciones sexuales insignificantes, Sex Education (2019-) nos trae una bocanada de aire fresco envuelto en estética ochentosa y música pop. Ambientada en un presente analógico, en el que las redes sociales (otra de las grandes constantes de la ficción adolescente) parecen no existir, Sex Education nos enfrenta con las inseguridades y dudas de un grupo de jóvenes encontrándose con el sexo por primera vez.

A diferencia de los personajes de Elite (2018-), Riverdale (2017-) o la remake de Gossip Girl (2021-) (sin desmerecer ningunas de estas producciones, cuyo foco está en otro lado), la serie de Netflix nos presenta adolescentes como los que alguna vez fuimos. Tímidos, imperfectos y cachondos. Con cuerpos reales y dudas sobre su identidad. Aunque las situaciones y las conversaciones tan honestas puedan resultar poco realistas, los temas claramente son realistas.

La tercera temporada empieza con el nuevo año escolar y el reemplazo del antiguo director por una chica joven y simpática que resulta ser una especie de Dolores Umbridge sin vestido rosado ni gatos. Desesperada por cambiar la reputación de la escuela, Hope Haddon (Jemima Kirke) implementa un nuevo programa de (no) Educación Sexual y planea una nueva identidad para la secundaria Moordale. Para esto se valdrá del apoyo de Viv (Chinenye Ezeudu), a quien su nuevo cargo de presidenta de la clase la enfrentará con su amigo Jackson (Kedar Williams-Stirling), quien a su vez atraviesa un crush que le hace replantearse varias cosas.

Mientras tanto, el resto de los personajes lidian como pueden con los cambios y con sus vidas sentimentales. Ola y Lily intentan llegar a un acuerdo sobre sus prácticas sexuales; Otis y Maeve siguen en su eterno ida y vuelta mientras salen con otras personas y Jakob y Jean deben navegar un embarazo geriátrico, a la vez que buscan cierta estabilidad familiar. 

Y después están Adam y Eric. Tras un polémico giro al final de la temporada, los encontramos buscando la manera de hacer funcionar su relación públicamente y descubriéndose sexualmente. Como viene pasando desde la primera temporada, Eric (Ncuti Gatwa) se come la serie. Definitivamente plantado en su identidad y más desclosetado que nunca, un viaje a Nigeria a visitar a su familia lo enfrenta a la realidad de la comunidad LGBTQ+ en otras partes del mundo y los resquicios que este colectivo ha encontrado para expresarse. Sin embargo, la revelación de la temporada es Adam (Connor Swindells). En el primer capítulo lo vemos todavía incómodo en su nueva pareja, agresivo y poco comunicativo con el mundo exterior. A lo largo de la temporada se va dando una evolución lenta pero perceptible en su sensibilidad, gracias a su relación con Eric, pero también a la ruptura con las expectativas de su padre. 

Otro personaje que se roba las miradas y pasa al frente es Ruby. Mimi Keene nos deleita desarmando la caricatura para mostrarnos la verdadera cara de la clásica chica linda y popular. Ruby se convierte en un personaje vulnerable, pero también lleno de fortaleza, con un trasfondo trágico que lleva con absoluta dignidad. En esta temporada la vemos abandonar una a una sus defensas y abrirse paso tras la decepción, pero también vemos evolucionar su relación con sus amigos, que pasan de ser meros secuaces para convertirse en refugio. Ella, Olivia y Anwar desmantelan otro clásico estereotipo del género: el del grupo de chicos populares y mimados al que no los une el amor sino el espanto por sus compañeros de castas inferiores. 

Esta es tal vez la temporada más coral de la serie y también la más llena de matices. Hasta los personajes menos carismáticos se nos presentan tridimensionales (incluyendo a Mr. Groff, que tiene un par de escenas sencillamente entrañables), y ningún tema es abordado de forma tajante. Y quizás lo más importante de todo, lo hace sin bajar línea. En plena cultura de la cancelación, nada sería más fácil que presentarnos al novio que no quiere usar preservativo como un villano despreciable: pero la serie elige resolverlo de otra manera. “Mi novio es un forro”, dice Olivia, “pero todavía lo amo”. Y vuelve a su casa, habla con él y le explica sus términos y deseos. Lo mismo ocurre con Jackson y sus dificultad por momentos para entender a Cal (Dua Saleh), un nuevo personaje no binario.

Otis y Maeve se corren un poco del foco para permitirnos conocer más otros personajes. Por supuesto que están ahí, de fondo, porque todos los queremos ver juntos, pero está claro que no sintonizamos Sex Education para ver otro romance cisheterosexual. Y por eso nos resulta tan comprensible que sus propios compañeros se olviden de ellos en una estación de servicio. 

Quizás la mejor temporada hasta el momento, nos deja la vara muy alta para una cuarta (y posiblemente última) temporada. Los personajes se encuentran en el último año de la secundaria, listos para dejar atrás la adolescencia y aventurarse en el mundo adulto. Sex Education no solo hace honor a su nombre, sino que lo hace entregándonos contenido de calidad y posicionándose, nuevamente, entre las mejores producciones originales de Netflix

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