Atención: Esta nota está basada en los cinco primeros episodios de la tercera temporada y contiene spoilers de la primera y segunda entrega. 

Intentar explicar Servant (2019-) es un trabajo muy complicado, si no se ha visto ninguna de las temporadas anteriores. Se trata de una historia claustrofóbica que va mutando sobre sí misma e intercambiando géneros a medida que adentra al espectador en lo más profundo de la trama.

La creación de Tony Basgallop (Inside Men, What Remains), con la mística de su productor ejecutivo, M. Night Shyamalan (Sexto Sentido, Señales), ha dejado atrás en esta tercera entrega gran parte de la fantasía tenebrosa de las temporadas anteriores, para devenir en una especie de thriller de suspenso con ritmo de slasher, pero sin asesino. Sin embargo, todo indica que esos pequeños destellos de un poder sobrenatural que ha ido demostrando el personaje de Leanne (Nell Tiger Free), va a terminar aflorando a lo largo de esta nueva entrega.

Mientras la primera temporada tenía como columna vertebral la misión de no permitir que Dorothy (Lauren Ambrose), descubra que había asesinado a su hijo y que el nuevo Jericho era un inexplicable y misterioso obsequio de su nueva niñera Leanne, y la segunda entrega se centraba en recuperar al bebe ajeno secuestrado por la secta de la Iglesia de los Pequeños Santos, Servant 3 hace foco en la paranoia de la joven niñera y el constante temor de que su familia anterior vuelva a buscarla y se cobre venganza por sus actos reclamando lo que consideran suyo: Jericho.

Los tonos como recurso narrativo

Una de las particularidades más notorias de esta tercera parte es la estética, tanto visual como argumental, en los arcos de cada personaje. Por un lado, la casa de los Turner deja de ser el único escenario atado a la historia, ahora las puertas de la morada se abren y la calle, el barrio y los vecinos cobran un gran peso en el desarrollo de la trama.

Esto hace que cualquiera sea un potencial agresor, lo que lleva a Leanne a desconfiar de cuanta persona se cruza por sus vidas, desatando una serie de situaciones con las que la serie, maravillosamente, genera una tensión constante a la expectativa del posible peligro. La relación entre la audiencia y la mente perturbada del personaje de Tiger Free es clave en la construcción del argumento.

Paradójicamente, esta nueva entrega nos presenta personajes mucho más luminosos a primera vista. La transformación más notoria es la de Leanne, que ha cambiado sus clásicas vestimentas oscuras y conservadoras por una ropa más de estilo juvenil y colorida, confirmando que ha dejado atrás su antigua vida. 

Por otro lado, mientras Julian, interpretado por Rupert Grint (Harry Potter), ha dejado el alcohol y las drogas, Dorothy y Ben (Toby Kebbell), intentan recuperar sus vidas y volver a la rutina familiar.

Las nuevas relaciones

Después de los hechos vistos en las temporadas anteriores, sería difícil pensar que la relación entre los Turner y la joven Leanne podría arreglarse. Sin embargo, en el mundo gobernado por las reglas de Shyamalan no resulta tan extraño y hasta puede llegar a parecer lógico que la familia haya decidido cobijar a la joven adolescente como parte de su clan y contenerla para que también pueda seguir adelante.

Basgallop y Shyamalan apuestan una vez más por el uso de planos íntimos para construir la atmósfera. La psicología retorcida de los personajes, mezclada en un entorno de aparente alegría y normalidad en el que son presentados a raíz de la incesante búsqueda de normalidad que emprenden, crea un ambiente psicótico que parece estar a punto de explotar segundo a segundo.

Se trata, quizás, de una de las mejores producciones de M. Night Shyamalan. Su complejidad y suspenso, mezcladas con las pinceladas de terror psicológico y fantástico, han sabido convertirla en una de las series más exitosas de la plataforma de la manzana. Todo esto, en parte, gracias al elenco protagónico, en el que cada intérprete logra plasmar las personalidades tóxicas, obsesivas y psicóticas que la historia pretende.

Otra constante que se repite en Servant 3 es su capacidad de mantener la ambigüedad en todos sus arcos. Si hubiera que elegir un antagonista, sería prácticamente imposible, ya que todos los personajes han hecho cosas aberrantes y son culpables de algo en algún punto de la trama. 

Esta nueva entrega sigue manteniendo el suspenso que la audiencia espera, aunque se permite -gracias al éxito que viene manteniendo- profundizar en el surrealismo y la confusión para sumar nuevas incógnitas al puzzle psicológico que constituye la historia. 

Desde Apple TV+ ya confirmaron la renovación por una cuarta temporada, que culmina la historia que logró desencasillar a Rupert Grint después de finalizar la saga de Harry Potter (2001-2011).

A partir de hoy se encuentra disponible el primer episodio de la tercera temporada, con capítulos estreno cada viernes en la plataforma de la manzana.

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