La fórmula de Our Flag Means Death (2021-) es simple. Tomando hechos históricos, los ficcionaliza y les da un toque contemporáneo y humorístico. Es así como encontramos que, en este mundo, los escribas redactan fanfiction y las estafas piramidales tienen literalmente esa forma.

Ambientada en 1717, la serie nos presenta a Stede Bonnet (Rhys Darby), un aristócrata inglés que deja a su familia, riquezas y placentera vida en tierra firme para convertirse en corsario, estatus que le otorga el sobrenombre de “el caballero pirata”. A partir de esa premisa, la serie parodia totalmente el concepto, mostrando a un Stede que prefiere resolver conflictos con exagerada educación en vez de la espada, persiguiendo a la par su romantizada idea de aventuras en el mar.

Pasando por todos los estereotipos del género, la serie no le hace asco a derrochar sangre por momentos, balanceando el tono con la más absurda comedia. Sus personajes son caricaturescos y obtusos, un colorido grupo de piratas tan incompetentes como carismáticos y queribles.

Pero Bonnet no es el único filibustero atravesando una crisis de mediana edad. A su nave, el Revenge, la acecha la sombra del temible Barbanegra, personaje interpretado por uno de los productores y directores de la serie, Taika Waititi (Thor Ragnarok, Jojo Rabbit). Luego de años de saqueos y asesinatos, el temido pirata legendario se encuentra cansado y aburrido de la vida repetitiva que lleva.

Stede intriga a Barbanegra inmediatamente y, si bien la naturaleza violenta de este último hace que sus intenciones entren en tensión, es evidente lo que crece entre ambos hombres. Con tan solo ver los primeros episodios, queda muy claro que la serie es una comedia romántica con una representación queer que se expande más allá de sus protagonistas. La sexualidad de los personajes nunca aparece como parte central de las problemáticas que enfrentan, ya que las relaciones entre los mismos podrían sustituirse por la de personajes heterosexuales y esto no cambiaría una sola palabra del guion.

Eso es algo para valorar muchísimo teniendo en cuenta la poca calidad de la representación LGBTQI+ en el mainstream. La misma tiende a reducirse a subtexto o inclusive a queerbaiting, es decir, narrativas que tienen como finalidad enganchar al público con una pareja fuera de la heteronorma, por lo general con insinuaciones que no terminan de concretarse o, si esto sucede, apenas lo hacen en pantalla. Varios ejemplos de esto podemos encontrarlos en series como Sherlock (2010-2017), Supernatural (2005-2020) o, más recientemente, en Killing Eve (2018-2022).

No es poca cosa, además, que uno de sus personajes sea no binario y construido así desde los comienzos de la producción, con el casting de la serie buscando un intérprete que se identifique de esa misma forma. La serie también rompe con el mito de que no se puede hacer comedia cuando se trata de personajes LGBTQI+, ya que lo logra sin caer en la bajeza de perpetuar estereotipos o convirtiendo a la comunidad en el objeto de burla (o, en su defecto, de tragedia).

La dupla neozelandesa conformada por Waititi y Darby, pareja que hace años viene trabajando en conjunto, tiene una química brutal, la cual se trasmite tanto en su humor como su dramatismo y, ante todo, su ternura. Además, la impronta de Waititi en cuestiones narrativas es evidente, el tono de la serie es similar a su interpretación del mito del vampiro en What We Do in the Shadows (2014). Los acompaña un elencazo de comediantes, con muchas caras conocidas de ambos lados del Atlántico. Podemos reconocer desde al afable Ewen Bremner (Spud de Trainspotting) hasta Kristian Nairn (nuestro Hodor de Game of Thrones, pasando por la participación de Will Arnet (BoJack Horseman) o Leslie Jones (Saturday Night Live), entre otros.

Our Flag Means Death no tardó en volverse un fenómeno en redes sociales, con el boca a boca haciendo que se convierta, sorprendentemente, en la serie nueva con mayor respuesta del público de todas las plataformas de streaming en estas últimas cinco semanas consecutivas. Es decir, el estreno con mayor interacción de vistas, descargas o respuesta en redes sociales por parte de sus consumidores. No se entiende entonces por qué, a pesar de la positiva respuesta tanto de parte de la crítica como del público, aún no hay noticias de si tendremos una segunda temporada. Pero a no desesperar, como la sagaz gaviota Karl, mantendremos los ojos en el horizonte mientras esperamos noticias de parte de HBO Max.

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