No Mires Arriba

«NOPE» de Jordan Peele: Un espectáculo sobre el espectáculo mismo

En su película más ambiciosa hasta la fecha, Jordan Peele demuestra una vez más que el entretenimiento y el terror pueden convivir con los subtextos.

por | Ago 26, 2022

Jordan Peele está en el ambiente desde hace mucho, pero recién a partir de su debut en la dirección con Get Out (2017), película por la que ganó el Oscar a Mejor Guion Original, fue conocido masivamente y desde ese momento no paró de superarse. Tiene ahora en su haber tres películas de género originales que han sido éxitos de taquilla, que en los tiempos que corren sabemos que es muchísimo decir.

Aunque asegura que su sueño siempre fue dirigir terror, Jordan Peele viene de la comedia, género que, según cuenta, le enseñó todo lo necesario para sus tres películas. Los dos géneros se apoyan mucho en el manejo del timing, ya sea para una risa o para un susto, y también comparten su finalidad de generar una respuesta física del espectador. No podría estar más de acuerdo con Peele en estas similitudes.

Aún con su corta filmografía, ya se puede distinguir su estilo y, sobre todo, sus preocupaciones. Sus películas están llenas de comentarios sociales, más que nada sobre el racismo, pero también sobre la hipocresía del sueño americano, la industria del entretenimiento y más. 

Not of Planet Earth

Su tercera película, NOPE (2022) que estrenó esta semana en nuestro país, es su largometraje más ambicioso, tanto técnicamente como en la complejidad de sus temáticas. No es coincidencia que sea su película más “espectáculo” cuando justamente es ese su principal concepto a tratar.

Otis Junior (Daniel Kaluuya) y su hermana Emerald (Keke Palmer) son los encargados de continuar el negocio familiar luego de la trágica muerte de su padre. Haywood Ranch se dedica a criar y entrenar caballos para producciones de Hollywood, y su historia se remonta a la primera imagen en movimiento captada por una cámara allá por 1878. El jinete de las conocidas fotografías era nada menos que su tátara-tátara-tatarabuelo, aunque su nombre fue completamente olvidado por los libros de historia.

Keke Palmer y Daniel Kaluuya en Nope

Los hermanos enfrentan dificultades económicas para llevar el negocio adelante ante una industria que se inclina cada vez más por animales generados digitalmente, obligándolos a vender algunos de sus caballos a Ricky “Jupe” Park (Steven Yeun), el dueño de un parque de atracciones a pocos kilómetros de su rancho. 

Monkey Business

Jupe tiene un pasado traumático que vemos a través de flashbacks, y a simple vista parece externo a la trama, pero está intrínsecamente relacionado con el mensaje que Jordan Peele busca transmitir. Cuando era niño, Jupe era parte de una sitcom en cuyo set ocurrió una tragedia: el chimpancé y estrella del show enloqueció durante un rodaje y golpeó brutalmente a los actores, asesinando a varios, pero dejando ileso a Jupe. Son escenas terroríficas de ver, filmadas prodigiosamente por Peele

Otis y Emerald, por su parte, empiezan a ver objetos voladores no identificados en el cielo, por lo que deciden comprar cámaras para registrarlo, y para eso contratan a Angel (Brandon Perea), un técnico entusiasta y conspiranoico que resulta uno de los personajes más carismáticos y divertidos del film.

Show must go on

Esta es una película sobre nuestra adicción al espectáculo, a registrar a través de imágenes todo lo que vemos para hacerlo efectivamente real, aún cuando ese espectáculo sea un trauma para alguien, a veces el propio. Hay algo en “disminuir la velocidad para observar el accidente al lado de la ruta” que Peele busca retratar. Además, nos muestra el daño que representa consumir ese tipo de “espectáculo” -o contenido, podríamos llamarlo ahora- porque al mismo tiempo nos consume a nosotros, y en esa guerra de miradas, todos perdemos. 

Gracias a conocer el comportamiento de los animales, Otis se da cuenta de que si no mirás a la criatura extraterrestre a los ojos, no te hace daño. Podrían hacerse muchas interpretaciones sobre lo que representa el monstruo (que en la película llaman “el espectador”), pero todo gira en torno a la adicción al consumo de imágenes, a cómo se producen esas imágenes y a las consecuencias de no filtrar lo que miramos.

Daniel Kaluuya en Nope

No es casual que el personaje de Michael Wincott, un director de fotografía, sea un jugador clave en el tercer acto. Peele quiere incluir también a esos artistas cuyo máximo deseo es lograr esa “toma imposible” y que darían su vida por un plano en la hora mágica.

Ni héroes ni villanos

Me parece fascinante que Peele no despoje ni siquiera a sus protagonistas, personajes súper entrañables con los que empatizamos instantáneamente, de esta adicción. Ante la aparición del OVNI, quieren filmarlo antes que destruirlo, porque saben que con esas imágenes lograrán la fortuna y reconocimiento que tanto desean y que a su familia tanto le deben.

También hay una capa de comentario sobre la explotación, tanto de las situaciones traumáticas y morbosas, como de los animales (los caballos y el chimpancé de la sitcom son claros ejemplos) y la arrogancia del hombre que cree poder controlarlos. Jupe intenta hacerlo hasta con el monstruo extraterrestre.

Visualmente es una película bellísima, donde Peele demuestra con su balance de los tonos y con los movimientos de cámara en los paneos del cielo, un manejo completo del lenguaje cinematográfico. La fotografía está a cargo de Hoyte van Hoytema, habitual colaborador de Christopher Nolan y, por lo tanto, acostumbrado al uso de las cámaras IMAX que se utilizaron para varias de las secuencias de esta película.

Al igual que sus dos anteriores trabajos, Nope es -además de una película muy entretenida- una que te invita a pensar y desentrañarla, y que seguramente mejore aún más viéndola una segunda vez.

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