La caricatura del mal

«Monster: The Ed Gein Story»: la romantización fetiche y vulgar de un asesino

Basada en hechos reales, la nueva serie de Ryan Murphy intenta explorar la psicología de Ed Gein, pero se rinde al morbo innecesario.

por | Oct 3, 2025


La nueva entrega de Monster (2022-) de Ryan Murphy, enfrenta un dilema complejo: narrar la historia de Ed Gein (Charlie Hunnam) sin convertirlo en un héroe trágico ni en un objeto de compasión. A lo largo de ocho episodios, la serie navega entre estos extremos sin anclar un tono claro. Tras explorar casos mediáticos como los de Jeffrey Dahmer y los hermanos Menéndez, Murphy y Brennan centran ahora la atención en el Carnicero de Plainfield, cuyo historial de asesinatos y necrofilia sigue fascinando al público. La serie ofrece la oportunidad de examinar uno de los perfiles criminales más perturbadores de Estados Unidos, pero su enfoque vacila entre la reconstrucción factual y la exageración dramática.

Ed Gein no es un personaje que se pueda analizar solo desde su historial criminal; su figura forma parte de la construcción cultural del terror. Películas icónicas como Psycho (1960), The Texas Chain Saw Massacre (1974) o The Silence of the Lambs (1991) ya tomaron prestados elementos de sus crímenes. Estas reinterpretaciones muestran cómo el cine ha convertido al asesino en símbolo de una violencia extrema, a veces explorando su psicología, otras exagerando su monstruosidad. Gein se vuelve así un referente de la fascinación pública por el mal absoluto, un ícono que trasciende los hechos concretos de su vida.

Charlie Hunnam como Ed Gein.

La violencia como un caso de estudio frívolo

El asesino en serie se establece en la cultura popular como un enigma que exige ser resuelto. Gein representa más que terror: es un ejemplo de violencia sistemática y aislamiento social que dejó una huella en la criminología contemporánea. La serie intenta mostrar cómo sus traumas familiares, especialmente la relación tóxica con su madre Augusta (Laurie Metcalf), moldearon su conducta. El horror que encarna no surge de un momento aislado, sino de décadas de represión, obsesiones y una necesidad de control que culmina en actos de brutalidad extrema.

Monster: The Ed Gein Story retrata la vida del hombre detrás del mito. En la granja familiar de Wisconsin, Ed realiza tareas rutinarias, mientras su madre Augusta lo controla con una mezcla de fanatismo religioso y crueldad emocional. Tras la muerte de ella, Ed inicia un vínculo con Adeline Watkins (Suzanna Son), lo que lo acerca a sus primeros crímenes documentados. La serie se esfuerza por mostrar su cotidianidad y su progresión hacia la violencia, pero en ocasiones se siente más interesada en los paralelos con iconos del cine de terror, como Alfred Hitchcock (Tom Hollander, terriblemente caracterizado) y la figura de Norman Bates.

Laurie Metcalf como Augusta, madre de Ed Gein (Charlie Hunnam).

Pero de nuevo y en lo que parece ya un hábito malsano en las producciones de Ryan Murphy, el guión se enfoca en construir el mito de Ed Gein como el de un hombre retorcido pero con un claro atractivo seductor. Un tema que subyace incluso en los puntos más tenebrosos e incómodos de la serie, que incluyen descripciones gráficas de sus impulsos sexuales por los cadáveres que deja a su paso o una devoción enfermiza y claramente erótica por su madre.

La serie se afana por intentar ser constructiva o, al menos, una crónica de eventos más o menos congruente, sin lograrlo. Al final, solo en el cuarto capítulo hace una leve precisión en el componente terrorífico del impulso de Ed por matar. Antes parece que solo avanza en el deseo o en el caso más retorcido, en la búsqueda de identidad de Ed más que en la gravedad de lo que es capaz de hacer.

Como Ed Gein, Charlie Hunnam imita la clásica pose de Leatherface en The Texas Chain Saw Massacre (1974).

Incongruencias y excesos narrativos

El guion presenta problemas evidentes. Episodios como la inclusión de asesinos imitadores — Ted Bundy (John T. O’Brien), Richard Speck (Jack Erdie) — y situaciones ficticias, como la interacción entre Ed y Bundy, rompen la coherencia. Además, los episodios finales se extienden sin necesidad, saturando al espectador con imágenes explícitas y repeticiones de sus crímenes. Si bien la intención es mostrar el alcance de su monstruosidad, el exceso de contenido gráfico termina diluyendo el impacto que la historia podría haber tenido si se centrara en la psicología de Gein y su relación con Augusta.

La serie también tropieza al tocar temas críticos. La curiosidad de Gein por la identidad de género de Christine Jorgensen (Alanna Darby) y la inclusión de Richard Speck parecen forzadas y descontextualizadas, acercándose más a la fetichización que a un análisis serio. Estos elementos distraen del núcleo de la historia: la dinámica abusiva y la influencia materna, que debería ser el eje narrativo. Metcalf, como Augusta, es infrautilizada, lo que debilita la relación madre-hijo que podría dar profundidad a la historia. De hecho, a partir del segundo episodio, la tiránica madre de Ed es solo una voz impaciente e impetuosa en off, en un evidente y fallido intento de imitar la forma en que Alfred Hitchcock analizó la voz de la madre de Norman Bates en Psycho.

La relación entre Ed Gein (Charlie Hunnam) y su madre Augusta (Laurie Metcalf) queda opacada por la fetichización de la violencia.

A pesar de sus fallos, Hunnam y Metcalf logran actuaciones convincentes que aportan intensidad y gravedad al relato. La ambientación de Wisconsin en los años 50, con sus paisajes nevados y tonos sombríos, refuerza la atmósfera de cine negro que la serie intenta capturar. Sin embargo, el exceso de imágenes grotescas y referencias externas termina erosionando la narrativa central. Monster: The Ed Gein Story plantea preguntas sobre nuestra obsesión con lo indecible, pero no consigue ofrecer una respuesta clara, dejando al público atrapado entre fascinación y repulsión.

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