Verdades mentirosas

FUBAR: La nueva serie de Netflix no tiene la culpa de ser tan adorable y mediocre

Protagonizada por Arnold Schwarzenegger, la serie no pretende ser otra cosa que diversión nostálgica, y un homenaje sincero y cariñoso a su estrella.

por | Jun 1, 2023

FUBAR: La nueva serie de Netflix no tiene la culpa de ser tan adorable y mediocre

Luke Brunner (Arnold Schwarzenegger) tiene un trabajo peligroso. Uno que ocultó por más de treinta años, a su familia. Pero también, tiene la extraña convicción de que valió la pena. Como un agente de la CIA encubierto, ha mantenido la paz en el mundo Occidental de las maneras más curiosas y al final, a fuerza bruta. Todo, mientras fuma con satisfacción un habano y conduce a toda velocidad mientras huye de una explosión.

Sin duda, la premisa de la serie FUBAR (2023-) de Netflix, no puede tomarse en serio. De hecho, la producción tiene el aire autoparódico y bonachón de varias de las cintas que Schwarzenegger protagonizó en su etapa de experimentación en la comedia.

Luke tiene un más que sospechoso parecido con el Harry Tasker de True Lies (1994), del director James Cameron. Ambos llevan sobre los hombros las responsabilidades de un oficio peligroso y también, de fingir ser un aburrido padre de familia. Como si eso no fuera suficiente, tanto el uno como el otro, sabe que su momento de retiro llegó. Al menos, una etapa complicada en que la fina línea entre lo que oculta y lo que puede revelar, desaparece.

Pero mientras Cameron logró crear una tensión divertida, brillante y bien ejecutada, FUBAR es una especie de versión barata y crepuscular del mismo tema. Lo cual no está mal, al comprender que para Schwarzenegger es una despedida más que apropiada a una larga carrera signada por cierto grado de ridículo. El Luke de 65 años (diez menos que la verdadera edad del actor) es una presencia imponente, pero envejecida. Los puntos bajos de su capacidad histriónica son más evidentes que nunca y también, su vena involuntariamente cómica.

El creador Nick Santora hace buen uso de ese elemento y compensa las faltas de ritmo, solidez e incluso coherencia en la narración para jugar con una premisa: ¿Qué ocurre cuando el máximo héroe de acción del cine, solo envejece? 

un tributo afectuoso 

Sin duda, FUBAR pudo ser mejor. Mucho más elegante, con menos problemas de construcción y lugares comunes. Pero en su pequeño espacio de comedia de ocasión, de recorrido por los puntos fuertes y débiles de la sátira, posee una adecuada proporción. La vida de Luke, dividida entre la agencia a la que pertenece y a la vida doméstica que abandonó, es patética por su rasgo realista. Tan simple como el comentario que el personaje deja escapar a su ex mujer, para contar su rutina diaria. “Esa mujer del 6D es tan anciana como yo”. Si True Lies hacía uso de la idea de lo fastuoso de una vida con una identidad a la sombra, FUBAR explora en lo sencillo, con una humildad conmovedora. 

Por supuesto, el punto también radica en su héroe. Luke es un anciano y es inevitable que los achaques de la edad sean obvios. Lo mismo corre para el actor que lo encarna, que se mueve con pesadez, torpeza y toda la apariencia de un anciano en buen estado físico, pero que perdió parte de la agilidad de su juventud. La combinación entre el impensable deterioro físico de Schwarzenegger — que no es evidente, pero si inevitable suponer — hace que FUBAR sea algo más que una producción basada en su fama.

Es, quizás, la despedida del actor a un género y a una forma de comprender su propia figura en el mundo de la acción. Hay un simbolismo inevitable, poderoso y amable, en mostrar a una figura conocida por ser una superpotencia física, como un hombre de la tercera edad, con el rostro pecoso cubierto de arrugas y que no deja de hacer comentarios irónicos sobre su cualidad como anciano.

¿Eso es motivo de chiste o de burla? La línea es muy fina entre ambas cosas, pero FUBAR no la hace borrosa o humillante en ningún momento. Antes que eso, permite a su actor divertirse, decir sus frases icónicas, crear la condición de un hombre falible y además, un buen padre. Porque la serie, más allá de cualquier cosa, es una historia familiar. Pendenciera, mal hilvanada, pero tan entretenida como para ser una despedida a una etapa, una forma convencional de comprender la acción y en especial, a sus símbolos más emblemáticos. 

el adiós y la bienvenida a un hombre querido

A lo largo de todos sus episodios, la serie se hace más absurda y carente de sentido, pero más emocional. En especial, porque Luke encuentra en su hija Emma (Mónica Bárbaro) su reverso y su complemento. Ella, como su padre, logró la proeza de ocultar la verdadera naturaleza de su habilidad y trabajo a su familia entera. De modo que coinciden en un mismo escenario. Ambos son mentirosos, profesionales y con el peso del mundo a cuestas. 

Pero Emma, además, es hija de su padre. El personaje se impacienta y enfurece, pero al final, no deja de ser parte del contexto de un padre que intenta recomponer las cosas. La serie alcanza sus mejores momentos en lo trivial. Como cuando Emma dice una mala palabra en voz alta y papá Luke se apresura a corregirla. 

“Cuida la boca”, dice el Schwarzenegger padre, y no es difícil imaginar que haga lo mismo con sus pequeños en la vida rutinaria. No importa si ambos están en medio de un escenario peligroso o esforzándose por salvar la paz y el sueño norteamericano. En esas escenas, la serie deja entrever con claridad cuál es su cometido. Profundizar en las cosas que hacen realmente importantes a las historias. Y que, por supuesto, poco tiene que ver con balas, diálogos ridículos o puestas en escenas acartonadas. 

¿Es FUBAR una mala serie? Definirla de manera tan sencilla es desconocer que, en ocasiones, los productos emocionales son mucho más que un recorrido por una producción impecable. También se trata del carisma, el amor y la construcción de sus personajes. Algo de lo que la serie de Netflix lleva una carga relevante y es su mayor reclamo. ¿Eso es suficiente para brindar consistencia a la producción? Tal vez no, pero sin duda es un buen comienzo. 

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